Análisis de Call of Duty WW2, la llamada a las armas de ayer y de hoy

El sello Call of Duty es a la industria del videojuego lo que el Real Madrid o el Barcelona a la Liga. Sí, su envidiable presupuesto y su popularidad garantizan que año tras año aficionados de todo el mundo estén ávidos por conocer cualquier novedad en torno a la marca, sin embargo también existe un nivel de exigencia altísimo que no permite a sus responsables flaquear un ápice si no quieren ser sometidos a un doloroso escarnio público. Si alguien alberga alguna duda de esto, sólo tiene que fijarse en lo ocurrido antes, durante y después del lanzamiento de Infinity Warfare, una entrega cuya ambientación futurista no entró por los ojos de la comunidad impidiéndoles disfrutar de, por ejemplo, una de las campañas para un jugador más épicas y mejor planteadas de la historia de la franquicia. O incluso en el exitoso Black Ops III, que fue acusado de ser demasiado continuista en sus mecánicas del modo multijugador tras lo visto en Advanced Warfare.

Poner cada doce meses un Call of Duty en el mercado es una tarea fatigosa, en la que los estudios deben buscar constantemente la satisfacción de los jugadores a base de nuevas ideas pero manteniendo las principales señas de identidad de la serie. Los últimos en recoger el testigo y en enfrentarse a este desafío han sido los chicos de Sledgehammer Games, quienes han decidido cortar por lo sano y volver a las raíces de una saga que como muchos recordarán nació en el frío barro de los campos de batalla de la Segunda Guerra mundial, el conflicto por excelencia del mundo de los videojuegos que tuvo que ser puesto en standby hace una década tras la ingente saturación de títulos de similar ambientación.

Esta regresión puede resultar algo extraña, ya que implica evidentes limitaciones en términos de innovación, pero resulta muy bien recibida sólo por la oportunidad de recuperar viejas sensaciones gracias a un juego que nos vuelve a llevar a las playas de Normandía, a los bosques de las Ardenas y a las orillas del Rhin con toda la espectacularidad que hace posible la tecnología actual. Un pequeño ejercicio de nostalgia que mantiene intacto el atractivo y la diversión de antaño en las tres modalidades que no pueden faltar en la franquicia.

La primera de ellas, la campaña en solitario, es un buen ejemplo de esa fusión de elementos de la vieja escuela con otros propios de los shooters más actuales. El más evidente de ellos, la vuelta al sistema de botiquines tradicional frente a la regeneración de salud automática que venía imponiéndose en los últimos tiempos. Si a esto le sumamos unos combates en los que los personajes, exentos de exo-esqueletos y otras moderneces, deberán desenvolverse pisando el suelo con firmeza y un plantel de armas tan variado como tradicional obtenemos una base jugable sumamente purista pero que nos vuelve a plantear retos a los que en cierto modo ya no estábamos acostumbrados.

Pese a todo, hay aspectos tan interesantes como la posibilidad de pedir apoyo a nuestros compañeros siempre que sea posible, los cuales estarán encantados de pasarnos munición, granadas, bombas de humo para marcar un objetivo al fuego de mortero o simplemente señalarnos la posición de los enemigos parapetados por doquier, que serán resaltados en pantalla durante unos segundos. Este sistema, que se muestra muy sólido y refuerza la sensación de que no combatimos solos y que nuestros camaradas pueden ser una baza importante a nuestro favor incluso en las situaciones más comprometidas, podría haberse llevado un paso más allá posibilitándonos dar órdenes al pelotón durante las escaramuzas, sin embargo tal vez en ese caso ya estaríamos hablando de un tipo de juego diferente.

Porque lo que Call of Duty WW2 intenta potenciar por encima de todo es la acción directa reforzada con una carga narrativa de una magnitud muy superior al de las primeras entregas de la franquicia. La influencia de algunas producciones de prestigio para el cine y la televisión son evidentes y por primera vez se ha querido dar una nueva dimensión a un juego que es algo más que un simple viaje desde la costa francesa, con el desembarco de los Aliados, hasta el corazón de la Alemania nazi. El coraje, la superación y la fraternidad entre los combatientes son el motor de una historia protagonizada por el soldado de la primera división de infantería Ronald “Red” Daniels, testigo de la gran ofensiva que desembocó en el final de la guerra y de los sacrificios realizados por los héroes que participaron en la contienda.

Más allá de la carga emocional del relato, que irá detallando la estrecha amistad del soldado con su camarada Zussman, las diferencias con su superior el sargento Pierson o los trágicos eventos que lo marcaron en la infancia, la campaña irá saltando con agilidad de una localización a otra permitiéndonos revivir algunos de los momentos más sangrientos de la guerra en Europa, como la batalla de Aquisgrán, o victorias tan señaladas como la que supuso la liberación de París.

Avanzar colina arriba buscando cobertura para protegernos del fuego de ametralladora, detener el avance enemigo desde nuestras trincheras con todos los recursos a nuestra disposición, emboscar convoyes o infiltrarnos en bases militares con sigilo son la tónica de toda una serie de niveles que, pese a ser incluso más lineales de lo que estábamos acostumbrados con alguna ilustre excepción, son muy variados y cuentan con un diseño de lo más realista y envolvente. A esto hemos de sumarle algunas secciones de conducción, esquivando obstáculos o disparando a otros vehículos, montados en un tanque Sherman o derribando aviones alemanes desde la cabina de nuestro caza. Píldoras algunas más logradas que otras pero que son de agradecer pues rompen con la dinámica habitual más allá de su fugacidad.

No podían faltar los indispensables objetos coleccionables esparcidos por los distintos rincones del mapa, muchos de ellos bastante complicados de localizar pese a estar ligeramente resaltados. También deberemos estar atentos a eventos especiales en los que podremos realizar los llamados actos heroicos, que pueden ser arrastrar a un soldado herido hasta una cobertura antes de que caiga abatido, eliminar un enemigo antes de que ejecute a uno de los nuestros o simplemente aceptar la rendición de los soldados que hayan sido vencidos. No es relevante para la trama y suelen ser algo repetitivos, así que digamos que serán plato del gusto de los más completistas.

Gran parte del mérito de la espectacularidad de la campaña hay que atribuirlo a un apartado técnico muy sólido y por momentos deslumbrante, que sabe meternos de lleno en cada uno de los emplazamientos en los que discurre la acción. La nubosidad matinal de la playa de Normandía en el día D es un buen ejemplo del minucioso tratamiento de la luz en pos de generar la atmósfera adecuada para cada capítulo, y lo mismo ocurre con las texturas impresas en los escenarios y que hacen que recorrer el terreno húmedo y embarrado de la frontera con Alemania sea una experiencia muy inmersiva.

El modelado de los personajes también presenta un nivel muy alto, así como la expresividad de sus rostros –en ocasiones la línea entre la cinemática y el gameplay está realmente difuminada- mientras que los efectos que se producen con el disparo de las distintas armas dejan un gran sabor de boca.  Solamente algunas animaciones no demasiado realistas como la de los soldados saltando por los aires tras ser alcanzados por una explosión o el no poder alterar los escenarios con nuestras sucesivas descargas de munición empañan un apartado gráfico que en términos generales se muestra mucho más solvente que el de otros exponentes de este género a lo que hay que añadir un rendimiento impecable a 60 fps.

En lo sonoro, mencionar que el juego ha sido doblado completamente al castellano con actores profesionales cuyas voces reconoceremos de producciones de diversa índole y que la banda sonora, aunque no es la más memorable que hemos podido escuchar en la serie, cumple a la perfección y bien podría formar parte de cualquier filme de corte bélico.

Y llegamos al multijugador, uno de los pilares del juego y el principal reclamo para la mayor parte de los adeptos de esta saga. En primer lugar decir que WW2 deja a un lado los saltos imposibles y esas carreras por las paredes que llevamos viendo ya varios años y que dotaban a las partidas de ese dinamismo que ha caracterizado a las últimas entregas. Sin embargo, y pese a haber ganado en horizontalidad, este modo sigue siendo frenético, con jugadores moviéndose a gran velocidad y en el que los reflejos son la base de la victoria, y más teniendo en cuenta lo fácil que resulta besar la lona aunque aquí no haya botiquines y sí regeneración de salud.

Duelo por equipos, Capturar la bandera, Baja confirmada, Buscar y destruir… son modos que vuelven a estar presentes y que no necesitan presentación, al menos para los incondicionales. Hay 10 mapas disponibles de inicio, todos ellos de corte bastante tradicional y muy adecuados dado el contexto del juego, con varias rutas paralelas para avanzar a base de apretar de gatillo y entornos de una mayor amplitud de lo que esperábamos.

Regresan las rachas de bajas, ahora a base de ataques con mortero y otros similares, a las que podremos acceder acumulando puntos ya sea al eliminar a nuestros oponentes o cumpliendo objetivos concretos en la partida.

Pero la verdadera novedad reside en el llamado modo Guerra, el cual fomenta algo a lo que Call of Duty nunca había prestado verdadera atención, un juego por equipos en el que se premie la cooperación y la táctica. Cada escuadrón, que se irá turnando para hacer de atacante y de defensor, se enfrentará en partidas con múltiples objetivos como defender carros blindados o conquistar puntos concretos. Como en la guerra, confiar en nuestros compañeros será fundamental para conseguir la victoria así que no habrá que tomarse a la ligera el reclutamiento de tropas.

Hay sólo tres mapas, que se antojan muy pero que muy escasos, por lo que no habrá más remedio que confiar en los DLC que están por venir para sacar más partido a la joya de la corona de este multijugador.

Otro de los aspectos en los que el estudio ha demostrado una mayor dedicación ha sido el Cuartel General, un sensacional guiño a Destiny  que nos posibilitará interactuar con nuestros camaradas mientras se efectúa el matchmaking, desafiarlos o ver cómo abren sus cajas de botín, que se podrán conseguir a base de dedicar horas de juego. También aceptar misiones que se activarán por un tiempo limitado, de dificultad variable y que ofrecen jugosas recompensas.

A la hora de personalizar nuestro personaje podremos elegir entre cinco clases distintas, según nos alistemos en la división Aerotransportada, Infantería, de Montaña, Blindada o Expedicionaria. Como es evidente deberemos elegir la que mejor se adapte a nuestro estilo de juego ya que todas ellas tienen su propio equipamiento y algunas habilidades potenciadas como por ejemplo el sigilo o la resistencia a los impactos.

Y por último, el tercer brazo de este Call of Duty WW2, los muertos vivientes. No concebimos una nueva entrega de la franquicia sin esta divertida modalidad de hasta cuatro jugadores, la cual hace tiempo dejó de ser un mero añadido para convertirse en toda una fuente de diversión. Recuperar a los zombies nazis es una gozada, pues ninguna otra de sus versiones ha podido igualar el “encanto” de estos viejos conocidos a los que vimos por primera vez en World at War.

The Final Reich nos situará en un recóndito pueblo minero en el que las fuerzas del Führer han ocultado un laboratorio en el que realizan sus experimentos de pesadilla. Y nunca mejor dicho, porque la ambientación es espeluznante, digna de los mejores juegos de terror.

Las mecánicas no han cambiado demasiado, y una vez más es requisito indispensable jugar acompañados si queremos tener alguna posibilidad de salir airosos de las innumerables oleadas de estas criaturas. Las bonificaciones que ganaremos al eliminar zombies nos permitirán comprar nuevas armas, adquirir equipo y subir de nivel, accediendo a nuevas habilidades y ventajas temporales.

En conclusión, Call of Duty WW2 es una entrega tan completa como cabría esperar, trepidante en todas y cada una de sus vertientes y capaz de satisfacer tanto a los veteranos como a la nueva generación de jugadores. Tampoco puede ocultar que no es demasiado original, que volver al pasado es reconfortante pero no sirve necesariamente para dar un gran paso adelante por lo que la saga sigue teniendo trabajo por delante si lo que busca es una verdadera reinvención. Mientras tanto, qué mejor manera de dar rienda suelta a nuestra sed de batalla que repartiendo fuego en las trincheras del mayor conflicto de la historia del siglo XX. Por qué no decirlo, nos estábamos muriendo de ganas.

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