El jovencito Frankenstein: no quiero saber nada de mi familia…¡Anda, he creado vida!

Transilvania. Negocios familiares basados en crear monstruos de pesadilla que tienen en vilo a un pueblo ya preparado con antorchas.  Por si las moscas. O los Frankenstein, que viene a ser lo mismo. Un ritmo alocado, un heredero que no quiere saber nada de su legado y un monstruo que te enternece el corazón. Esos son los componentes de El jovencito Frankenstein que se representa actualmente en el Teatro de la Luz Phillips en Gran Vía.La divertida película de Mel Brooks es alegremente reanimada en el escenario con incluso más chistes y unos números musicales que  te ponen la misma sonrisa tonta que al Doctor Frankenstein (perdón, Frankenstoin) cuando ve a Inga. El musical es ,en parte,una reproducción de la película sobre Frankenstein de James Whale de 1931 y, por otra, una carta de amor al género del vodevil americano. Frederick e Igor se lanzan a una relación de baile a primera vista. El monstruo es el rey del claqué. Elisabeth Benning nos enseñará cómo bailar un buen  foxtrot (sin despeinarnos)… Y os aconsejo que no retéis a ningún miembro del elenco a una competición de trabalenguas. Vais a perder.

Y más allá de la maravilla de puesta en escena con los relámpagos, las proyecciones, las luces y la niebla (eso que no falte, nunca), lo que hace que brille más este espectáculo y que incluso salgas marcándote tú unos pasitos de baile en el metro es el reparto encabezado por Víctor Ullate Roche. Todos se lanzan de cabeza a  esta maravillosa locura. Victor Ullate Roche está soberbio como Frederick Frankenstein, el nieto del personaje creado por Mary Shelley, un brillante y joven científico avergonzado del pasado de su familia. Los amantes de la película dirán que no tiene la delicadeza febril de Gene Wilder pero es que Wilder solo hay uno y nuestro Frederick “madrileño” tiene un gran sentido del tiempo, que es algo primordial en una comedia, y es encantador, divertido y tiene una gran voz. Vamos, que no desmerece ni un ápice.

Jordi Vidal hace mucho más que limitarse a recrear el mítico sidekick del celuloide. Su Igor es divertido, es entrañable con el punto justo de magnífico desastre.  Marta Ribera se nota que se lo está pasando como nunca interpretando a la sofisticada prometida de Frankenstein y Teresa Vallicrosa se merece todas las tormentas transilvanas del mundo porque cada vez que aparece en escena no vas a poder parar de reír.  El monstruo de Albert Gràcia es un gigantón entrañable y asombrosamente expresivo teniendo en cuenta la cantidad de maquillaje que lleva encima el pobre.

El jovencito Frankenstein es una comedia que ha conseguido trasladar la película a los escenarios sin que se vean los engranajes del artificio, que desde el minuto uno está igual de viva que el monstruo creado por Frederick y que te deja con una sonrisa en la cara. Totalmente recomendable.

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