Análisis de Far Cry: New Dawn – La vida se abre camino

Teniendo en cuenta que 2018 fue un año marcado por una competencia feroz en lo que se refiere a juegos de mundo abierto hay que alabar el trabajo realizado por Ubisoft Montreal en Far Cry 5, una de las experiencias más completas que pudimos disfrutar en un género que, dicho sea de paso, da la impresión de estar algo saturado y en el que cada vez resulta más difícil destacar. El título, que consiguió pulir al máximo la fórmula introducida en la tercera entrega, nos ponía en la piel de un agente de la ley dispuesto a dejarse la piel por erradicar un perverso culto que campaba a sus anchas en el pacífico condado de Hope, toda una cruzada que además contaba con uno de los finales más perturbadores que recordamos en un videojuego.

A sabiendas de que las siguientes líneas pueden suponer un importante destripe argumental para aquellos que no llegasen a ver los créditos de la aventura, es inevitable hacer mención al brutal acontecimiento con el que concluía nuestra misión: el estallido de una bomba nuclear que parecía corroborar las predicciones catastrofistas del padre Joseph Seed, el antagonista principal de la historia y líder de La Puerta del Edén.

Con la llegada de Far Cry: New Dawn sus responsables no sólo nos ofrecen una continuación directa de los eventos que vivimos hace justo un año, sino también la oportunidad de volver a aquel paraíso natural desde otra perspectiva, la de los supervivientes de un apocalipsis que, tras diecinueve años encerrados en búnkers y refugios subterráneos, por fin pueden volver a ver la luz del sol y comenzar la reconstrucción. Un perfecto epílogo que, en vez comercializarse como un descargable a modo de expansión asociado al Season Pass de Far Cry 5, lo hace como un título independiente. Con algunas limitaciones respecto al anterior, de ahí su precio más ajustado, pero con el suficiente contenido como para garantizar horas y horas de diversión.

En esta ocasión nos meteremos en la piel de un nuevo héroe que llegará a la región para prestar su ayuda a un nuevo asentamiento llamado Prosperity, donde aquellos que sobrevivieron a los estragos de la radiación luchan por salir adelante y por poner los cimientos de una nueva civilización. Pero por supuesto las cosas no iban a ser tan fáciles, ya que a las dificultades para obtener los recursos necesarios para lograr que su comunidad prospere hay que añadir la amenaza constante de un grupo de bandidos encabezados por las hermanas mellizas Mickey y Lou, el cerebro y las garras de una bestia que ha hecho de la violencia su modo de vida.

Es evidente que mantener a estos formidables enemigos a raya será la mayor de nuestras preocupaciones, aunque en nuestro viaje encontraremos una gran variedad de personajes dispuestos a echarnos una mano así como a algunos viejos conocidos a los que el paso del tiempo habrá tratado de manera dispar. Incluso tendremos la oportunidad de descubrir qué ocurrió con el trastornado Joseph Seed y cuál ha sido su legado.

Para ello deberemos explorar sin descanso el mapa que se ha dispuesto para la ocasión, que a pesar de ser lo suficientemente extenso para darnos una gran libertad de movimiento no podemos obviar que es notablemente más reducido que el de Far Cry 5. De hecho, se ha reciclado una porción de aquel con el fin de representar los estragos del holocausto nuclear de manera convincente por lo que volver a visitar algunos lugares emblemáticos del condado de Hope es sin duda uno de los grandes alicientes del juego. Las ruinas de la colosal estatua de Seed o las diversas instalaciones en las que combatimos a sus discípulos y a su ejército de santitos siguen ahí, visiblemente alteradas pero todavía reconocibles.

En todo caso no esperéis encontraros con un erial al más puro estilo Mad Max, pues al parecer las casi dos décadas transcurridas desde la detonación han sido más que suficientes para devolver a la región esa fauna y flora exuberantes que recordamos de anteriores paseos. Un poco cambiada, eso sí, de ahí que veamos ciervos con coloridas cornamentas o depredadores de gran tamaño y sumamente agresivos, aunque a decir verdad no encontramos demasiadas diferencias respecto a la anterior entrega. Y lo mismo ocurre con la vegetación, también enriquecida con una paleta de color mucho más viva y luminosa pero sin producir cambios significativos en el paisaje.

Es por eso que si en algo Far Cry: New Dawn se queda a medio camino es precisamente en la ambientación postapocalíptica. Recorrer sus entornos con libertad es una delicia, pero en ocasiones nos ha costado percibir los efectos de tan trágico suceso. Sólo en ciertos momentos, luchando por sobrevivir en edificios semiderruidos y llenos de estridentes pintadas o en la arena de combate haciendo frente a oleadas de bandidos uniformados de manera anárquica es cuando de verdad somos conscientes de que el mundo que nos rodea ha sido transformado irremediablemente.

Dado que el título hereda las mecánicas de Far Cry 5 no hay mucho que decir al respecto más allá de que los veteranos de la serie se sentirán como en casa nada más comenzar la partida. El uso de vehículos por tierra y mar –en esta ocasión no se nos permite pilotar avionetas o helicópteros- y la obtención de valiosos recursos serán vitales para emprender nuevas misiones y equiparnos adecuadamente para salir airosos de cualquier aprieto. Dado que Prosperity se convertirá en nuestra base de operaciones deberemos invertir frecuentemente en su desarrollo, algo que en ciertos momentos de la campaña será un requerimiento esencial para nuestro avance. Allí podremos mejorar nuestra mesa de trabajo para confeccionar más y mejores armas, un departamento de cartografía en el que obtener mapas más detallados del territorio, un circuito de entrenamiento para que nuestros aliados sean más poderosos o un taller en el que montar nuevos vehículos.

Para optimizar estas instalaciones deberemos hacer acopio de etanol, el recurso más preciado del juego. Este compuesto se almacena en una decena de puestos dispersos por el mapa y controlados por los bandidos, por lo que deberemos liberarlos ya sea por la vía rápida y con toda nuestra potencia de fuego o de un modo sigiloso, lo cual suele ser lo más conveniente y efectivo. Deshabilitar las alarmas para que el enemigo no pueda pedir refuerzos en caso de detectarnos y acabar con los guardias sin hacer ruido vuelve a ser la tónica de estos desafíos. Una vez conquistemos estas fortalezas nos haremos con sus depósitos de etanol, aunque como principal novedad tenemos la oportunidad de desocupar el puesto dejándolo a merced de nuestros opresores para volver a arrebatárselo más tarde y hacernos con un nuevo botín. Claro que para entonces no serán tan confiados y habrán enviado unidades mucho mejor pertrechadas, por lo que deberemos preparar el asalto con mucho más cuidado.

Al igual que ocurrió hace un par de años con Assassin’s Creed, otra de las franquicias estrella de Ufisoft, Far Cry apunta a que sus próximas entregas darán el salto definitivo a un sistema influenciado por los juegos de rol. En New Dawn el equipo de desarrollo ya ha empezado a explorar esta senda como evidencian unos enemigos que hacen gala de sus propias barras de vida y que constan de hasta cuatro niveles de dificultad. Para oponer la debida resistencia en combate nosotros también deberemos adaptarnos a esta circunstancia, utilizando los puntos de talento que consigamos para desbloquear nuevas habilidades y sobre todo fabricar armas más potentes siempre y cuando contemos con una mesa de trabajo lo suficientemente desarrollada y los materiales necesarios.

Examinar con detenimiento las edificaciones que encontremos a lo largo y ancho del territorio nos proporcionará todo un surtido de piezas que utilizar en nuestros proyectos, de ahí que la recolección de recursos sea una tarea en la que merece la pena invertir nuestro tiempo. Claro que también podemos aceptar las invitaciones de nuestro piloto en Prosperity y acompañarlo en las llamadas Expediciones, retos en los que se nos depositará en un área plagada de enemigos y que deberemos esquivar hasta hacernos con una bolsa de valiosos suministros. Una vez la tengamos en nuestro poder, tendremos apresurarnos y llegar hasta una zona de extracción resistiendo contra oleadas de enemigos furiosos hasta que el helicóptero pueda sacarnos de allí. Lo cierto es que son bastante divertidas –especialmente si las disfrutamos en cooperativo- y todo un derroche de adrenalina, por lo que a medida que hagamos más poderosos a nuestro personaje podremos afrontar desafíos de mayor dificultad.

Aunque la campaña principal consta de tres actos, siendo más breve que la de Far Cry 5, existen múltiples misiones secundarias con las que entretenernos durante muchas horas. Al completar estos encargos reclutaremos personajes tan disparatados como una abuelita que resulta ser letal con un rifle francotirador en las manos, un loco de los explosivos al que los aficionados tienen más que visto, un arquero silencioso o un jabalí gigantesco que no dudará en embestir a todo lo que se le ponga por delante. Compañeros de armas que nos cubrirán las espaldas en la batalla, aunque sólo podamos seleccionar uno cada vez.

Hemos de señalar que las misiones del juego, si bien siguen los esquemas del título anterior, se han planteado de manera mucho más variada de lo que cabría esperar, algo que se agradece y mucho. Se nota que sus responsables han puesto especial cuidado en plantear situaciones muy diversas, con objetivos bastante originales e intercalando momentos de acción con algunos minijuegos que requerirán estar muy atentos a los elementos del escenario.

Far Cry: New Dawn es un juego conservador, siendo además muy recomendable haber jugado antes a Far Cry 5 para seguir con interés la historia. Aunque no se haya querido explotar al máximo su ambientación apocalíptica y no cuente con demasiadas novedades sigue siendo muy entretenido de jugar. Es frenético, delirante en su planteamiento y goza de unos valores de producción muy altos. Si hace un año os quedasteis con ganas de más, esta es la expansión que estabais buscando.

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