Las 5 frases del sargento Apone por las que siempre recordaremos a Al Matthews

Con el uniforme de campaña, su gorra perfectamente ajustada y ese puro que gustaba de mordisquear y que sólo se quitaba de la boca para las comidas. La imagen del sargento Apone de Aliens: el regreso nos acompaña siempre que repasamos mentalmente aquellos oficiales que han sabido dejar su huella en el cine con sus modales toscos y su ingenio para la réplica mordaz.

Al Matthews supo imprimir al personaje ese carácter férreo y por momentos sarcástico que lo convirtió, con apenas una pequeña parte del metraje del filme de James Cameron, en uno de los personajes de culto de esta maravillosa secuela. Un western espacial que requería, como en tantos clásicos de Howard Hawks o Raoul Walsh, de un sargento gruñón capaz de mantener la disciplina entre las filas y de espolear a sus hombres hasta la primera línea de batalla. “Un, dos, un dos, un dos! ¡Ya, ya, ya! ¡Sois unos inútiles!”.

La elección de Matthews no fue casual, mucho tuvo que ver que el actor hubiese servido en la Marina de los Estados Unidos y combatido en la guerra de Vietnam, donde sumó dos corazones púrpuras. Tras enterarnos hace pocos días de su fallecimiento en su residencia de Orihuela (Alicante) como consecuencia de varias enfermedades que padecía desde hacía tiempo, hemos querido recordar aquellas frases con las que en 1986 nos conquistó gracias al que para muchos fue su trabajo más emblemático.

 

“Muy bien nenes, ¿qué estáis esperando? ¿El desayuno en la cama? Otro glorioso día, un día en el Cuerpo de Marines es como un día en el campo. Cada comida es un banquete, cada paga una fortuna, cada formación un desfile, ¡me encanta el Cuerpo!”

 

Como todo buen sargento que se precie, Apone sabía motivar a sus hombres. Aunque fuese soltándoles la misma cantinela cada vez que despertaban de su criosueño, una oda al Cuerpo de Marines a la que sus hombres estaban más que acostumbrados. Eso sí, no todos reaccionaban a su discurso de la misma manera.

 

 

“¿Qué quieres que haga, que te ponga las zapatillas?”

 

El sargento siempre mantuvo una especial complicidad con Hudson, todo un bocazas al que le gustaba atar bien corto. Nada más despertar en las cápsulas de hibernación, el soldado comenzó a quejarse de lo frío que estaba el suelo. Cuando Apone le preguntó de manera incisiva si quería que le pusiese unas zapatillas, el marine decidió seguirle el juego aceptando el ofrecimiento. La respuesta del oficial fue una mirada penetrante seguida de un “Mírame a los ojos” que le dejó claro que no estaba dispuesto a continuar con la broma.

 

 

“Una misión de rescate, te encantará, hay unas preciosas hijas de colonos a las que tenemos que salvar de su virginidad”

 

Apone siempre fue uno más en el destacamento de marines coloniales de la USS Sulaco. A pesar de sus galones, la camaradería con sus muchachos era palpable, ya que a la hora de entrar en combate el sargento no se quedaba precisamente en la retaguardia, de ahí que al contrario del teniente Gorman él sí se hubiese ganado el respeto de la unidad. Durante las comidas y los momentos de esparcimiento, no dudaba en unirse a las bromas de los combatientes.

 

 

“Muelle doce, por favor”

 

En una de las escenas más divertidas de la cinta, la teniente Ripley decide probar su valía ante sus compañeros de viaje ofreciéndose a manejar uno de los robots elevadores del hangar. Lo hace con tanta destreza que el cabo Hicks y Apone quedan impresionados, advirtiendo que la heroína podría ser un activo muy útil para la misión y no una simple consejera. Cuando Ripley les pregunta que dónde quieren que deposite la caja de suministros que acaba de prender, los dos militares ríen al unísono. “Muelle doce, por favor”, espetaba educadamente Apone para finalizar este simpático instante.

 

 

“¡Que alguien despierte a Hicks!”

 

El descenso en la lanzadera al planeta LV-426 fue movidito, aunque nada que los marines más experimentados no pudieran soportar. Para colmo lo del cabo Hicks, quien decidió pegar una cabezada para desesperación del sargento que una vez en tierra tuvo que pedir que alguien lo despertara para iniciar el despliegue. O como ellos mismos decían, la “cacería de bichos”.

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