No te pierdas: El Ala Oeste de la Casa Blanca

El Ala Oeste de la Casa Blanca (The West Wing) es una serie política que consiguió que millones de personas se engancharan a ella semana tras semana. Recibió todos los premios habidos y por haber en repetidas ocasiones y en las elecciones de 2004 la gente hizo campaña para votar a Jed Bartlet, el presidente en la ficción, en vez de a Bush o Kerry.

Ficha técnica:

Cualquier persona a la que se le recomiende una serie sobre política americana pensaría que el  que lo hace es un pseudointelectual o pretende aparentar que lo es, que una serie con esa descripción es aburrida, una americanada y que no hay por dónde cogerla. Sin embargo El Ala Oeste de la Casa Blanca no es en absoluto aburrida, ni para intelectuales snobs y nada americanada. Te atrapa en los primeros cinco minutos del primer episodio y ya no te suelta hasta el final del episodio 22 de la séptima y última temporada, cuando tú no quieres que te suelte.

Es posible que tardes en pillarla puesto que el primer episodio no empieza, te coloca en mitad de los varios problemas que pueden pasar cualquier día en la Casa Blanca. El presidente no aparece en todo el episodio, se le menciona y se habla de él indirectamente hasta que hace su entrada triunfal después de haber creado expectativas y haberte hecho una composición del personaje a la perfección.

Pero por muy importante, excéntrico y brillante que sea el presidente Joshia “Jed” Bartlet. El Ala Oeste de la Casa Blanca no trata sobre él. Trata sobre la gente que trabaja en esa parte del edificio. Para empezar Leo McGarry  el hombre que consiguió que Bartlet fuera presidente. Cómo olvidar esa servilleta “Bartlet for America” y ese slogan “Let Bartlet be Bartlet” (Dejar que Bartlet sea Bartlet). Para continuar el ayudante de Leo, Josh Lyman  quién en palabras del presidente “quiere ser el tipo con el que el jefe cuenta” y el malhumorado y brillante Toby Ziegler y el divertido y talentoso Sam Seaborn, quienes escriben esos magníficos discursos al presidente. Además está la increíble C.J Cregg que con humor, inteligencia y buenas maneras tiene a la prensa comiendo de su mano. Y por supuesto Charlie Young, el hombre del presidente, quién llega antes y se va más tarde del edificio y tiene que lidiar con un presidente a quien le cuesta mucho salir de la cama. Sin olvidarnos de las ayudantes, en especial Donna Moss y la Señora Landingham.

Con El Ala Oeste aprendías y ni siquiera te dabas cuenta. Trataba puntos poco conocidos de la constitución americana “Veinticinco” (4.23), de las reglas del congreso y senado “El Filibustero Stackhouse” (2.17), política interior y a veces exterior americana “La Guerra en Casa” (2.14) y situaciones internas de la Casa Blanca “Los locos y estas mujeres” (1.05). Sus guiones eran larguísimos y sus diálogos rapidísimos, en muy poco tiempo te daban mucha información pero paradójicamente la necesaria. No te trataban como si fueras tonto y cuando explicaban algo no lo metían con pinzas o parecía forzado.

Lo unía con unos personajes ideales, que mostraban como debe ser la gente que trabaja en política. A veces eran brillantes, a veces patéticos,  a veces erraban y muchas acertaban, pero siempre eran perfectos. Sabías como eran los personajes por sus acciones y por comentarios que parecían nimios. Querías a todos, y eso que eran bastantes, incluso cuando no estabas de acuerdo con ellos. Cuando discutían o el presidente les echaba broncas te dolía porque a ellos les dolía. Y cuando ganaban, y hacían bromas reías y disfrutabas y te sentías parte del equipo, como en el episodio del debate contra Ritchie “A Ganar” (4.06). Era una serie y unos personajes tan bien hechos que te daban ganas de ser ellos, trabajar como ellos y querer trabajar en la Casa Blanca.

La serie nació de la cabeza del mejor guionista que hay en estos momentos, el maestro Aaron Sorkin. Solo él podía hacer esta serie, convertir algo tan complicado en algo tan delicioso y fácil de ver. El Ala Oeste era un drama con un gran sentido del humor. Soltaba verdades como puños en forma de poesía, no usaba trucos baratos ni clichés, era honesta y sincera. Los guiones de Aaron Sorkin eran tan buenos que cuando dejó la serie al final de la cuarta temporada se notó, aún así la serie no bajó de calidad. Perdió ese sentido del humor y esa forma de expresarse tan característicos de Sorkin, pero se suplió con intensidad y buen hacer.

Uno de los logros de la serie fue que anticipó lo que ocurriría en las elecciones que ganó Obama. Fue como si la realidad hubiera decidido copiar las dos últimas temporadas de El Ala Oeste porque eran demasiado buenas para que no sucedieran. Mientras los republicanos ya tenían a un sólido candidato, el senador Vinick, interpretado por Alan Alda (McCain en la realidad). Los demócratas aún tenían que decidir a su candidato: Hoynes (Tim Matheson) Russell (Gary Cole), Santos (Jimmy Smits), y Baker (Ed O’Neill), Hilary Clinton y Barack Obama en la realidad. “2162 votos” (6.22) es el episodio en el que los demócratas votan a su candidato para las generales. Y después, la dura campaña entre los candidatos de uno y otro partido, Vinick y Santos en la ficción, McCain y Obama en la realidad. De hecho el personaje de Mathew Santos estaba basado en el actual presidente americano.

No podría quedarme solo con un episodio de entre todos. Algunos magníficos son “17 Personas” (2.18) “La Poetisa Laureda de Estados Unidos” (3.16) “Navidad” (2.09), “Las Supremes” (5.17) “Inauguración parte 1 y 2” (4.14 y 4.15) o “Requiem” (7.18) el tributo a John Spencer, actor elegante y trabajador al que todo el mundo quería y que falleció durante el rodaje de la séptima temporada. Los inicios y finales de temporada de El Ala Oeste eran sublimes, por mencionar algunos “¿Qué clase de día ha sido?” (1.22) “A la sombra de dos tiradores I y II” (2.01 y 2.02) “20 horas en América parte 1 y 2” (4.01, 4.02) “Posse Commitatus” (3.22) Y por supuesto “Dos Catedrales” (2.22):

La mayor tomenta en mucho tiempo se acerca a Washington. Todavía hay uno de cada cinco niños en la pobreza.  La secretaria del presidente, con la que llevaba trabajando 22 años, ha fallecido en un accidente de coche, el cual acababa de comprarse. Las tabacaleras están ganando los juicios. Y se acaba de descubrir que el presidente Bartlet mintió al no decir que estaba enfermo de esclerosis múltiple y va a enfrentarse a una investigación del congreso. Ahora la gran pregunta es si se presentará a la reelección, cosa que el equipo no tiene clara. Los mejores minutos finales de una temporada, no solo las interpretaciones o los guiones son buenos. La música, la dirección, la fotografía, el sonido y el montaje de esta serie es sensacional ¿Por qué no te puedes perder El Ala Oeste de la Casa Blanca? Solo ve el video y tendrás la respuesta:

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