Análisis de Melbits World, talento español con dulce sabor añejo

Es muy probable que aquellos que como un servidor se iniciasen en el mundo de los videojuegos en la década de los noventa recuerden con nostalgia el Lemmings, título de culto publicado por Psygnosis y que hizo las delicias de los amantes de los rompecabezas. Como bien sabrán aquellos que pudiesen disfrutar del original o de alguna de sus variopintas secuelas la fórmula se basaba en utilizar sabiamente las habilidades de estos incansables seres a fin de llevar al grueso del grupo sano y salvo desde el punto A al B a través unos escenarios cada vez más hostiles. Superar los muchos obstáculos que aguardaban en el recorrido nos obligaba a cavar túneles, construir escalinatas de ladrillos e incluso detonar cualquier obstáculo que impidiese nuestro avance.

Resulta difícil no rememorar estos grandes momentos cuando jugamos a Melbits World, un juego muy simple en apariencia pero más intrincado de lo que cabría esperar. Las criaturas que lo protagonizan, al contrario de nuestros queridos lemmings, no son obreros capaces de interactuar con los escenarios de distintas formas, ni se amontonarán en pantalla por docenas, pero sí requerirán de nuestra guía para llegar a su destino sin perecer por el camino. Para ello, los jugadores deberán coordinarse para accionar todo un abanico de mecanismos dispersos en el recorrido y que les permitirán salvar precipicios, evitar que sus enemigos acaben con ellos o impulsarse hasta plataformas a priori fuera de su alcance.

Para entender de qué tipo de jugabilidad estamos hablando lo primero será recalcar que el título de Melbot Studios forma parte del catálogo de PlayLink, una colección para PlayStation 4 que promueve la cooperación y competición entre distintos jugadores poniendo a su disposición un control muy accesible desde sus respectivos smartphones o tablets. Los únicos requisitos, la descarga de una aplicación desarrollada para cada uno de estos juegos de manera gratuita y estar conectados a la red WiFi local.

Una vez comience la partida, en la pantalla de nuestros dispositivos aparecerán los pulsadores que necesitaremos para mover los elementos del escenario y hacer que nuestros melbits completen su misión. El control es táctil, de modo que dependiendo del tipo de acción que nos toque realizar podremos abrir o cerrar puentes levadizos tocando un pequeño botón, mover pasarelas deslizando el dedo de izquierda a derecha, dibujar círculos para subir o bajar ascensores o presionar durante unos segundos la palanca que activa los trampolines. Se trata de operaciones bastante intuitivas, y aunque según avancemos en los niveles tendremos que atender a un mayor número y variedad de mecanismos, lo cierto es que durante los primeros compases del juego los iremos descubriendo de manera gradual.

Existen cuatro tipos de mundos, cada uno de los cuales compuesto por nueve escenarios que superar y cuyos diseños irán ganando en complejidad, ofreciéndonos trayectos más laberínticos, mayores riesgos de acabar cayéndonos por precipicios, más criaturas malévolas a las que sobrevivir y por supuesto rutas que implican ir ascendiendo piso a piso hasta la cima de los bloques.

El éxito de nuestra empresa dependerá de dos factores. En primer lugar, deberemos analizar cuidadosamente el recorrido para comprobar qué tipo de combinaciones nos garantizan llegar a la meta, por lo que no os sintáis mal si bien entrado el juego debéis sacrificar alguna que otra partida empleando el método de ensayo y error y más teniendo en cuenta que no seréis penalizados. Por otro lado, la coordinación con nuestros compañeros y la rapidez de nuestros dedos serán vitales para realizar todas las acciones en el orden correcto y sin sacrificar más melbits de la cuenta.

Y es que teniendo en cuenta de que Melbits World puede jugarse entre dos, tres o cuatro jugadores, no nos equivocamos al decir que cuantas más personas se reúnan frente al monitor más fácil será nuestra tarea. Dado que los pulsadores se asignarán en función del número de participantes, siempre será preferible que cada uno de ellos atienda a una pequeña porción de las partes móviles del escenario y así estar pendiente de secciones más concretas del recorrido. Esto propiciará que cometan menos errores, especialmente cuando los melbits empiecen a acumularse y haya que velar por ellos en función de lo que hayan conseguido avanzar y los obstáculos que aún les queden por salvar. Sin duda una de las principales dificultades del juego, que en ocasiones conseguirá ponernos de los nervios ante la sensación de que no damos abasto.

¿La trampa? Pues que no es lo mismo ponerse de acuerdo con una o dos personas que con tres, pues como hemos dicho la coordinación de nuestras acciones es esencial para obtener la victoria. Plantear estrategias e ir avisando de cuándo hay que elevar una plataforma o bajar una pared sin que nuestro salón de casa se convierta en un verdadero gallinero es todo un reto, aunque también forma parte de la diversión asociada a la gama PlayLink.

Como suele ser habitual, no sólo basta con ganar. Aunque lograr que un mínimo de dos melbits consigan alcanzar la salida bastará para salir airosos del asunto, por el camino deberemos recoger algunos objetos como semillas –acumularlas es requisito indispensable para desbloquear nuevos mundos-, coleccionables o potenciadores en forma de, por ejemplo, un martillo de goma con el que quitarnos de en medio a los enemigos que salgan al paso simplificando mucho las cosas. Para hacernos con ellos deberemos estrujarnos los sesos un poco más de la cuenta para identificar caminos alternativos que permitan a nuestros amigos irlos recogiendo, forzando que cambien de dirección en el momento oportuno o haciéndoles caer a un piso inferior desde un determinado punto.

El apartado artístico de Melbits World es colorido, amable y desenfadado. Sus protagonistas son criaturas alegres y que gozan de un diseño que denota cierta influencia de la cultura otaku. Aunque existen múltiples variantes dependiendo de su tamaño, tonalidad y expresión facial, lo cierto es que todas ellas guardan una gran coherencia, dotando al conjunto de una gran solidez visual. Sólo la posibilidad de personalizarlos con gafas, sombreros u otros elementos que iremos sumando a nuestro inventario romperá esa armonía inicial, y aunque su apariencia en ningún caso tendrá efecto en la jugabilidad a muchos les resultará cuanto menos entretenido aplicar estos disparatados complementos a fin de diferenciarlos entre sí.

La propuesta de Melbot Studios rinde homenaje a la era de los 8-bits con un juego familiar, muy accesible pero que sabrán disfrutar aquellos que todavía se dejen seducir por los puzles. La propia temática del juego, las composiciones musicales, la concepción de sus mecánicas… reminiscencias de tiempos más sencillos que aún tienen eco en nuestros días y en las nuevas tecnologías. No está de más celebrarlo.

 

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