The Walking Dead afronta la despedida más agridulce

En una serie que acostumbra a jugar con la intriga de qué personaje puede ser el próximo en sucumbir ante las hordas de caminantes o a cualquier tipejo de gatillo fácil que deambule por este mundo post apocalíptico, resulta cuanto menos curioso encontrarnos con un capítulo planteado a sabiendas de que el espectador ya conoce de antemano el trágico acontecimiento que se va a producir.

Sí, no hubo sorpresas en el regreso de The Walking Dead tras la inevitable midseason, y le pese a quien le pese el bueno de Carl ya forma parte del pasado de la ficción de AMC. Eso no quita que la muerte de uno de los personajes regulares mereciese una despedida a lo grande, y no sólo en términos de metraje –quizá algo excedido en ciertas partes- sino también en trascendencia.

Y es que el hijo de Rick Grimes abandonó a los suyos dejando un mensaje de esperanza y haciendo un efectivo repaso de su trayectoria en la serie, en especial a partir de esa segunda temporada afincada en la granja de Hershel una vez empezó a adquirir una mayor relevancia en las tramas, convirtiéndose además en la brújula que ha ido guiando los actos de su padre desde que tomara las riendas del aguerrido grupo de supervivientes.

Lejos de caer en el desánimo o en la ira, Carl afrontó sus últimas horas con envidiable entereza, disfrutando de la compañía de su hermana Judith y contemplando cada pequeña maravilla que es capaz de ofrecer un mundo que, según desde qué perspectiva se mire, puede ser desolador o tan hermoso como antaño.

Mientras que Rick miraba incrédulo la mordedura en su costado, el chico trató de hacerle comprender que su momento había llegado y que no debían desmoronarse, que su sacrificio había servido para salvar a una persona que ahora gozaría de la misma oportunidad que él tuvo, de salir adelante y de convertirse en un miembro valioso de su maltrecho colectivo.

Poco o nada sabemos de Siddiq, más allá de que tiene conocimientos médicos –nada desdeñables dadas las circunstancias- y que tiene un verdadero papelón. Sin embargo, los esfuerzos de Carl no sólo estuvieron dirigidos a salvar al joven viajero, sino también a recordar a su padre la que una vez fue su más piadosa lección: a veces hay que dejar a un lado la violencia y tratar de hacer algo bueno por nuestros semejantes. Fue el propio ex sheriff el que, perdonando la vida y aceptando en su comunidad a los que una vez fueron sus enemigos, predicó con el ejemplo y logró reconducir a su retoño en su etapa más oscura.

Un bonito mensaje en concordancia con aquellas extrañas ensoñaciones que por fin descubrimos que no pertenecían a Rick, sino al propio Carl. Una visión de un futuro prometedor, en el que la gente de Alexandría no sólo ha conseguido vivir en paz y armonía junto al resto de asentamientos, sino que todos trabajan al unísono en pos de su desarrollo. Toda una utopía, aderezada con imágenes tan desconcertantes como la de un Negan trabajando plácidamente en el huerto y que parece haber sustituido a Lucille por una azada.

Tal y como pintan las cosas no parece que el sueño esté cerca de cumplirse, más bien todo lo contrario. En todo caso, la despedida de Carl no sólo ha sido emotiva, sino también relevante, si bien tampoco podemos negar que la decisión de los responsables de The Walking Dead de prescindir de este personaje se siente como un tremendo error que podría acabar desequilibrando la serie a largo plazo. ¿Cómo reaccionará Rick ante la muerte de su hijo? ¿Será Judith quien asuma el legado de su padre sea cual sea el destino que le aguarde en las temporadas venideras?

Lo que ocurrirá en los próximos capítulos es bastante incierto, pues en muchos aspectos la serie ha optado por hacer borrón y cuenta nueva, sin embargo y para no perder la costumbre los guionistas han querido enredar una vez más dejándonos un flashforward de lo más intrigante en el que podemos ver a un Rick herido y acostando contra un árbol de cuyas ramas cuelgan vidrieras.

Por lo demás, mencionar que el Reino ha sido liberado con la contundencia que caracteriza a Carol y, ahora sí, a Morgan, el cual pasa de ser un ente pacifista a una máquina de matar como quien se cambia de camisa. Tras lo vivido últimamente no podemos reprocharle que haya experimentado un nuevo cambio de mentalidad, sin embargo sí sentimos que su personaje, a lo largo de todas estas temporadas, ha sufrido giros un tanto extremos y no estaría mal que encontrase por fin cierta estabilidad que condujese su participación en la trama hacia un propósito más definido.

También que por fin nos han revelado la manera de la que escapan de su cautiverio los Salvadores, la cual sólo podemos definir de muy poco convincente. Al parecer, los elaborados planes de Eugene dieron paso a una táctica mucho más simple y efectiva, disparar a diestro y siniestro contra unos caminantes que han visto diezmado su número misteriosamente y haciendo que caigan de manera muy conveniente formando un pasillo frente a una de las salidas. Todo esto ante la atenta mirada de los francotiradores, nada dispuestos a pegar un solo tiro.

Las cosas se complican y la octava temporada afronta su recta final con nuevas incógnitas y conflictos. Seguiremos muy atentos a lo que nos depare la serie para dejaros nuestros comentarios e impresiones.

 

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