Adiós a John Hurt, puro talento británico al servicio del cine y la televisión

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Todo actor sueña con dejar su huella en el cine. Hay intérpretes con cualidades interpretativas tan colosales que logran cuajar una filmografía repleta de grandes títulos y personajes para el recuerdo, mientras que otros en cambio deben conformarse con protagonizar una simple escena tan icónica que les garantizará ser recordados por las sucesivas generaciones de cinéfilos, en cuyo imaginario colectivo reposará su eterno legado.

Sir John Hurt, a lo largo de su dilatada trayectoria, logró posicionarse en ambos extremos. Sí, no hay un amante de la ciencia ficción en este planeta que no reconozca al instante sus fingidos espasmos de dolor cuando, a bordo de la Nostromo, amargó la comida al resto de tripulantes dando a luz un monstruo que se abriría paso entre sus costillas para marcar por siempre un género que le debe mucho.

Sin embargo, sería injusto relegar la espléndida labor del actor británico frente a las cámaras a unos pocos segundos, aunque sean tan magistrales como los filmados por Ridley Scott. Hurt era mucho más, un intérprete excepcional que fue fiel reflejo de la grandeza de una casta que hoy nos parece irrepetible y en la que se cuentan nombres como Peter O’Toole, Oliver Reed o Alec Guinness.

Nos ha dejado a los 77 años de edad víctima de un cáncer de páncreas, fruto de unos excesos con el alcohol que había dejado atrás hacía mucho, y que le había sido diagnosticado en 2015 obligándole a renunciar con gran pesar a ponerse de nuevo sobre las tablas.

Repasar su carrera cinematográfica implica hablar de El expreso de medianoche (1978), película de culto que le valió un Globo de Oro y una nominación al Oscar por su papel de heroinómano encarcelado en aquella infame prisión turca, y de El hombre elefante (1980), la obra maestra de David Lynch en la que se transformaba, después de 12 agotadoras horas de maquillaje, en aquel ser deforme y lleno de dulzura y melancolía que servía como base para un estudio de la conciencia humana como pocos se han dado en el celuloide.

“Todo me interesa”, afirmaba Hurt que nunca despreció cada nueva oportunidad de embarcarse en filmes arriesgados y muy dispares. Su presencia en el género de la ciencia ficción fue muy acusado, en cintas como 1984, la ya mencionada Alien, el octavo pasajero, V de Vendetta o ese filme de culto contemporáneo llamado Rompenieves.

También lo vimos en papeles de época –Rob Roy-, en el cine más comercial –Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal– y en el de corte fantástico con sus apariciones en el Hellboy de Guillermo del Toro y sobre todo en la saga de Harry Potter, encarnando al vendedor de varitas Garrick Ollivander, un personaje muy querido entre los aficionados de este mundo mágico.

La suavidad y ligereza de su voz, una de sus principales señas de identidad, le propició ejercer de narrador en películas como Dogville, de Lars Von Trier, la versión animada de El Señor de los Anillos o El Perfume, la novela de Patrick Süskind que fue adaptada en 2006 por Tom Tykwer en una gran producción europea que contó con un cartel lleno de grandes nombres.

Su granito de arena al cine con sello español lo aportó con su participación en la discutida Los crímenes de Oxford (2007), filme de Álex de la Iglesia en cuya promoción el cineasta recordaba con humor su carácter indomable. Y es que durante el rodaje el veterano actor se resistió a ser dirigido con la rigidez a la que acostumbra el director español amparándose en los galones de su veteranía.

Su últimos proyectos para la gran pantalla han sido Jackie (2016) sobre la primera dama estadounidense y hasta cuatro películas que en este momento se encuentran pendientes de estreno entre ellas Darkest Hour, todavía rodándose y en la que da vida al Primer Ministro británico.

Pero ante todo no podemos olvidarnos de su aparición estelar en el episodio especial por el 50 aniversario de la popular serie Doctor Who (2013), en el que daba vida a otra de las encarnaciones del protagonista a la que se llamó el Doctor de la Guerra. Sin duda, el homenaje soñado a la ficción y en general a la vinculación del actor con la televisión nacional, un medio en el que también se desenvolvió con gran éxito asumoendo roles como el Calígula de Yo, Claudio o Quentin Crisp en la miniserie de la BBC The Naked Civil Servant entre otras.

John Hurt se ha despedido tras más de 50 años volcado en las artes dramáticas, lo que le valió ser nombrado caballero por la Reina Isabel y el premio BAFTA -tiene tres más- por su destacada contribución al cine británico. Desde aquí nuestro más sentido adiós.

 

 

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