‘The Babysitter’: Lo que pasa cuando ‘Solo en casa’ se pone gore

La década de los 80 fue una etapa maravillosa, casi mágica, al menos si lo miramos con nostalgia y en retrospectiva: el pelo, los vaqueros con parches de los Rolling Stones, la música, los colores neón, y las películas de terror que eran a la vez tan malas y tan buenas que placer y culpa casi hubieran podido ser sinónimos. Quizás por eso la televisión y el cine cada vez vuelven más la vista hacia aquellos años, Netflix especialmente. Seguramente de esa punzada de añoranza por una época mucho más desvergonzada en el mejor sentido de la palabra ha nacido la idea de The Babysitter.

El film de Netflix juega con esa fantasía tan recurrente y recurrida del pre-púber enamorado, que en este caso se llama Cole (Judah Lewis), de una niñera que es divertida, guapa, un poco nerd – que ahora eso está de moda- que además se lo pasa bien jugando con el chaval que tiene que cuidar y que, en general, es tan perfecta que podría ser un ángel. pero claro, Lucifer también era el más perfecto de los ángeles antes de decidir darse un garbeo hacia territorios mucho menos paradisíacos.

Así que Bee (Samara Weaving), que así se llama la niñera de marras, es Hydra, la Mano, el Pie y la Sociedad del Ángel Exterminador,  así todo junto porque la muchacha es mala como ella sola. Así que cuando nuestro pobre protagonista se va a dormir con sus gafas, sus miedos y su bendita inocencia; la chica reúne a su aquelarre del instituto y se dedica a hacer sacrificios de sangre satánicos (Bella Thorne, Robbie Amell, Andrew Bachelor, Hana Mae Lee). Y de pronto nos encontramos en una versión chunga de Solo en Casa, con Cole intentando escapar de las garras de semejante tropa de adolescentes sedientos de sangre. La cual, por cierto, la hay a chorros como en las mejor películas grindhouse.

The Babysitter está justo en ese punto en el que no sabes si es mala a secas o es tan mala que es buena. Hay algo de rito de madurez en Cole, mucha sangre y más de la mitad de la película Amell está sin camiseta.  No busca ser profunda ni terrorífica, busca ser divertida y sí que tenemos varios gags que funcionan muy bien dónde se mezclan el humor, el absurdo y el gore a partes iguales.  

Creo que es seguro decir que The Babysitter no va a cambiar la vida de nadie. pero ni falta que le hace porque tiene esa actitud entre alegre y perversa que hace que el caos funcione bien para su público.

Si no te gustan las películas con escenas que parecen casi aleatorias, bañadas con bien de sangre y que no tienen ninguna vergüenza en tener un punto ridículo, probablemente odies el nuevo producto de Netflix. Si eres de esos que se ven tan contentos Jesucristo Cazavampiros…bien, no sé qué haces que no estás ya viendo The Babysitter.

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