El perro del hortelano: vibrando con ansias de libertad

Si Góngora el maestro en doblegar la sintaxis a su voluntad y Quevedo era el genio de doblar y retorcer los significados de las palabras hasta que conseguía que significaran una cosa y su contrario, la tercera pata del banco, que era Lope de Vega no recibía el apodo de Fénix de los Ingenios por nada. Porque la obra de Lope, aparte de ser muy fecunda, está muy viva y aún hoy, siglos después, parece que salta del papel para vibrar en el aire.

Él tenía muy claro para quién escribía, que ya lo decía él en su Arte nuevo de hacer comedias: “porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto”. No tenía Lope tantos remilgos ni tanta desconfianza en los espectadores de sus obras como otros compañeros de generación. Así nos encontramos 400 años después – que se dice pronto- ante la versión de El perro del hortelano dirigida por Helena Pimenta, en la que no han tenido que mover ni una coma y te sigue arrancando carcajadas, y lo que es más importante su mensaje sigue resonando tan fuerte y potente como el primer día.

Aunque es verdad que Pimenta rescata a Diana Condesa de Belflor de esa cruz que ha tenido que soportar durante siglos de mujer veleta, de mal contento y egoísta como hay pocas. Marta Poveda dota de ganas de vivir, de valor y dignidad a una Diana que ha tenido que pagar mucho más caro que sus equivalentes masculinos aquellos conceptos tan en boga en el Barroco del honor y la honra. Aunque visto desde nuestra perspectiva resulte hasta escandaloso, lo cierto es que Teodoro era un criado y ella era condesa. Casarte con alguien inferior a ti era una deshonra y así es como estaban las cosas- algo que resalta la acertada decisión de utilizar vestuario del siglo XVIII. Y ella tenía que casarse, porque era mujer, y no estamos hablando de una generación millenial súper progresista y súperconcienciada con la igualdad de la mujer.  No, en el Barroco si eres mujer poco más que se duda de que sepas hacer la o con un canuto. Y aquí es dónde viene lo radical del texto de Lope de Vega, al que no llamaremos feminista porque en esos tiempos eso no existía pero que sí que tenía al menos sobre el escenario bastantes menos remilgos con ciertas cosas que sus contemporáneos. Lo que en otros hubiera sido un drama de amores condenados al fracaso por enfrentarse a algo inamovible, Lope hace que sus personajes mientan, se dejen engañar, mientan un poco más, se hagan un poco los tontos… y consigan ser felices.

El reparto de la versión que ahora mismo podemos ver en el Teatro de la Comedia ha sabido aprovechar a la perfección un texto tan rico, mención especial para Marta Poveda y  a Joaquín Notario como Tristan que nunca es fácil dar vida al Gracioso y que tenga entidad. Baste decir que él día que acudía  ver la función había una excursión de adolescentes, que pese a estar quejándose con ahínco antes de la función sobre que iban a tener que ver algo que les interesaba menos que nada y que habían leído en clase sin haberse enterado mucho… estuvieron durante toda la representación con los ojos como platos disfrutando de las ideas y las venidas, de los dimes y los diretes y de las ansias de libertad de Diana.

Porque igual el castellano de los Siglos de Oro pilla un poco lejos pero ¿quién no entiende las ansias de ser feliz, de ser libre, de disfrutar con la persona amada sin tener a toda la sociedad juzgando?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s