La Llamada: un canto a ser feliz a ritmo de electrolatino y Whitney Houston

La primera – y única- vez que yo fui a un campamento de verano era de la parroquia de mi barrio. Y aunque todo el mundo era encantador y la gente del campamento se desvivía porque lo pasáramos bien… yo era pequeña, adicta al drama y no conocía a casi nadie. Conclusión. Mis padres recibieron la carta más lacrimógena y alarmante del mundo donde suplicaba que me vinieran a rescatar de ese infierno de actividades al aire libre, juegos y piscinas. Pero claro, a mi no se me aparecía Dios cantando Whitney Houston con la voz de Richard Collins-Moore. Probablemente entonces, si no me hubiera dado un soponcio, la carta hubiera sido muy diferente.

La Llamada  no debería funcionar. Salen unas monjas que se esfuerzan por entender a unas niñas que por cultura les pillan un poco lejos- todo en una época en la que si la Iglesia sale en el cine es para mal, siempre- hay electro latino y canciones de Whitney Houston, algo de salsa, una cocinera que lo mismo reparte abrazos, que ibuprofenos, que algo de speed y dos chicas made in Bershka y resulta que a una de ellas se le aparece Dios… Vamos que aquello es la casa de tócame Roque. Pero se quieren. Y entonces funciona. Porque así es la vida: nada tiene sentido, pero de algún modo, si conseguimos querernos, respetarnos y apoyarnos… entonces la cosa, pues eso, funciona.

Macarena García y Anna Castillo son la fuerza motriz de esta película, pero me vais a permitir que os diga que el corazón está en Sor Bernarda y Sor Milagros, dos religiosas que se las apañan para ser entrañables, adorables e hilarantes todo en una. Mención especial a Belén Cuesta, porque si su Sor Milagros no te parte un poco el corazón… es que no tienes nada en las entrañas.

La Llamada es ecléctica, divertida, inocente, un poco choni y sobre todo bonita. Desde la fotografía, al vestuario, pasando por el guión que es sencillo pero eficiente, hasta la luz que desprende todo el elenco principal: todo contribuye a que salgas del cine con una sonrisa. En estos tiempos en los que- y no lo digo yo, lo dice Guillermo del Toro- la bondad, el amor y los sentimientos parece que están mal vistos. En este momento en el que parece que mucha gente solo abre la boca para escupir odio, películas como La Llamada que hablan de amor,  tolerancia y respeto son tan necesarias como escasas.

Así que sí, lo hacemos y ya vemos. Sentir La Llamada, claro. Porque si la vida se pareciera más al campamento La Brújula ninguno tendríamos que escribir cartas hiperbólicamente dramáticas.

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