‘The Walking Dead’, el precio de la supervivencia

Repasamos el último episodio de la cuarta temporada de ‘The Walking Dead’ ¡¡Cuidado Spoilers!!

“No saben con quién se están metiendo”. Con esta frase lapidaria Rick daba por concluida la cuarta temporada de ‘The Walking Dead’. Una frase contundente y esperanzadora que contrasta con la situación desesperada en la que se encuentra el grupo de supervivientes, encerrados en un vagón de tren en Terminus, ese supuesto oasis en un mundo plagado de caminantes y bandidos que al parecer no les va a dar el descanso que ansían desde la caída de su refugio en la prisión.

La frase ha recordado al final de la segunda temporada, en la que el líder daba un golpe encima de la mesa para decir a sus compañeros que se había acabado la democracia en el grupo, que poco a poco iba disgregándose peligrosamente. Si queréis sobrevivir, aquí se hace lo que yo diga, y a quien no le guste, carretera.

Mucho ha llovido desde entonces. Aunque el futuro sigue siendo descorazonador, desde que abandonaran la granja de Hershel los miembros de la compañía se han endurecido en mil batallas y han forjado unos lazos que, ahora sí, parecen inquebrantables. No se sabe qué quieren hacer con ellos estos nuevos hostiles que se presentaron con piel de cordero y buenas promesas, aunque se intuye. Pero que se preparen porque aquí nadie se va a rendir sin luchar.

En este último capítulo la serie nos ha dado algunos de los instantes que más ansiábamos desde hacía tiempo, como la confesión de Michonne a Carl sobre qué le pasó a su hijo y qué habían hecho sus antaño compañeros de viaje para merecer su odio y la mutilación a la que les sometió. Ojalá más adelante lo amplíen con algún tipo de flashback que nos dé más detalles, pero al menos han quedado claras las razones de esa penitencia que el personaje, uno de los más misteriosos de la serie hasta el momento, parecía arrastrar desde que le conocimos.

También ese arrebato de furia en el que Rick saca su lado más deshumanizado para matar salvajemente al líder de los bandidos a los que acompañó Daryl –que ha vuelto a demostrar su compromiso con sus amigos y cuáles son sus prioridades- para evitar que sus esbirros violaran y mataran a su hijo delante de él antes de hacer lo mismo con el resto. Es el momento en el que se da cuenta en lo que se ha convertido, en el que asume que en momentos desesperados es capaz de hacer cualquier cosa que sea necesaria para proteger a Carl y al resto de sus compañeros, ¿o sería mejor llamarlos familia?

No es la única escena estremecedora que hemos visto en esta segunda mitad de temporada, y seguramente no le llegue a la suela de los zapatos a la decisión final que Carol tuvo que tomar al ver en lo que se había convertido la joven Lizzie, sin duda lo más duro que hemos visto en ‘The Walking Dead’ junto a la reaparición de Sophia -¡qué lejos queda ya!-. Sin embargo, no es la última que veremos, y más cuando la serie parece haber reculado hasta reencontrarse con sus raíces, con personajes disperses por el mapa y esos caminos que parecen no acabar nunca.

De hecho, puede que esta sea la razón de que esta cuarta temporada, con su habitual parón, nos haya dado la impresión de que en realidad han sido dos bien diferenciadas y más breves. La primera, con el fin de la convivencia en la prisión por la obra y gracia del Gobernador, el cual rozó el buen camino durante un par de capítulos en los que nos hicieron creer que un personaje tan profundamente perturbado y sanguinario podría tener redención. Nada más lejos de la realidad, lo cual no quita que quiera desmarcarme de ciertas opiniones negativas para decir que este breve giro fue de lo más interesante.

La segunda, la vuelta a empezar de un reparto mermado que todavía no se ha cansado de esquivar a la muerte. Algunos lo hacen para reencontrarse con los que quieren, como Glenn y Maggie. Otros, porque no han hecho otra cosa en su vida, como Daryl. Y los hay que siguen adelante porque deben, como Rick.

“No saben con quién se están metiendo”. Efectivamente, lo descubrirán dentro de unos meses en una quinta temporada en el que se desvelarán nuevos misterios y esperamos volver a ver a Carol y Tyreese y, por supuesto, a Beth. La serie, por suerte, sigue gozando de buena salud.

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