Análisis: L.A Noire

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Rockstar ya ha demostrado que lo suyo son las grandes producciones. Esta generación es buena prueba de ello, consolidando su trabajo en la industria con superventas como GTA IV y Red Dead Redemption que, además de presumir de una factura técnica envidiable, han procurado en mayor o menor medida aportar algo más al género al que pertenecen.

El juego que hoy nos ocupa no es un sandbox al uso como los títulos que acabo de mencionar. Es cierto que la ciudad es inmensa y la libertad de movimiento estará presente en todo momento. Sin embargo sus objetivos no son los mismos que en las aventuras de Niko Bellic y John Marston, ya que desde un primer momento podemos apreciar que apuesta por un estilo de juego más pausado, con menos acción y prestando una mayor atención a los detalles. ¿Esto es malo? En absoluto, simplemente diferente a lo que estamos acostumbrados, pero vayamos por partes.

El protagonista del juego L.A. Noire es un joven agente del Departamento de Policía llamado Cole Phelps, un veterano de guerra que, aunque se muestra reacio a hablar de su etapa como militar, utiliza sus habilidades al servicio de la ley. A lo largo de la historia iremos viviendo su ascensión en el cuerpo, comenzando de patrullero y pasando por Tráfico, Homicidios o Antivicio, enfrentándose a casos de distinta índole y cada vez más complejos. Completarlos con éxito será, sin duda, el gran reto para el jugador.

Una vez nos encontremos en la escena del crimen deberemos recorrer el escenario en busca de pistas analizando detenidamente todos los elementos que nos encontremos como cigarrillos, huellas o revólveres abandonados. Algunos de ellos nos serán de ayuda, otros no, pero deberemos tener cuidado de encontrarlo todo si queremos finalizar nuestra investigación con la máxima puntuación. De hecho, una vez tengamos un objeto en la mano, tendremos la posibilidad de examinarlo con detalle girando el stick para darlo la vuelta hasta encontrar aquello que estamos buscando. Todo lo que sea digno de recordar será apuntado en una libreta que se convertirá en nuestra mejor amiga y a la que podremos recurrir si olvidamos algo o si necesitamos revisar el testimonio de un testigo de cara a un futuro interrogatorio.

Este es, de hecho, el punto fuerte del juego. Y es que sacar información a un sospechoso puede resultar todo un desafío que pondrá a prueba nuestra memoria, intuición y capacidad de observación. Gracias a unas animaciones faciales logradas a través del trabajo real de actores y que marcará un antes y un después en la forma de realizar videojuegos, deberemos decidir si alguien nos está mintiendo o está diciendo la verdad, lo cual seleccionaremos en el momento apropiado pulsando uno de los tres botones disponibles -verdad, mentira o duda-. Si sus ojos evitan nuestra mirada o muestran un determinado tic nervioso deberemos presionarlos y utilizar todas las pistas halladas para lograr una confesión.

Como podéis imaginar, en estos instantes es cuando las referencias al cine tienen mucho que decir, pues L.A. Noire está tratado en todo momento como si de una película de cine negro se tratara sin descuidar, eso sí, la jugabilidad al servicio de la diversión.

La excelente ambientación de la que hace gala el juego ayuda enormemente a la inmersión en él. La ciudad de Los Ángeles de los años 40 está recreada con todo lujo de detalle, desde la cartelería, los locales, la ropa de los transeúntes, cortes de pelo, el maquillaje de las chicas… un trabajo admirable por parte de los desarrolladores que han llevado a cabo un trabajo de documentación pocas veces visto. Mención aparte merece la banda sonora, uno de los platos fuertes del título y que cuenta con diversas melodías bien reconocibles, que se ajustan perfectamente a la época en la que sucede la acción y que enfatizan las secuencias dotándolas de calma o suspense según sea necesario.

Aunque hemos hablado de toda la parte de investigación, no significa que en la vida diaria de un agente de la ley no haya sitio para la acción. También la hay, y entre caso y caso tendremos que acudir a ayudar en algunos tiroteos, reducir a delincuentes usando nuestros puños e incluso participar en persecuciones en coche, varias de ellas realmente trepidantes. El sistema de combate es simple y no aporta nada nuevo, pero es efectivo e incluye las coberturas marca de la casa. Los vehículos, por su parte, responden bien a los controles y serán fundamentales para movernos de un lugar a otro.

A nivel técnico el juego luce muy bien, especialmente en los interiores por la cantidad de detalles y en los personajes, que como hemos dicho cuentan con los rostros más reales que podemos encontrar en el catálogo actual. Se echa en falta algo más de movimiento en la ciudad, que resulta algo escaso en los momentos de exploración en los que también aparece el molesto poping y leves caídas en el frame rate cuando tomamos velocidad y se concentran varios elementos en pantalla. Son fallos de optimización que están ahí pero que no pueden empeñar el elevado nivel que raya esta producción, con unas animaciones de lujo integradas en el juego en todo momento (las cinemáticas están hechas con el propio motor) y un tratamiento de la luz notable.

Decir también que las voces son excelentes aunque en inglés, contando eso sí con subtítulos que solo serán un poco molestos cuando tengamos que leerlos mientras conducimos con nuestro compañero. La duración del juego es considerable especialmente si queremos completarlo al cien por cien coleccionando todos los rollos de película ocultos, localizando todos los automóviles y lugares de interés de la ciudad, aunque el verdadero reto es solucionar todos los casos con la máxima puntuación. También existen misiones secundarias que apoyan una trama principal que sin lugar a dudas va de menos a más. Una vez se finaliza el juego se pone en marcha un modo libre con muy pocos alicientes pero que nos permitirá rejugar aquellas partes que nos apetezca.

En conclusión, L.A. Noire es un juego sobresaliente aunque atípico, que coge elementos de los mejores sandbox del mercado sin pretender centrarse en el género y que nos recuerda en ciertos momentos a Heavy Rain no por su estilo de juego, sino por su esencia cinematográfica, su tratamiento de los personajes (merece la pena jugarlo entero para disfrutar de su desenlace) y su obsesión por el detalle. Una apuesta, en definitiva, arriesgada pero que intenta aportar algo y eso es algo que hoy por hoy se necesita como el respirar.

NOTA FINAL: 9

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