Juego de tronos: Dos espadas ¿para gobernarlos a todos?

Valar Dohaeris era el leitmotiv de la temporada anterior en Juego de Tronos. El de esta temporada está claro desde el principio: Valar Morghulis. O lo que es lo mismo y en roman paladino: todos los hombres deben morir. ¡Cuidado con los spoilers!

Muy significativa esa primera escena – otra vez antes de los créditos- en la que Tywin Lannister funde Hielo, la gran espada de acero valyrio de los Stark, en dos espadas más pequeñas y ambas en posesión de la Casa Lannister.  Los huargos de Invernalia ya no son la gran amenaza, han perdido a su manada y se ven obligados a sobrevivir en solitario mientras que los leones de la casa Lannister se afianzan en el centro de todo el poder… y de todos los odios. Ya no hay una gran guerra  en curso sino muchas amenazas, latentes. En definitiva: dos espadas más pequeñas.

Y sin embargo la verdadera clave no es otra que lo efímera que va a ser la alegría para los Lannister, una familia herida que debe – y quiere- mantener las apariencias pero en la que nadie es capaz de estar de acuerdo con el de al lado y mucho menos confiar en él. ¿Qué será más problemático el distanciamiento de Cersei respecto a  Jaime o la necesidad de éste de cumplir la promesa que le hizo a Brienne? ¿Quizás el evidente descontento de Shae con Tyrion? ¿O Que Jaime Lannister no parece por la labor de darle el gusto a su padre de irse a gobernar Roca Casterly y abandonar la GuardiaBlanca? Y por si fuera poco, tenemos la inminencia de la boda de Joffrey y Margaery, y ya sabemos todos que estas celebraciones en ‘Juego de Tronos’ como mínimo traen sorpresas.

Esa es la primera espada  la inestabilidad que hay de fondo en los Lannister y a su alrededor, como atestiguan las múltiples menciones a Stannis en el episodio, pese su apariencia de poder absoluto. ¿La segunda espada? La venganza. Así, un nuevo e importante personaje hace su potente aparición en la figura de Oberyn Martell, la víbora roja, un exponente de esas ecuaciones de venganza que impulsan la narrativa de la serie. Y un ciclo se cierra con la pérdida total de la inocencia de Arya- pérdida que comenzó con la decapitación de su padre- cuando mata a Polliver casi haciéndole tragar a punta de espada sus propias palabras en su periplo con el Perro – Nunca será suficientemente reconocido lo mucho que aporta El Perro a ‘Juego de Tronos’ y lo genial que resulta su dúo con Arya-. Ambos Oberyn y Arya están cegados por la necesidad de venganza y ambos orientan ese rencor a una sola familia: Los Lannister.

Casi igual de importante resulta la reaparición de Ser Dontos, un personaje que desapareció de escena a finales de la segunda temporada y que reaparece en sus horas más bajas para darle un colgante a Sansa e intentar resarcirse  él y el honor de su casa. En este caso la serie no ha querido darnos pista alguna sobre lo que podemos esperar de él, pese a que los que hayamos leído lo slibros podamos hacernos una idea de por dónde van los tiros…

Daenerys sigue sumida en esa espiral conquistadora que comenzó en la temporada anterior – por fin vemos un ejército que se pierde en el horizonte- mientras se da cuenta de que sus dragones igual no son tan moldeables como ella pensaba. Y a los Cuervos del Muro se les complican las cosas: los pueblos libres se apelotonan a su puerta y no traen buenas intenciones.

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