El final de ‘Glee’: recordatorio de lo que podría haber sido

‘Glee’ se ha despedido  como debía. Volviendo a los orígenes a aquello que la hizo tan especial en la primera temporada.

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Broadway, la valentía de realmente aceptar las diferencias y de perseguir tus sueños, la ambición de Rachel y la diva interior de Mercedes, utilizar los golpes de la vida para crecer y no para hundirse… Es decir, todos esos elementos que la serie de Ryan Murphy debería haber mantenido durante 6 años y que  sólo ha hecho durante dos y algunos momentos de brillantez dispersos.

Por eso este final es agridulce, porque es magnífico pero a la vez muestra lo que podría haber sido y por desgracia no fue. Gran parte de este buen sabor de boca puede atribuirse a la primera hora de episodio que nos trasladaba de nuevo a 2009, recordando las dudas de Kurt antes de salir del armario ante su padre y el falso tartamudeo de Tina.

Duetos como el de Chris Colfer y Lea Michele cantando Wicked y los magníficos solos de mercedes hacen el resto en una parte del episodio que sabe sortear con soltura el hecho de que  por desgracia ya no contaba con Cory Monteith,  al que rinden un gran homenaje volviendo a emitir el primer ‘Don’t stop believing’ de ‘Glee. El de verdad, el que terminó de convencer a aquellos que vimos el primer episodio de que Glee merecía la pena.

La segunda parte  nos muestra dónde ha acabado cada uno de los alumnos, cuánto han crecido gracias a que no se rindieron pese a tenerlo todo (y a Sue Silvester) en contra. Otra vez ‘Glee‘ vuelve a arrancarnos una lagrimilla recordándonos que es de las cosas pequeñas de donde nacen las grandes y que requiere mucho valor mantenerte fiel a ti mismo (la propia serie no lo ha conseguido en muchas ocasiones) pero que al final el esfuerzo merece la pena.


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‘Glee’ es conocida por cerrar tramas casi antes de empezarlas y eso ha sido un lastre muchas veces durante las 6 temporadas que ha estado en antena, pero  curiosamente ha sido su punto fuerte a la hora de bajar el telón. No hay cliffhangers, nadie se queda sin su final feliz. Todos sabemos que esto no ocurre en la vida real, pero en la vida real la gente tampoco comienza a cantar juntos y perfectamente coreografiados de la nada, ¿verdad?

 

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