Análisis de Marvel’s Spider-man, un gran juego que conlleva una gran responsabilidad

Que Marvel e Insomniac Games califiquen a este Marvel’s Spider-man como el nuevo Iron Man, en una clara alusión a la película que dio el pistoletazo de salida al prolífico universo cinematográfico de la Casa de las Ideas, es algo de lo más esclarecedor. En primer lugar, denota la gran ambición de un proyecto que quiere dejar atrás todos esos juegos del trepamuros tan irregulares en términos de calidad y que buscaban simple y llanamente explotar una jugosa licencia en ocasiones de rabiosa actualidad gracias al estreno de alguna de sus películas. Por otro lado, deja bien clara la excelente sintonía que existe entre ambas compañías que aspiran a poner los cimientos de toda una serie de títulos que por fin den a los fans justo lo que llevan tiempo pidiendo a gritos: un universo videojueguil a la altura del legado de la editorial.

Empezar con toda una superproducción centrada en el hombre-araña tiene mucho sentido, pues pocos superhéroes gozan de la popularidad de este incansable neoyorkino cuyas asombrosas habilidades son el perfecto caldo de cultivo para un título en el que brincar por las azoteas de Manhattan y balancearnos por sus muchas avenidas no sólo se convertirá en una constante en la aventura, sino también en un verdadero deleite.

 

 

No sólo la historia de siempre

 

Como era de esperar la narrativa cobra especial relevancia en la obra de Insomniac Games. El cuidado con el que se ha desarrollado el guión y el elevado número de cinemáticas y líneas de diálogo contenidas en el juego nos hacen ver que sus desarrolladores han trabajado a conciencia para dar forma a un argumento capaz de mantener el interés de los aficionados durante la generosa cantidad de horas que tendremos que dedicar a la aventura hasta completarla.

Y es que esta no sólo es la historia de Spider-man sino también la de Peter Parker, dos caras de una misma moneda que se complementan y se dan sentido. Es precisamente la profunda humanidad que atesora el héroe lo que lo convierte en un personaje tan interesante, ya que debajo de esa máscara roja y de ojos amenazantes se esconde un joven que no vive en una torre de cristal como Tony Stark y el resto de los Vengadores, sino que ha de enfrentarse en su día a día a problemas tan mundanos como pagar el alquiler o llegar puntual al trabajo, aspectos de su vida reñidos con su faceta superheroica.

Cabe destacar que Peter ya no es un adolescente que va al instituto y que ve cómo su cuerpo comienza a cambiar tras la picadura de una extraña araña. En Marvel’s Spider-man su protagonista lleva años luchando contra el crimen, tiene el control total de sus habilidades y un pasado tanto con sus amigos como con sus enemigos, algo que nos permite sumergirnos en este nuevo episodio en su vida desde una perspectiva mucho más enriquecida.

Pronto descubriremos que el joven Parker hace mucho que dejó de vender fotos al Daily Bugle y que se gana la vida como ayudante de laboratorio dando rienda suelta a su otra gran pasión: la ciencia. Mientras, su tía May trabaja sin descanso en un centro benéfico para las personas sin hogar anhelando que su sobrino se reconcilie con una Mary Jane Watson a la que no ve desde hace meses.

No queremos contar mucho de unas tramas que desembocarán en una situación crítica en la que villanos clásicos como Mr. Negativo, el Buitre, Rhino o Electro se darán cita para ponerle las cosas difíciles a nuestro trepamuros favorito, pero sí diremos que esconde muchas sorpresas y apariciones estelares –y a menudo inesperadas- de personajes que pueblan las historietas de Spidey.

Es cierto que aquellos que hayan leído los cómics o hayan seguido las series y películas podrán intuir fácilmente por dónde irán los tiros una vez vayan presentando al elenco, sin embargo no es ahí donde reside el encanto de la historia de Marvel’s Spider-man. Y es que los guionistas, lejos de reinventar nada, han ido cogiendo aquellas piezas de las distintas obras en torno al personaje que les permitía componer un relato coherente a fin de construir su propio universo para el juego. Familiar, no cabe duda, pero suyo en todo caso.

Convirtiéndonos en nuestro amigo y vecino

 

Si hay algo que se ha cuidado hasta el último detalle en este Marvel’s Spider-man es sin duda la capacidad de movimiento de su protagonista. Con una física muy realista y un plantel de piruetas muy versátil, el bueno de Spidey ha sido trasladado a los monitores con gran acierto y dando todas las facilidades al jugador para que pueda desenvolverse de manera satisfactoria ya sea desplazándose a base de lanzar redes o dando una paliza a grupos de enemigos con cierta debilidad por rodearnos y asestarnos sus mejores golpes.

En ambos aspectos notamos la gran influencia de la excelente saga de Batman Arkham, no sólo en el sistema de combate sino también a la hora de posarnos en cualquier cornisa con sólo pulsar ambos gatillos una vez seleccionado un punto de anclaje. Una vez entremos en acción, esquivar los envites de nuestros rivales y contraatacar realizando sencillos combos será fundamental para salir airosos de las peores situaciones.

Si este sistema vuelve a poner de manifiesto la fluidez de las animaciones y la fantástica representación de la agilidad de nuestro héroe enmascarado, también nos invita a mejorar nuestra técnica sacando todo el partido a los artilugios que iremos desbloqueando y mejorando a medida que vayamos acumulando horas frente a la pantalla.

Aunque comenzaremos con el lanzarredes tradicional, muy eficaz para cegar enemigos tras zafarnos de sus embestidas o enredarlos y así convertirlos en un blanco más fácil, poco a poco iremos desarrollando bombas que dejarán pegados a varios rivales a la vez, drones y otros muchos ingenios que nos resultarán muy útiles.

Antes de iniciar cualquier pelea merece la pena estudiar el tipo de adversarios que el juego lanzará contra nosotros y que van desde simples matones a verdaderas moles que deberemos incapacitar antes de hacer que muerdan el polvo, tiradores a los que podremos arrancar el arma de las manos con algo de pericia o tipos que portarán escudos y barras para parar nuestros golpes y que requerirán o bien ganarles la espalda o lanzarles por los aires para debilitarlos a base de puñetazos y patadas.

Ser perfectamente consciente de todos los trucos que Spider-man guarda bajo la manga nos garantizará salir indemnes no sólo de batallas contra decenas de enemigos simultáneos, sino también contra un buen número de icónicos jefes finales que si bien no hacen gala de una dificultad alarmante sí que atienden a ciertos patrones que requerirán acciones concretas tales como arrojarles objetos prendiéndolos previamente con nuestra red o esquivar sus ataques en el momento justo para desencadenar algún que otro quick time event de lo más espectacular.

Una araña silenciosa

 

Si hablábamos de que Batman Arkham había puesto las bases del sistema de combate del que hace gala el juego del hombre-araña –por no hablar de otros tantos títulos de acción en tercera persona como Mad Max o Tierra Media: Sombras de Mordor– el juego de Rocksteady también se deja notar en aquellas secciones en las que impera el sigilo.

Spider-man es capaz de infiltrarse en complejos del enemigo deslizándose por los conductos de ventilación o posándose grácilmente en estructuras que le otorguen una visión privilegiada de la posición de sus oponentes. A veces afrontar ciertas situaciones en silencio nos permitirá diezmar las filas de nuestros adversarios antes de lanzarnos a la carga o simplemente cumplir nuestros objetivos de la manera adecuada, por ejemplo en tomas de rehenes donde provocar que salte la alarma puede dar al traste con la misión.

Acercarnos con cuidado y por la espalda a los guardias hará que acabemos con ellos en un santiamén, mientras que atraparlos con nuestras redes y dejarlos colgados en las alturas será un recurso de lo más habitual. Este aspecto del juego aporta estabilidad a una fórmula en la que no todo ha de ser golpear a cualquier cosa que se mueva, y aunque carece de profundidad y no hay nada que no hubiésemos visto antes, es satisfactorio.

En este punto haremos un inciso para apuntar que Spider-man no será el único personaje controlable del juego, puesto que en momentos puntuales podremos meternos en la piel de Mary Jane Watson y de un invitado muy especial para completar la aventura desde otros puntos de vista. Con ellos no habrá combate que valga, limitándose a pasar desapercibidos en áreas muy vigiladas y haciendo uso de algún gadget y los elementos del entorno para distraer a los guardias y seguir avanzando con discreción. Una dinámica muy básica y a la que podría habérsele sacado mucho más partido aunque su función sea la de rellenar algunos agujeros argumentales y dar más variedad de situaciones al título.

 

 

Una ciudad donde siempre hay algo que hacer

 

A medida que avancemos en la aventura, nuestro mapa de la metrópoli se irá llenando de pequeños iconos que nos marcarán aquellos encargos y desafíos que podremos llevar a cabo más allá de la historia principal. Son muchos y muy variados, aunque su atractivo para el jugador dependerá de múltiples factores como su afán completista o el cariño que guarden al personaje.

Algunas de nuestras tareas a lo largo y ancho de Nueva York serán un tanto repetitivas, por ejemplo capturar a un grupo de palomas que se ha dispersado por la urbe, fotografiar puntos de interés o recoger decenas de mochilas que Peter Parker abandonó por doquier en sus primeros años como Spidey. Pese a que son labores que se pueden hacer de lo más repetitivas, de vez en cuando encontramos algún aliciente como por ejemplo revisar los objetos coleccionables que hemos ido acaparando y que son un fiel reflejo de nuestra trayectoria como azote del crimen, referencias claras a los cómics y que nos aportan algo de información sobre esos años que apenas se mencionan en el juego pero que forjaron el carácter del asombroso hombre-araña.

Tendremos a nuestra disposición puestos de investigación en los que podremos echar una mano a la ciudad también como defensores del medio ambiente, en lo que serán mini juegos no demasiado desafiantes y que buscan probarnos en lo que se refiere al manejo del personaje y nuestra precisión a la hora de hacer uso de sus múltiples habilidades. Claro que si buscamos un poquito más de dificultad deberemos aguardar a la irrupción de Taskmaster y sus desafíos, que tendrán muy en cuenta nuestros tiempos a fin de condecorarnos con la medalla de oro, plata o bronce ya sea luchando, acabando con enemigos en silencio, persiguiendo drones o desactivando bombas.

Nada de esto es comparable a lo que nos espera en las bases de las distintas facciones enemigas que pretenden adueñarse de nuestra querida ciudad. Se trata de puntos controlados por el enemigo y que deberemos conquistar saliendo indemne de nada menos que seis oleadas de matones y que requerirán de toda nuestra pericia. Dado su elevado número, nos ha parecido que aunque acaban siendo un buen recurso para poner en práctica todos nuestros trucos en combate se podrían haber planteado de otra manera. Por ejemplo, haciendo que estos cuarteles supusiesen un reto de altura orientado a la infiltración, invitándonos a acabar con todos nuestros rivales sin que salte la alarma. Y es que aunque en un principio podremos reducirlos con algo de sigilo, en cuanto el juego detecta que hemos acabado con una buena parte de sus fuerzas automáticamente desplegará nuevos combatientes oleada tras oleada de una forma un tanto excesiva.

Librar a la urbe de todas estas bandas no es un requisito indispensable para llegar hasta el final del juego, de la misma manera que nadie tiene que sentirse obligado a balancearse de un lado para otro echando el guante a las mochilas de marras. Todo depende del grado de inmersión que queramos alcanzar, lo entretenidas que puedan resultarnos estas tareas y sobre todo las ganas que tengamos de facilitarnos un poco la vida ganando fichas de recompensa con las que mejorar nuestro equipamiento, algo recomendable si queremos afrontar las misiones principales con más garantías.

Incluso cuando hayamos dejado el mapa exento de este tipo de trabajos Nueva York seguirá necesitando las telarañas de Spider-man en un sinfín de actos delictivos, los cuales irán surgiendo de manera aleatoria. Atracos en establecimientos, coches dándose a la fuga, accidentes de tráfico, tomas de rehenes, secuestros… estos incidentes son de una gran variedad, claro que cuantas más horas acumulemos en Marvel’s Spider-man más reiterativos nos parecerán y más pereza nos dará detenernos ante las súplicas de nuestros amigos y vecinos.

 

 

Spider-man en constante evolución

 

Cuanta más experiencia acumulemos en el título completando misiones, realizando acrobacias o derrotando villanos más nivel obtendremos, lo cual nos recompensará con una mayor fuerza y vitalidad. Además, podremos invertir los puntos que consigamos en desbloquear nuevas habilidades y movimientos. Asestar formidables patadas tras coger fuerza al balancearnos, ganar concentración extra con cada derribo sigiloso que realicemos o devolver los proyectiles que nos lancen serán algunas de las ventajas con las que nos iremos haciendo poco a poco.

Además, Spider-man tiene un fondo de armario envidiable con multitud de trajes que hacen referencia a las historietas y a las películas que podremos ir comprando y que suelen tener atributos especiales que potencian la infiltración o que nos permiten electrificar temporalmente nuestros puños para ser mucho más letales en los momentos críticos. Por otro lado, en cualquiera de ellos podremos equipar mejoras que iremos desarrollando en función de nuestro estilo de juego.

 

Nueva York a nuestros pies

 

Técnicamente Spider-man es uno de los juegos más vistosos del catálogo de PlayStation 4, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un mundo abierto en el que se ha querido cuidar hasta el último detalle a fin de representar las distintas zonas de Manhattan de la mejor manera.

La ciudad de Nueva York se convierte en un personaje más de esta aventura. Es una urbe viva, compleja y que podremos visitar tanto a pie de calle, con transeúntes agolpándose en las aceras y los coches circulando con aparente lentitud, como desde el aire, con un mar de azoteas a modo de patio de recreo particular y terrazas en las que los más privilegiados parecen disfrutar de sus momentos de esparcimiento.

La iluminación tiene buena culpa de la excelente ambientación del juego, dejándonos vistas como las del atardecer junto al puente de Brooklyn capaces de hacer que nos detengamos unos segundos para disfrutarlas. A esto hay que sumarle una portentosa distancia de dibujado y una gran definición que pocas veces nos juegan alguna mala pasada, normalmente relacionadas con la carga de elementos de los escenarios al pasar de una zona a otra de manera acelerada, un pequeño precio teniendo en cuenta que podemos cruzarnos la ciudad de un extremo a otro sin sufrir molestos tiempos de carga.

 

Un gran juego conlleva una gran responsabilidad

 

Insomniac Games nos propone experimentar lo que es ser el héroe arácnido que tantas alegrías nos ha dado tanto en papel como en la gran pantalla. Se trata de un juego muy sólido en su conjunto, divertido de principio a fin y desde luego uno de los indispensables del catálogo de exclusivos de PlayStation 4, que sigue demostrando que todavía tiene mucho que ofrecer a pesar de todos esos rumores que apuntan a que su jubilación llegará más pronto que tarde.

Marvel’s Spider-man no se libra de algunos problemas que restan puntos a su propuesta, como una cámara que en algunos momentos nos ha dejado vendidos a mitad de un combate, una evidente falta de innovación si lo comparamos con otros juegos semejantes y algunos de las principales lastres de tantos y tantos títulos de mundo abierto como son la repetición de algunos eventos para alargar artificialmente la partida.

En todo caso, es difícil no calificarlo como el mejor juego de Spider-man jamás creado, un verdadero caramelo para sus fans y una aventura de lo más entretenida para todos aquellos amantes del género. Un maravilloso punto de partida para lo que a buen seguro será una saga basada en el personaje y la prueba de que Marvel podría estar a las puertas de una nueva edad dorada en el mundo de los videojuegos.

 

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