La Paradoja Cloverfield: llamando a la Tierra

Fue en 2008 cuando el universo Cloverfield debutó en pantalla grande. Tras una intrigante campaña promocional que volvió a poner de manifiesto el talento de J.J. Abrams para captar la atención de su audiencia, el filme sorprendió a propios y extraños mezclando toda una serie de elementos propios de las monster movies de corte catastrofista pero desde una perspectiva diferente, la de una pareja de supervivientes que dejan constancia del horror que se desata en su ciudad a través de su videocámara.

Tuvieron que pasar nada menos que ocho años para que Monstruoso, título que se le dio en España, tuviera continuidad. Ésta llegó sin hacer ruido y cuando menos se esperaba, con una cinta que a priori poco o nada tenía que ver con su antecesora. Calle Cloverfield 10 se presentaba como un thriller psicológico en el que una joven despertaba en un bunker tras haber sufrido un accidente y que era retenida por un individuo que afirmaba que la superficie había quedado inhabitable tras una serie de ataques de origen desconocido. El gran trabajo de Mary Elizabeth Winstead y John Goodman en los role principales contribuyeron a que la película dejase un gran sabor de boca, augurando nuevas entregas de lo que ya es a todas luces una franquicia en ciernes.

La tercera producción dirigida a expandir este universo fílmico también se ha estrenado de sorpresa, poco después de que Netflix confirmase que se había hecho con sus derechos de distribución. Y una vez más, su principal atractivo es que opta por una aproximación al incidente totalmente distinta a la del resto de la saga, manteniendo la frescura de la que ha hecho gala desde sus orígenes. En esta ocasión, Julius Onah nos traslada a una estación espacial en la que un equipo compuesto por expertos de múltiples nacionalidades se dispone a experimentar con una tecnología que podría acabar con la crisis energética que amenaza con llevar a la guerra a algunas de las principales potencias del planeta. Por supuesto no todo saldrá como estaba previsto, por lo que los astronautas deberán enfrentarse a toda una serie de anomalías que pondrán en riesgo sus vidas y amenazarán el éxito de su misión.

La Paradoja Cloverfield cuenta con un reparto de lo más interesante, con nombres como Daniel Brühl (Rush), Gugu Mbatha-Raw (Belle), Elizabeth Debicki (Guardianes de la Galaxia vol. 2) o la estrella china Zhang Ziyi (Tigre y dragón) entre otros. Todos ellos se muestran muy convincentes en sus interpretaciones y aportan cierta sobriedad a una cinta que por momentos recuerda a otros exponentes del género como Horizonte final o la más reciente Life.

La película arranca con soltura, acelerando su ritmo según avanza el metraje a fin de que no decaiga el entretenimiento. Más allá de su inquietante premisa, que resultará de lo más atrayente para los amantes de la ciencia ficción, una vez llegamos al ecuador del viaje es cuando empezamos a detectar importantes vaguedades argumentales que afectan no sólo a la solidez del relato, sino a la relevancia del producto como parte de una entidad mucho mayor.

En primer lugar, y aunque es de agradecer que la narración no se recree demasiado en los detalles personales de cada tripulante, algo que podría haber alargado innecesariamente la duración de la cinta, a veces falta cohesión entre los personajes y una visión más clara de su personalidad y sus motivaciones, un privilegio del que sólo goza su principal protagonista. Esto no sólo puede llegar a ser frustrante en algunos momentos, con alguna toma de decisiones que se percibe como un tanto pasiva y errática, sino que resta trascendencia a algunas de las secuencias en las que a priori los supervivientes deberían transmitir una mayor tensión en pantalla.

Por otro lado, una vez comienzan a sucederse los incidentes en la estación, éstos parecen planteados desde un punto de vista meramente efectista, dejando caer algunas buenas ideas que si bien quedan muy bien en pantalla no acaban de resultar coherentes dentro de esa compleja teoría multidimensional que nunca llega a ser formulada con precisión. De ahí que la explicación del origen de la colosal criatura que conocimos hace ya casi una década, uno de los principales incentivos de la película, quede en agua de borrajas.

Si a esto le sumamos algunas tramas un tanto inconexas –todo lo que sucede fuera de la estación espacial no logra llegar a ninguna parte, dejando no pocas incógnitas de cara a futuras entregas- y la inclusión del personaje de Chris O’Dowd, un alivio cómico un tanto desconcertante debido al cariz dramático que adquieren los acontecimientos, sólo nos queda lamentarnos por la falta de solidez de un guión que podría haber dado mucho más de sí.

En todo caso, si bien La Paradoja Cloverfield se queda un peldaño –o varios- por debajo de los filmes previos, es de visionado obligatorio para los fans de la franquicia, puesto que sienta algunas de las bases de lo que podremos ver los próximos años. Además, si obviamos sus carencias, su buen diseño de producción y la imprevisibilidad implícita en algunas de sus escenas la convierten en una grata distracción y una siempre bienvenida apuesta por un acercamiento diferente a una saga que sigue reinventándose a cada paso.

 

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