The Twilight Zone, un irresistible regreso a la dimensión desconocida

Por mucho que a algunos les cueste creerlo lo cierto es que los espectadores no hemos cambiado tanto en las últimas seis décadas. Seguimos sintiendo debilidad por el misterio, por lo inesperado, y continuamente buscamos el asombro en historias que bien podrían suceder en este mundo de locos en el que vivimos. Si The Twilight Zone se mantuvo en antena durante cinco temporadas fue precisamente por la fascinación que generaron sus episodios, pequeños relatos que atravesaban los límites de lo convencional para explorar con audacia la condición humana y la realidad social de aquel momento.

Que Jordan Peele y Simon Kinberg hayan recuperado este mito televisivo en pleno 2019 no es ni mucho menos descabellado. Es más, su espíritu atemporal hace de la ficción un producto digno de revisitarse cada cierto tiempo al igual que ocurrió con The Outer Limits, aquella serie hermana conocida en España como Más allá del límite y que gozó de una reedición a finales de los noventa con siete temporadas de lo más disfrutables.

El desafío sin ninguna duda es evocar la naturaleza inquietante de sus episodios clásicos pero adaptando su formato a los estándares actuales. O lo que es lo mismo, hacerla relevante para el público de hoy. Y no hablamos sólo de su factura técnica, la cual no precisa de grandes alardes presupuestarios, sino de poner en su punto de mira algunas de las problemáticas más acuciantes de este siglo.

El primer capítulo emitido por SyFy y titulado Rebobina es un buen ejemplo del planteamiento de esta nueva etapa de The Twilight Zone. A pesar de contar con Gerard McMurray en labores de dirección lo cierto es que se trata de una idea perfectamente alineada con los últimos y exitosos trabajos de Peele para la gran pantalla, un cineasta muy comprometido con todo lo que atañe al conflicto racial que se vive en Estados Unidos. Se trata del viaje en coche de una mujer afroamericana con su hijo a punto de comenzar la universidad y que son acosados por un agente de policía que parece decidido a hacerles la vida imposible. Cuando la protagonista descubre que al rebobinar la cinta de su cámara de vídeo es capaz de hacer retroceder todo cuanto ha sucedido durante el día tratará de buscar la manera de esquivar a su perseguidor y así evitar cualquier conflicto que pueda acabar en tragedia.

Sanaa Lathan protagoniza este episodio grabado con gran eficiencia y que sabe captar el interés desde el primer minuto sin que el ritmo decaiga a lo largo de sus cuarenta minutos de duración, un metraje más que apropiado para este tipo de historias. El público más purista se sentirá complacido con ese componente de ciencia ficción ligado a una sucesión de situaciones paradójicamente muy reales y con momentos de verdadera tensión. Tal vez su conclusión carezca del impacto que esperábamos, siendo más benévolo de lo habitual en este tipo de producciones, lo cual no implica que no se despida con una punzada de lo más inquietante.

Porque si algo caracterizó a The Twilight Zone desde sus orígenes fue sin duda la imprevisibilidad de sus guiones. Nunca sabremos cómo van a acabar sus episodios. Es más, ya os advertimos de que los finales felices no abundan, e incluso aquellos que se les acercan acostumbran a generar cierto escozor al espectador.

Su segundo episodio, Pesadilla a 10.000 metros, opta por regresar a las raíces de la antología televisiva de CBS versionando el clásico Pesadilla a 20.000 pies, que en su día fue dirigido por Richard Donner y protagonizado por William Shatner. Partiendo de la misma premisa, la del pasajero de un avión que pierde los nervios en mitad del vuelo convencido de que van a sufrir un accidente, el director Greg Yaitanes se esfuerza por insuflar cierto grado de modernidad al relato y dirigirlo hacia el plano psicológico en vez de hacia lo paranormal.

El resultado es de lo más divertido gracias en parte al buen hacer de su protagonista, Adam Scott, al que hemos podido ver en series como Parks and Recreation o Big Little Lies y que confirma que uno de los grandes atractivos de The Twilight Zone es la oportunidad de ver en acción a intérpretes tan interesantes y que no suelen ser cabeza de cartel.

Estamos entusiasmados con el regreso a la dimensión desconocida, un lugar cuyos límites se encuentran en la imaginación de sus creadores. Esperamos mucho de Jordan Peele quien además se ha reservado un rol de excepción, nada menos que el narrador de las historias. Un recurso recurrente que, aunque pueda parecer desfasado, sigue resultando turbador y establece una nada disimulada conexión conceptual con los inicios de una serie que no dejó indiferente a nadie.

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