Far Cry Primal, ¿una entrega única o un retoque de lo anterior?

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Esa es la pregunta que muchos nos hicimos durante las primeras horas de juego de esta propuesta de Ubisoft, que sigue teniendo muy presente una de sus franquicias estrella más allá de Assassin’s Creed y presumiblemente Watch Dogs. Y es que Far Cry, a diferencia de las anteriores y desde que se estableciese su fórmula actual con su tercera entrega, ha demostrado año tras año una gran solidez en su concepto.

La mezcla de acción y sigilo en vastos entornos donde lidiar con la naturaleza, recoger recursos y hacer frente a numerosos enemigos sigue ahí en Primal, que se esfuerza en no decepcionar a los asiduos de la saga. Pese a todo, el estudio ha tratado de otorgarle una personalidad propia trasladándonos a una época fascinante, la Edad de Piedra, y llevando al extremo ese espíritu de supervivencia que, aunque nos resultará familiar, ha sido enriquecido con elementos de cierta innovación o simplemente con los que se experimentó en el pasado y que han dado un paso adelante para gozar de mayor protagonismo.

¿Es Far Cry Primal una nueva entrega por méritos propios o un exótico skin de las anteriores para deleite de los incondicionales? Pues probablemente un poco de ambas, pero para ello lo mejor es que comparemos sus principales características con las de Far Cry 3 y Far Cry 4.

Una historia a base de pinturas rupestres

No os vamos a engañar, la narrativa no es algo en lo que los responsables del juego hayan puesto especial énfasis, lo cual no es para nada sinónimo de dejadez a la hora de plasmar en pantalla las particularidades de una época tan poco explotada en los videojuegos, al menos a este nivel.

Básicamente nos pondremos en la piel de un cazador de los Wenja, una tribu que tras un viaje lleno de penalidades llega a la magnífica tierra de Oros, tan próspera para asentarse como llena de peligros. La presencia de los Udam, menos desarrollados pero de gran fuerza bruta, y los Izila, amos del fuego, desencadenará en una sangrienta lucha por la supervivencia siempre y cuando Takkar, que así se llama el héroe de esta historia, consiga reagrupar a los suyos.

Por supuesto para lograr construir su nueva aldea y aprender todas las habilidades necesarias para enfrentarse a sus enemigos requerirá la ayuda de diversos personajes de lo más variopintos, tal y como nos tienen acostumbrados los títulos con este sello.

Sayla, una guerrera que conoce muy bien esas tierras y que colecciona las orejas de sus enemigos; Tensay, un chamán capaz de potenciar nuestras fortalezas y detectar las debilidades de nuestros rivales a través de sus brebajes; Jayma, una cazadora tan fanfarrona como eficiente; o Karoosh, un fiero combatiente que vive para la venganza, son algunos de los personajes secundarios con los que interactuaremos frecuentemente. En su mayoría son interesantes y cuentan con escenas muy entretenidas, aunque no se llega a explotar sus tramas individuales tanto como hubiesen merecido.

Algo similar pasa con los indispensables antagonistas, el brutal Ull de los Udam y la cruel Batari, sacerdotisa de los Izila, cuyos intereses chocan con los de los Wenja desatando su ira a cada paso. No tienen el carisma de Vaas o el fantástico Pagan Min de las anteriores entregas de Far Cry, cuyo equilibrio entre el sadismo y el humor era todo un aliciente, pero al menos cuentan con un diseño de altura, de lo mejorcito de un título que en ese aspecto deja el listón muy alto.

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Un mundo abierto como pocos se han visto

Aquí no hablamos del tamaño del mapa, ni de los elementos en pantalla que otorgan vida al conjunto, sino de la sensación de libertad. Far Cry Primal es sin duda la entrega que mejor permite al jugador explorar sin limitaciones, a su ritmo y sumergiéndose en el rico ecosistema del Valle de Oros.

El área que recorrer, que no es mayor a lo visto en Far Cry 3 y Far Cry 4, no tiene barreras naturales como en aquellos, por lo que prácticamente desde el primer momento podremos reconocer el terreno de norte a sur y de este a oeste, si bien es cierto que mientras nuestro personaje no sea lo suficientemente fuerte deberemos tener cuidado con quién o con qué nos cruzamos en nuestro camino.

Precisamente, y aunque se trata de algo muy atractivo, es en este punto en el que hallamos una de las inconsistencias más importantes del título, pues la dificultad de las áreas en las que nos adentramos no está tan bien medida como en anteriores entregas, de modo que habrá que ir con pies de plomo ya que a la hora de asaltar poblados enemigos o realizar diversos encargos corremos el riesgo de adelantarnos a nuestro progreso y hacer frente a situaciones muy desafiantes antes de tiempo. Al menos, en nuestro mapa se nos advertirá de la magnitud de la complejidad de estos retos para que nos hagamos una idea antes de intentarlos.

Por lo demás, no cabe duda de que perderse por los desfiladeros, explorar cuevas laberínticas, atravesar praderas a la carrera o acechar entre los bosques es un verdadero deleite, especialmente por lo agreste de los paisajes potenciados en esta ocasión por la carencia de edificios, carreteras o cualquier otra estructura moderna creada por el hombre.

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Ahora sí, el Señor de las Bestias

No es una novedad el hecho de que en Far Cry nunca hemos tenido del todo claro si éramos el cazador o la presa. Ya fuera en una isla paradisiaca o en el Himalaya, cazar para obtener preciadas pieles o carne para nuestro sustento no evitaba que de vez en cuando un tigre o un oso desplegaran toda su agresividad contra nosotros simplemente porque pasábamos por ahí.

En Far Cry Primal, como cazador, también deberemos acaparar un buen puñado de presas y así hacernos con huesos, grasa animal y varios recursos indispensables para sacar el máximo partido a nuestras armas, abrigarnos del frío del norte, fabricar objetos o mejorar nuestra aldea y las chozas de los cabecillas de la comunidad.

Cazar el enorme mamut o evitar ser la cena del formidable Dientes de Sable son algunos de los grandes retos a los que nos enfrentaremos, sin embargo nuestra comunión con estas bestias será todavía mayor gracias a nuestra genuina capacidad para domarlas, que descubriremos gracias al chamán de nuestra tribu.

Tigres de las cavernas, osos pardos, lobos… todos ellos son susceptibles de convertirse en nuestros compañeros de aventuras si jugamos bien nuestras cartas y logramos atraerlos con cebos y domarlos. De esta manera se convertirán en poderosos aliados que tendrán un papel fundamental en ciertos combates, ya que podremos lanzarlos contra nuestros enemigos aprovechando sus atributos. Por ejemplo, con un jaguar podremos deshacernos de guardias gracias a su sigilo y agilidad, mientras que con un oso cavernario podremos crear el caos en los campamentos enemigos a base de fuerza bruta.

Los animales más poderosos podrán incluso llevarnos sobre su lomo, lo cual es también una ventaja a la hora de recorrer grandes distancias y más teniendo en cuenta que no hay vehículos a nuestra disposición.

No podemos olvidarnos tampoco del búho, uno de nuestros aliados más importantes. Al llamarlo sobrevolará las posiciones enemigas marcando las amenazas –lo que normalmente hacíamos con los prismáticos- e incluso podrá derribar a los guardias menos acorazados o dejar caer panales en determinadas posiciones. Indispensable, por tanto, a la hora de preparar nuestras incursiones.

Ser el Señor de las Bestias es uno de los puntos más interesantes y de mayor relevancia de Far Cry Primal. De hecho, recuerda mucho a ciertos niveles de Far Cry 4 en los que revivíamos la historia de un guerrero que, acompañado por un tigre blanco, debía hacer frente a nauseabundos demonios que habían irrumpido en el hogar de los dioses. Varias mecánicas coinciden con exactitud, especialmente a la hora de indicar a nuestro compañero su siguiente objetivo, aunque para la ocasión se ha querido potenciar debidamente.

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Sin balas pero con un puñado de lanzas

No se ha renunciado ni por un momento a aquello que lleva años gustando de Far Cry. De hecho, es curioso que pese a que se ha retrocedido hasta los 10.000 años antes de Cristo, muchos aspectos siguen encajando como un guante.

Escalar por paredes rocosas gracias a rudimentarios garfios, demostrar nuestra destreza con el arco para acabar con enemigos sigilosamente, utilizar las plantas del entorno para maximizar nuestras capacidades temporalmente… todo sigue ahí sin desentonar un ápice, aunque no nos olvidemos de que se trata de un videojuego y ante todo tiene que resultar divertido. Por esta razón, y aunque se procura guardar un tono realista en el desarrollo de la campaña, encontramos alguna que otra licencia como por ejemplo las bombas explosivas, que aprenderemos de los Izila y que son el equivalente a los cócteles Molotov, o las bombas aguijón, que dejarán a nuestros enemigos a merced de un enjambre de abejas.

En todo caso, nuestro arsenal será más limitado que en otros Far Cry por motivos obvios, aunque nuestras lanzas, garrotes o dagas podrán ir siendo mejoradas paulatinamente para que infrinjan un mayor daño a los enemigos más resistentes.

También hay que mencionar la llamada Visión del cazador, algo muy similar a la visión especial que hemos visto en juegos como Assassin’s Creed, Batman Arkham o Hitman Absolution que destacará aquellos elementos que podremos recolectar, los animales que podremos cazar, los enemigos que abatir o rastros a seguir. Muy útil y recomendable, pues sin ella algunos niveles serían insuperables, aunque en cierto modo estamos ante un juego tan inmersivo y de tanta belleza visual que no podemos evitar pensar que al activarla nos estamos perdiendo parte de su espectacularidad.

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Un apartado técnico que sigue cumpliendo

Es muy meritorio que un motor gráfico con tantos años a sus espaldas siga estando a un nivel tan óptimo. Si, es verdad que ya no sorprende tanto como en su día y que ciertas físicas y algunos efectos como el agua necesitarían ser retocados. Sin embargo, se muestra estable a 30 frames y la iluminación sigue ofreciendo algunos detalles que contribuyen a una ambientación bastante redonda.

Far Cry Primal entra por los ojos y nada de sus gráficos invita a dejar de jugarlo, en parte porque es muy entretenido y porque como ya hemos dicho en lo artístico es estupendo. Pero es que el sonido también juega un papel exquisito, con una banda sonora muy apropiada que mezcla percusión e instrumentos de viento y sobre todo por la gran labor realizada en los diálogos, con esos dialectos primitivos con tanto trabajo detrás, que enfatizan mucho las diferentes escenas y que son un acierto a la hora de trasladarnos a la prehistoria.

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