Análisis de Nubla 2: M. La ciudad en el centro del mundo

El estudio madrileño Gammera Nest y el Área de Educación del Museo Thyssen han vuelto a colaborar en el desarrollo de la continuación de Nubla, un título de 2015 que se ganó a pulso cierta notoriedad gracias a su loable apuesta por integrar el mundo del arte en los videojuegos llegando incluso a gozar de una expansión llamada El Mundo de Nubla. Lejos de dar por finalizada la saga y alentados por el apoyo del programa de PlayStation Talents sus responsables han querido ir un paso más allá en su planteamiento con un juego mucho más ambicioso, elaborado y variado que su predecesor, potenciando aquellos elementos lúdicos que dan sentido a esta singular fusión. Una experiencia tan grata como estimulante y que una vez más tiene como propósito principal dar a los jóvenes jugadores la oportunidad de sumergirse en algunas de las obras más imponentes de esta reconocida pinacoteca de una manera distinta y amena.

Si bien aquellos que disfrutaron de las anteriores entregas estarán más familiarizados con el carácter onírico de su argumento y captarán todas y cada una de las referencias a los orígenes de la aventura, lo cierto es que los neófitos no tardarán en dejarse llevar por los acontecimientos y unirse al viaje de los protagonistas hasta la ciudad de M, un lugar más allá de los sueños donde se esconde la clave para recuperar los recuerdos de aquellos que antaño vivieron para dar rienda suelta a su creatividad.

En esta ocasión tendremos la oportunidad de controlar dos personajes simultáneamente, pues además del joven protagonista contaremos con la presencia de uno de los cinco ismos disponibles, cada uno con sus propias habilidades. Tras un breve prólogo en el que tendremos la oportunidad de probar los poderes de estos curiosos seres tales como levitar, reducir su tamaño o descubrir elementos ocultos en el escenario, deberemos seleccionar aquel que nos resulte más interesante teniendo en cuenta que su aportación será fundamental en unos primeros episodios orientados a la resolución de rompecabezas y con un marcado componente de plataformas.

Si bien estos acertijos no presentarán grandes dificultades para los jugadores más avezados, suelen estar bien planteados. Es más, la mayoría requerirán que coordinemos las acciones de estos dos compañeros de fatigas para activar dispositivos en puntos diferentes del escenario o utilizar objetos en el lugar preciso. Cabe decir que nuestro ismo, gracias a su mayor capacidad de salto y a sus poderes únicos, podrá alcanzar zonas inaccesibles para el niño, algo que tendremos que tener muy en cuenta.

Pese a que esta fórmula parece funcionar de manera adecuada una vez lleguemos al ecuador de nuestro viaje el juego varía su planteamiento acercándose más al de una aventura gráfica tradicional de point & click, lo que implica dejar a un lado muchas de las mecánicas que hasta entonces habían sido la base de la jugabilidad. La ciudad de M no es sino un compendio de escenarios que podremos explorar con total libertad, descubriendo un sinfín de secretos y volviendo a aquellas ubicaciones en las que nos haya quedado algo por hacer siempre que lo necesitemos.

La urbe estará llena de extraños personajes con los que conversar y que no sólo nos darán información sobre nuestro próximo objetivo, sino también objetos que se antojan vitales para nuestra empresa. Será en estos capítulos en los que la narrativa se dispare, y si bien en algunos momentos nos ha parecido un tanto confusa lo cierto es que no carece de originalidad y atrevimiento, pues se permite reflexionar sobre temas tan recurrentes como el eterno conflicto entre el capitalismo y el arte o algunos de rabiosa actualidad como la pérdida de la memoria social o la noción de frontera, en una clara alusión a la crisis de los refugiados.

Claro que donde Nubla 2 brilla con luz propia es en la recreación de un universo único y cautivador, confeccionado a través de la reinterpretación de una gran variedad de obras en las que se entremezclan estilos y algunos de sus elementos más característicos. Un apartado artístico notable que no sólo otorga al título una gran personalidad sino que además hará las delicias de los entusiastas de la pintura. Una lástima que a aquellos que no pertenezcan a la comunidad académica o que sientan un particular interés por el mundo del arte muchas de sus referencias a artistas como Monet o a sus cuadros más emblemáticos les vayan a pasar desapercibidas. De hecho, ojalá el juego hubiese aportado más información sobre todo aquello que vemos en pantalla ya fuese durante la partida o a modo de extras, permitiéndonos profundizar más en el formidable trabajo realizado.

El título de Gammera Nest, a pesar de su indudable encanto, también adolece de algunos problemas de importancia y que lastran una experiencia que no acaba de ser tan redonda como nos hubiera gustado. En primer lugar hemos de hablar de un control claramente inspirado en el excepcional Brothers: A Tale of Two Sons, en el que cada personaje se controla con un stick diferente, y que puede resultar de lo más incómodo. Aunque nos acabaremos acostumbrando hay que tener en cuenta que la velocidad y la capacidad de salto de nuestro ismo son mucho mayores que la de su camarada, de ahí que desplazarnos a la par por las calles de M acabe siendo casi tan engorroso como salir airosos de algunos niveles en los que seremos perseguidos y en los que deberemos coordinar los movimientos de ambos para no ser atrapados o caer al vacío.

Por otro lado, si antes decíamos que los últimos capítulos de la aventura abandonan algunos aspectos relevantes como el uso de los poderes del ismo restando algo de variedad y desafío, hay que añadir que su duración se alarga de manera artificial planteando tareas tan triviales como recoger un objeto o hablar con un determinado personaje y que nos instarán a cruzarnos la ciudad de un extremo a otro. Quehaceres de lo más tediosos y que nos llevarán bastante tiempo rompiendo el ritmo de la aventura, de ahí que aunque resulte comprensible que los desarrolladores ardan en deseos de retenernos unas horas más en este universo hemos de recordarles que la primera directriz de todo videojuego debería ser la de divertir, lo cual no ha de pasarse por alto.

Sin embargo, nada de esto es comparable a los numerosos bugs que hemos encontrado y que han afectado a nuestra partida hasta el punto de quedarnos irremediablemente bloqueados. Y es que acciones tan corrientes como saltar las líneas de texto de un personaje o pulsar el botón para obtener una pista han dejado la pantalla congelada obligándonos a salir del juego y volver a entrar. Esto no sería tan grave si el título no contase con puntos de control tan espaciados, pues en algunos niveles como el del hotel hemos llegado a perder un progreso considerable viéndonos obligados a repetirlo todo desde el comienzo.

No hay duda de que a Nubla 2 se le ha dado forma con un cariño especial, que resulta palpable a cada momento de la aventura. Merece la pena apoyar proyectos con semejante afán educativo y que ansían superar sus propios límites, tratando de mejorar todo aquello que hicieron en el pasado para lograr la mejor versión del juego que una vez vislumbraron. Tal vez su lienzo hubiese necesitado algo más de concreción pero aún así nos parece digno de contemplarse.

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