Mirror’s Edge Catalyst, tan imperfecto como único en su clase

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No hace falta decir que en la industria actual no es nada sencillo encontrar ideas frescas, y mucho menos propuestas que redefinan con éxito alguno de los géneros más saturados y tradicionales, en los que los estudios rara vez apuestan por salirse de la fórmula del éxito que tantos años les ha costado ir determinando.

Si el primer Mirror’s Edge dejó su huella en la comunidad no fue por ser un juego perfecto, de hecho contaba con diversos aspectos que resultaron muy controvertidos. Sin embargo, una puesta en escena con un diseño muy personal y la exploración de mecánicas nunca vistas en un juego de acción en primera persona no le permitieron pasar desapercibido, convirtiéndose en uno de los títulos más revindicados de la pasada generación pese a obtener unas ventas muy modestas.

El regreso de Faith a las pantallas no ha sido fácil, EA no se apresuró a dar luz verde a un nuevo proyecto de la franquicia sin estar segura de que contaba con un firme respaldo de los fans y por supuesto de un estudio capaz de cumplir con las expectativas y pulir todos los fallos del original.

La elección de DICE siempre dio la impresión de ser la correcta, pues además de haber parido a la criatura allá por 2008 su excelente trayectoria en series como Battlefield o su labor en el más reciente Star Wars Battlefront lo convertían en el equipo más indicado para volver a marcar diferencias.

Pues bien, con Catalyst nos han dado una de cal y otra de arena. Sí es cierto que se trata de un juego divertido y que toma buena nota de los errores del pasado con el fin de crear una experiencia mucho más completa y satisfactoria, sin embargo no nos ha sorprendido tanto como en su debut en parte por haber pecado de ser algo conservador con las mecánicas y en general carecer de un poco más de ambición.

Pero vamos por partes. En primer lugar hay que aclarar que estamos ante un título que no es un reboot puro y duro ni una precuela al uso como se había comentado en alguna ocasión. La nueva aventura de Faith, aunque sí es cierto que temporalmente se enmarca antes de los acontecimientos del original, modifica algunos puntos de la historia de la protagonista y de varios personajes secundarios ofreciendo un nuevo punto de partida ideal para aquellos que descubran la franquicia por primera vez. Aquellos que ya la conozcan no encontrarán razón alguna para no disfrutarla plenamente, si bien los más apasionados notarán los cambios realizados.

Pese a todo esto no ha impedido a sus desarrolladores tomar prestado el diseño y gran parte de los elementos con los que se construyó el universo Mirror’s Edge, por lo que la sensación de continuidad es constante. Los rasgos de Faith, la arquitectura de los edificios, esa paleta de colores tan característica en la que destacan los fondos claros y el delineado rojo… todo vuelve a ser como era antes, por lo que correr por las azoteas de la ciudad de Glass evoca cierta sensación de familiaridad.

catalyst-2También se mantiene la premisa argumental del primer juego, ese mundo dominado por las grandes corporaciones ávidas por controlar un pedacito más de una sociedad en la que los runners representan la rebeldía y la esperanza de unos pocos de recuperar la libertad individual que les fue arrebatada. De hecho la trama dará comienzo cuando Faith, la que fuera una de las corredoras más intrépidas de su grupo, sale de prisión afligida por una deuda del pasado que deberá saldar. Además, su vuelta a la acción la llevará a descubrir los más oscuros secretos de Reflection, una empresa que aspira a hacerse con el control de los ciudadanos con una nueva y aterradora tecnología.

La campaña principal, de algo menos de ocho horas, no da tregua alguna y contará con algunos giros interesantes en un guión de lo más correcto aunque por momentos falto de chispa. También encontramos algún que otro agujero en la narrativa, aunque se debe más a los planes de futuro de la saga que a un descuido de sus responsables. Por ejemplo, los motivos por los que Faith acabó encerrada se cuentan en un cómic publicado a modo de precuela, mientras que la conclusión del juego, si bien cierra adecuadamente el arco argumental, deja algunos cabos sueltos que podrían dar lugar a una continuación.

Pero para llegar a ese final primero deberemos dominar el sistema de juego de Mirror’s Edge Catalyst, en el que como no podía ser de otra manera el parkour y el combate cuerpo a cuerpo vuelven a ser fundamentales. Como ya ocurría en el pasado, se requerirán algunas horas para acostumbrarnos a los controles y así realizar las diferentes acciones con rapidez y fluidez. Saltar, rodar por el suelo en la caída para no hacernos daño, deslizarnos, superar obstáculos, correr por las paredes… son movimientos que no pararemos de practicar, al igual que romper la guardia de nuestros enemigos con una patada certera, caer sobre ellos para reducirlos, esquivar sus embestidas o ejecutar los diversos combos de ataque.

Prácticamente todo esto lo podremos hacer con el buen uso de la cruceta y los gatillos superiores e inferiores. Es un sistema mejor resuelto y más intuitivo que el del primer Mirror’s Edge, además de algo más simplificado. Funciona, y la curva de aprendizaje es tan progresiva que pronto nos sorprenderemos ejecutando acciones encadenadas como saltar de plataforma en plataforma girándonos en el aire antes de darnos impulso o evadiéndonos de los disparos de las torretas por pasillos llenos de impedimentos.

La sensación de verticalidad se incrementa dada la posibilidad de utilizar tirolinas para cubrir grandes distancias o algunos gadgets como un garfio para ascender a cornisas a priori inalcanzables o balancearnos, así como un dispositivo para cortocircuitar elementos del escenario como ventiladores.

Cabe decir que en esta ocasión las armas de fuego han quedado totalmente vetadas, y aunque nuestros enemigos tratarán de abatirnos con ellas nosotros dispondremos de los recursos suficientes como para superarlos sin tener que robar un fusil y disparar el gatillo. Un gran acierto, no cabe duda, pues ya se dijo en su momento que este tipo de mecánicas no encajaban con el espíritu de la saga y no estaban demasiado bien implementadas.

catalyst-3Más discutida ha sido la creación del mundo abierto por el que ahora nos moveremos para acceder a las diferentes misiones y encargos. Aunque sus dimensiones son bastante más limitadas que otros títulos que basan gran parte de su atractivo en el sandbox y tal vez aporte un ritmo más pausado del esperado, dar la posibilidad de explorar las azoteas de Glass sí es una buena decisión, que aporta valor al juego y le da mucha más variedad. Se ve como algo lógico, te permite practicar los movimientos antes de asumir grandes riesgos y potencia mucho más la duración y la rejugabilidad, pues en cualquier rincón del mapa puede haber un coleccionable, una carrera con la que mejorar tus tiempos en la que el camino marcado no suele ser el más rápido o el encargo de algún ciudadano. Cabe decir que se han incluido algunas funciones sociales con las que picarnos con otros miembros de la comunidad con el fin de batir las marcas logradas.

Algunos de los personajes secundarios que conoceremos a lo largo de la aventura tendrán su propia guarida desde la que nos mandarán misiones secundarias. También deberemos tener cuidado con las cámaras de seguridad, enfrentarnos a las patrullas siempre que la ocasión lo requiera y huir de las fuerzas del orden cuando nos localicen.

Como veis, se trata de un modo que encaja perfectamente con las mecánicas de Mirror’s Edge, y que como ocurre en las misiones principales podemos desenvolvernos con la ayuda de un guiado que impedirá que nos perdamos. Si el jugador prefiere sumergirse totalmente en la experiencia puede prescindir de cualquier ayuda, lo que supone un desafío extra que muchos encontrarán ciertamente gratificante.

Lamentablemente lo entretenida que resulta la exploración urbana y la parte más acrobática del juego contrasta con el combate. No sólo porque peque de simplista, sino porque la inteligencia artificial de los enemigos no ha sido nada cuidada. Es fácil ver a varios adversarios entorpeciéndose los unos a los otros o atacando sin coordinación y de uno en uno. Por si fuera poco, hay muy pocos tipos de guardias y cada uno de ellos, incluso los más resistentes, hacen gala de unas mecánicas tan repetitivas y artificiales que al final acabaremos resolviendo los combates de la misma manera.

A nivel técnico Catalyst también nos deja luces y sombras. Nos encontramos en un mundo que entra por los ojos, aunque a veces tengamos la sensación de que es más el resultado de un gran diseño que de un uso excepcional del motor gráfico, que luce mucho más impresionante en otros títulos de EA. Algunas veces explorando los escenarios el tratamiento de la iluminación y el detalle en ciertas superficies nos entusiasma mientras que otras la baja calidad de ciertas texturas nos ha alarmado, pues empobrecen el conjunto. Ocurre lo mismo con las animaciones, pues algunas de las de la protagonista son muy destacables mientras que las de nuestros compañeros y las de los enemigos suelen ser un tanto ortopédicas.

Una lástima que, una vez más, a Mirror’s Edge no se le haya sacado el máximo partido. Tal vez con un desarrollo más largo o con un poco más de confianza en el proyecto se hubiera obtenido un juego mucho más redondo. Eso sí, se aprecian importantes mejoras respecto a su antecesor y en definitiva es realmente ameno de jugar.

A día de hoy, encontrar un juego con tanta personalidad y en el que se prescinda de avanzar a base de disparar es una gran noticia y merece tenerse en consideración. Si las ventas acompañan, ojalá volvamos a tener noticias de Faith muy pronto con ese empujón definitivo que de la solidez a la saga que todos esperamos.

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