Análisis Assassin’s Creed Odyssey, una tragedia griega de dimensiones colosales

Tal y como ocurre en la élite del deporte resulta muy difícil dejar en el banquillo a tu principal estrella cuando la competencia es cada vez mayor y mejor. Ni siquiera cuando comienza a dar síntomas de agotamiento. Lo cierto es que Assassin’s Creed sólo ha podido gozar de un año de descanso, concretamente el que transcurrió entre Syndicate y Origins, un pequeño respiro que sirvió para revisar varias de las mecánicas principales de la saga y adaptar su propuesta a los estándares del mercado actual.

La aventura protagonizada por Bayek no sólo se recuerda como una de las más redondas jamás creadas en torno al credo de los asesinos, sino que además logró respetar su identidad a pesar de sus muchos cambios y a la vez recuperar la frescura de antaño. Es por eso que, confiada por el notable resurgir de su exitosa serie, la compañía gala no haya dudado en volver al modelo de lanzamiento anual –al menos de momento- para presentarnos Assassin’s Creed Odyssey, una entrega que viene a reforzar todo lo visto en Origins y que lejos de ser una nueva revolución sí introduce algunos aspectos interesantes y que vale la pena analizar.

En esta ocasión el punto de partida del título viene definido por la elección del protagonista absoluto del juego: Alexios o Kassandra. Seleccionar a cualquiera de estos formidables guerreros espartanos apenas repercutirá en la historia y mucho menos en las habilidades de ambos, que serán idénticas, simplemente se trata de una opción que da la posibilidad al jugador de escoger el personaje con el que más se identifique o simplemente con el que más le apetezca recorrer los confines de la Antigua Grecia. Ya avisamos que no estamos ante una campaña mixta como la de Syndicate, en la que podíamos ir intercalando a los hermanos Frye, y que una vez elijamos ya no habrá marcha atrás.

La historia de Odyssey arrancará dando muestras de la gran tragedia familiar que Ubisoft Quebec ha confeccionado para este título. La del vástago de una noble familia de Esparta que tras un funesto incidente es rechazado por los suyos y dado por muerto hasta que desafiando a la Parca consigue alcanzar las costas de Cefalonia. Allí, un alegre rufián llamado Markos le toma como protegido haciendo de él un feroz misthios, un mercenario al que su hogar pronto le parecerá pequeño y que se embarcará en un asombroso viaje en el que tendrá la oportunidad de descubrir los secretos de su propio legado y de incidir en el conflicto que libran las principales potencias del mundo griego.

La trama central se aprecia más inspirada que de costumbre. El cariz trágico que empapa al argumento desde su inicio, un protagonista dotado de carácter y una sucesión de giros bien fraguados consiguen mantener el interés por ir desvelando poco a poco los misterios ligados a nuestra estirpe, incluso cuando algunos episodios optan por prolongar la incertidumbre más de lo necesario.

El eslabón más débil a nivel narrativo vuelve a ser la conexión cada vez más tenue entre los hechos del pasado y los sucesos del presente. La reaparición de la investigadora Layla Hassan, a pesar de no resultar demasiado interesante, trata de seguir ligando estas historias a ese mundo donde los asesinos siguen plantando cara a la todopoderosa Abstergo, una constante en la serie que desde que finalizase el arco argumental de Desmond Miles no ha vuelto a ser explotada de manera convincente. Pero donde el juego vuelve a brillar intensamente es en ese mundo abierto tan fascinante en el que nos podremos mover con total libertad. El territorio griego es enorme, tanto que al abrir el mapa por primera vez es fácil sentirse abrumado por su extensión. No sólo hablamos de grandes áreas llenas de paisajes urbanos y naturales, sino también de ese mar salpicado de islas a las que llegaremos gracias a nuestro barco, el cual vuelve a resultar indispensable en términos de exploración.

Mejorar el Adrestia con los botines y suministros con los que nos vayamos haciendo será fundamental para atravesar aquellas aguas en las que los piratas y las facciones en guerra estén mejor equipadas y cuenten con embarcaciones más poderosas. El manejo del trirreme no difiere apenas de lo visto en juegos como Assassin’s Creed IV: Black Flag o el reciente Origins, donde la navegación estaba limitada a secciones de combate cerradas. Fortalecer nuestro espolón para causar más daños a nuestros rivales al arremeter contra ellos, aumentar nuestro armamento o reforzar el casco es esencial para salir airoso de las batallas más cruentas y abordar otros barcos con garantías. Además, para facilitarnos un poco más la vida será aconsejable invertir algo de tiempo en buscar lugartenientes capaces que no sólo potencien las capacidades de nuestra embarcación como por ejemplo la precisión de los arqueros, sino que también luchen a nuestro lado cuando nos veamos las caras en cubierta con la tripulación enemiga. A algunos podremos reclutarlos si hemos cumplido ciertos objetivos en nuestras misiones, a otros simplemente podremos noquearlos para más tarde alcanzar un trato con ellos.

Volviendo a ese mundo en el que no pararemos de movernos, y teniendo en cuenta que era difícil superar el encanto ese Antiguo Egipto que visitamos hace apenas un año, podemos afirmar sin un ápice de duda de que la Grecia clásica es uno de los escenarios más bellos e inmersivos que hemos podido disfrutar en un sandbox de estas características. El paisaje mediterráneo luce fantástico y las ciudades que iremos encontrando han sido diseñadas atendiendo a un gran número de detalles, independientemente de si se trata de una pequeña villa o una gran capital como Atenas, algo así como la Alejandría de Odyssey. Es una lástima que en Origins ya tuviéramos contacto con el mundo grecorromano, de ahí que la arquitectura y sus gentes resultarán un tanto familiares, sin embargo se trata de un apartado artístico tan preciosista y que resulta tan coherente en todo momento que es difícil no alabar su monumental puesta en escena.

Una vez más, a las misiones principales se le unirán una gran cantidad de secundarias, algunas veces disponibles nada más visitar una región y otras tras avanzar en la historia y conocer a personajes tan relevantes para los libros de historia como Sócrates o Pericles entre otros muchos. Lo primero que llama la atención es que todos estos encargos han ganado en narrativa, de ahí que aunque muchos de ellos sirvan para añadir un buen puñado de horas al juego se sientan más cuidadas y relevantes. Otra cosa es que sus mecánicas, salvo en honrosas excepciones, se repitan hasta la saciedad pues la mayoría de ellas exigirán infiltrarnos en algún campamento cercano y asesinar a algún objetivo o robar algún objeto escondido. Es, sin duda, uno de los principales problemas del título que además hereda de otras entregas de la saga por lo que esperemos que en el futuro se ponga una mayor atención a este aspecto para aportar una mayor variedad al conjunto.

Donde esta nueva entrega de Assassin’s Creed sí ha sabido dar un paso al frente ha sido en su vertiente más rolera, incorporando por primera vez un sistema de conversaciones muy en la línea de lo visto en juegos como Mass Effect, romances incluidos. Ahora podremos elegir qué tipo de respuesta dar durante nuestras conversaciones, pudiendo ser diplomático o beligerante, jocoso o despectivo… Nuestra actitud definirá el rumbo que tomarán nuestras negociaciones o disputas, pudiendo resolver muchas situaciones desenvainando la espada a la primera oportunidad o siendo persuasivos. Además, a menudo nos encontraremos ante algún dilema que nos forzará a actuar de una u otra manera y que tendrá consecuencias en el mundo o en sus gentes, algo que otorga un puntito de imprevisibilidad al título que nos ha gustado mucho. Por ejemplo, en cierto momento deberemos elegir entre ser honesto y comunicar a alguien que su hermano ha muerto a manos de unos piratas o mentirle para evitarle el dolor e inventar una historia en la que la víctima se unió a sus captores y ha desaparecido para siempre. Ya avisamos que, según nuestra versión de los hechos, esta misión se saldará con éxito o con fracaso.

En general creemos que Odyssey ha subido un peldaño la dificultad respecto a su antecesor, y no sólo porque hace más hincapié en los elementos propios de los RPG, sino porque el combate es más desafiante y requerirá que estemos muy pendientes de nuestro nivel y de nuestro equipo. Esta vez no podremos portar escudos, de ahí que nos tengamos que desenvolver únicamente con nuestras armas, con las cuales podremos incluso parar los golpes de nuestros adversarios. Fijar nuestro objetivo será crucial al batirnos en duelo, pudiendo esquivar las acometidas rivales con un simple botón, lo cual nos dejará en una buena posición para contraatacar, o incluso poner algo de distancia rondando por el suelo. Algunas situaciones de Origins que nos proporcionaban cierta ventaja frente a múltiples enemigos como era la lucha a caballo han sido corregidas, siendo ahora más fácil que el enemigo nos derribe de la montura con un golpe de lanza.

Mención especial merecen las habilidades que podremos ir desbloqueando que están divididas en tres ramas: Cazador, Asesino y Guerrero. Están muy bien planteadas y pueden decantar un combate a nuestro favor si las utilizamos con cabeza una vez nuestra barra de adrenalina está cargada. Tendremos desde fuertes embestidas a aquella patada tan célebre de la película 300 que nos permite lanzar a un enemigo al mar si estamos en la cubierta de un barco o al vacío si nos encontramos sobre una muralla, acabando con él en un santiamén.

En lo que respecta al sigilo, este se mantiene prácticamente invariable si bien sigue gozando de gran peso en la jugabilidad. Escalar por fachadas y escondernos entre los matorrales a estas alturas tiene poco misterio para los más veteranos, que seguirán abusando de algunas tácticas como la de atraer enemigos mediante el silbido y que nos proporcionará un buen número de bajas casi sin despeinarnos, pues la inteligencia artificial tampoco ha avanzado en este aspecto. Decir, eso sí, que aunque el protagonista no contará con la típica hoja de asesino, una reliquia de gran peso en el argumento llamada la Lanza de Leónidas cumplirá la misma función, de ahí que sus mecánicas asociadas no se vean alteradas.

Hay mucho que hacer en el mundo de Assassin’s Creed Odyssey. Bucear para hallar tesoros ocultos en cavernas y barcos hundidos, cazar todo tipo de bestias, seguir pistas para rastrear a los integrantes del Culto de Kosmos y acabar con ellos e incluso apoyar a una u otra facción y así afianzar su dominio sobre una región en concreto. Y es que dado que la historia principal transcurre durante la Guerra del Peloponeso, espartanos y atenienses se disputarán cada trocito de Grecia dándonos la oportunidad de intervenir apoyando a los atacantes –lo que nos reportará un jugoso botín- o a los defensores –bastante más sencillo-. Robar suministros de los fuertes, asesinar a sus comandantes y finalmente a su líder hará que las fuerzas de uno de los bandos se debilite, momento en el que libraremos un último combate con decenas de soldados en el campo de batalla.

Este contexto bélico ha sido plasmado en el juego de una manera bastante convincente, prueba de ello serán sus numerosos fuertes o las áreas devastadas tras la batalla. Claro que no todo es perfecto, y de vez en cuando nos hemos topado con alguna que otra imagen tan sorprendente como una patrulla ateniense paseando tranquilamente a escasos metros de una fortificación espartana sin entablar combate alguno. Cosas de los sandbox

Realizar nuestras fechorías por doquier tendrá un coste, y es que cuanto más aumentemos nuestro nivel de búsqueda más mercenarios se unirán a nuestra captura para hacerse con la jugosa recompensa. Estos guerreros, que vienen a sustituir a los Phylakes de Origins, son fieros y cuentan con sus propias armas y trucos. Algunos portarán pesadas mazas, otros irán acompañados de bestias para darnos caza e incluso algunos estarán especializados en técnicas como el envenenamiento, siendo especialmente letales. Podrán aparecer en cualquier momento, incluso en mitad de una misión haciéndola más difícil o directamente dando al traste con nuestros planes, de ahí que sea recomendable acabar con ellos cuando sea posible, pagarles un buen dinero para que nos dejen en paz o simplemente matar a aquel que haya puesto precio a nuestra cabeza.

Para finalizar comentar que si antes decíamos que Odyssey vuelve a fomentar al máximo la exploración, al comenzar la aventura se nos dará la opción de jugar con ciertas ayudas a la hora de dirigirnos de un objetivo a otro –marcándolos directamente en el mapa- o hacer uso de unas sencillas indicaciones para llegar a nuestro destino, sin duda la experiencia que los desarrolladores han concebido. Una vez nos encontremos en la zona en la que debería hallarse el lugar que estamos buscando, utilizaremos al águila Ícaro para detectar desde el aire su ubicación concreta.

Es evidente que Assassin’s Creed Odyssey es un juego muy conservador respecto a Origins, entrega que hace algunos meses redefinió la fórmula y marcó el camino de la saga para los próximos años. Será el jugador quien decida si era demasiado pronto para embarcarnos en semejante odisea tras nuestras correrías por las ruinas de Egipto, pero lo que está claro es que ha habido pocas entregas tan sólidas y envolventes como la que nos traemos entre manos. Con una historia mejor hilvanada, una mayor sensación de libertad y un buen puñado de novedades acordes con la nueva esencia RPG de la serie a los fans del género les va a resultar muy difícil resistirse a su épica propuesta.

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