Shadow of the Colossus, el feliz retorno de un gigante

Los juegos de mundo abierto se han convertido en uno de los principales referentes de la industria. Grandes títulos como Horizon: Zero Dawn, Assassin’s Creed Origins o The Legend of Zelda: Breath of the Wild son algunos ejemplos de producciones que no sólo han maravillado a los jugadores por la minuciosidad con la que han confeccionado sus escenarios y entornos, sino también por una casi inabarcable cantidad de contenido que ha sido dispuesto en un mapa de formidables dimensiones. Dado que estos trabajos se han convertido en la estrella polar de un género que acumula proyectos cada vez más ambiciosos, resulta intrigante la irrupción de un viejo conocido en el catálogo de PlayStation 4.

Shadow of the Colossus ha vuelto a la palestra invitándonos a visitar un universo tan yermo como fascinante. Una aventura que en ningún momento se ve interrumpida con minijuegos de ningún tipo, en la que no requerimos interactuar con personajes de diversa índole ni ganar experiencia a base de superar desafíos, simplemente cabalgar a lomos de nuestro fiel Agro en busca de toda una serie de criaturas a las que dar caza valiéndonos de nuestra habilidad e ingenio.

Lo que para muchos puede significar una limitación en una fórmula concebida hace más de una década, es sin duda una muestra de la esencia sempiterna de una obra que hace gala de una singularidad tal que ha conseguido imponerse a pesar del paso del tiempo y seguir emocionando como ya hiciera hace dos generaciones.

Sí, el juego que antaño firmase Team ICO puede perfectamente convivir con los grandes exponentes de la actualidad precisamente porque sus pretensiones distan de las de la mayoría de los superventas que podemos ver en las estanterías de las tiendas especializadas. No estamos hablando de un juego que nos fuerce de manera artificiosa a acumular decenas y decenas de horas frente a la pantalla o que haga uso de la última tecnología para deleitarnos con espectaculares secuencias dignas de un blockbuster hollywoodense, se trata de un perfecto ejercicio de sensibilidad, una odisea tan dramática como evocadora en la que explorar todos y cada uno de los rincones de la Tierra Prohibida se convierte no en un requisito, sino en una experiencia propiamente dicha.

Pese a que el título es algo parco en términos de narrativa y prefiere que las propias imágenes vayan construyendo la historia según avanzamos, bastan unos minutos encarnando a Wander para darnos cuenta de la dinámica que imperará hasta que alcancemos los títulos de crédito, algo que nos podrá llevar unas 10 horas aproximadamente. El protagonista, ansiando devolverle la vida a su amada Mono, hará un pacto con el misterioso dios Dormin cuyo pago no es otro que acabar con 16 grandes colosos que deambulan por las inmediaciones de su templo. De este modo, y guiándonos por el haz de luz que emite nuestra espada, deberemos encontrar el camino que nos llevará hasta cada uno de ellos y combatirlos teniendo muy en cuenta las características únicas y comportamiento de estas bestias así como la configuración del campo de batalla.

Para hacerles morder el polvo será preciso descubrir sus puntos débiles, que quedarán señalados en su cuerpo a través de unas marcas luminosas, y alcanzarlos trepando por cualquiera de sus miembros. Si bien en ocasiones deberemos realizar ciertas acciones que nos darán la oportunidad de lanzarnos sobre ellos, será de vital importancia evitar sus ataques y dosificar nuestro esfuerzo, indicado en un medidor que de vaciarse completamente nos dejará sin fuerzas para sujetarnos al pelaje o al armazón de estas imponentes moles.

Cabe decir que, dado que esta nueva edición Shadow of the Colossus ha sido desarrollada en base al código original, todavía podemos apreciar muchas de las principales virtudes del título, así como también algún que otro inconveniente. Por ejemplo, la exquisitez de las animaciones con las que Fumito Ueda y su equipo dotaron a Wander y a su corcel siguen estando a un nivel muy alto, uno de los apartados que evidencian esa búsqueda casi obsesiva de la perfección del afamado creador. Como contrapunto, decir que algunas físicas muestran síntomas de fatiga, lo cual puede jugarnos alguna mala pasada durante nuestros encuentros con los colosos, si bien se nota que los responsables de este concienzudo lavado de cara han introducido algunas mejoras –un agarre más fiable- para que algunas de estas deficiencias pasen más o menos desapercibidas a ojos del jugador actual.

Y aquí llegamos a uno de los puntos más controvertidos de la obra que tenemos entre manos. ¿Estamos ante una remasterización del juego original o se trata más bien de un remake? Pues si le preguntan al que escribe, ni lo uno ni lo otro. Bluepoint Games, un estudio especializado en revitalizar títulos de indudable prestigio para hacerlos jugables en las nuevas plataformas, no se ha limitado a realizar una mera conversión a la alta definición. Su revisión ha sido mucho más profunda, no obstante es el apartado visual el que ha sido tratado a conciencia a fin de respetar todo aquello que confiere a Shadow of the Colossus el alma con la que fue concebido.

El trabajo de modelado que se aprecia en todo momento es muy loable, no sólo a la hora de dar vida a los personajes principales, sino también al esculpir cada baldosa que sostiene las construcciones que salpican la Tierra Prohibida, los grabados de las paredes de sus templos y las briznas de hierba de las verdes praderas sobre las que nos paseamos. Los escenarios, que antaño mostraban unas texturas de lo más simplistas, son ahora un precioso tapiz en el que la roca y la vegetación se fusionan dando lugar a estampas propias de los juegos creados por y para la actual generación. Tal vez no los más apabullantes, pero que nadie dude que se encuentra por encima de los estándares gráficos a los que estamos acostumbrados.

Los colosos también han visto enriquecido su diseño, algo que resulta evidente con sólo prestar atención a aquellas áreas pobladas de pelo a las que debemos agarrarnos con frecuencia, ahora mucho mejor definidas. Recreación en los detalles, al fin y al cabo, que nunca llega a desvirtuar las apariencias de estas criaturas, que se mantienen imperturbables al igual que el resto de elementos que conforman el mundo por el que nos movemos.

Y es que si en algo hay que estar muy agradecidos a BluePoint Games es sin duda en el cariño y el respeto que han mostrado en su labor. Lejos de rehacer la aventura a su antojo o implementar cambios estéticos de peso, han preferido mantener el núcleo intacto y actualizar un envoltorio que pese a sus mejores aderezos se siente igual que en anteriores versiones. Como prueba, la iluminación, tan importante para Ueda en todos y cada uno de sus trabajos y que aquí vuelve a aportar esa profunda melancolía a la puesta en escena y que se ve reforzada por una música de muy bella factura pero cuidadosamente dosificada.

Pero las novedades de Shadow of the Colossus van un poco más allá. Encontramos un nuevo tipo de coleccionable, tres modos de dificultad diferentes que podremos seleccionar al comienzo de la partida, la posibilidad de jugar prescindiendo del interfaz y un modo foto con el que podremos capturar imágenes realmente sobrecogedoras en las que además podremos experimentar con los distintos filtros disponibles. A esto hay que sumarle mejoras de rendimiento, con una tasa de imágenes muy estable, compatibilidad HDR y una mayor definición para PlayStation Pro y los televisores 4K.

Según vayamos derrotando colosos se irá desbloqueando una galería que incluye los bocetos de cara uno de estos enemigos, el arte de los lugares que hemos visitado y sobre todo una interesante comparativa gráfica con el original, para que podamos saborear la evolución que ha sufrido desde el 2005. Eso sí, para desbloquearlo todo es imprescindible superarlo en sus distintas dificultades.

Shadow of the Colossus no es un juego para todos los públicos, no hay que olvidarlo. Sin embargo, pocos títulos ofrecen el abanico de sensaciones de una obra cautivadora, que aún hoy conserva intacta toda su trascendencia y majestuosidad. Escalar por la espalda de un coloso, aguantar sus embestidas y lograr que hinque la rodilla no es sólo un reto para el jugador más avezado, sino la culminación de una trágica catarsis emocional que hará que nos planteemos incluso la propia licitud de nuestras acciones. Ahí está la magia, esa que perdura más allá de un final que ha pasado a la historia de este medio.

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