6 cosas que le pedimos a la segunda parte de Days Gone

El nuevo juego de Bend Studio no ha dejado indiferente a la comunidad, convirtiéndose por méritos propios en uno de los exclusivos de la actual sobremesa de Sony más destacados de 2019. Sus responsables han creado un universo tan salvaje como lleno de posibilidades, y aunque el planteamiento de Days Gone no fuerza el lanzamiento de una segunda parte estamos seguros de que Deacon St. John ha llegado rodando en su motocicleta para quedarse y ocupar un lugar privilegiado en el ecosistema PlayStation.

Hablamos de un título que combina grandes aciertos con aspectos mejorables y que bien podrían ser revisados de convertirse en una saga que se vaya perfeccionando a base de nuevas entregas tal y como ocurrió a algunos pesos pesados de la industria como Assassin’s Creed o Uncharted. Tras haber pasado muchas horas conduciendo por las carreteras de Oregón y acabando con oleadas de engendros es un buen momento para preparar nuestra lista de deseos con aquellas cosas que querríamos ver en una hipotética secuela.

Seguir apostando por la narrativa

Nos encanta que Sony siga comprometido con aquellos que acostumbran a jugar en solitario. En una industria que cada vez tiende más a las experiencias online es de agradecer que juegos como God of War, Marvel’s Spider-man, Detroit: Become Human y por supuesto Days Gone sigan ofreciéndonos aventuras trepidantes y en las que la narrativa tiene un gran peso. Nos gustan los personajes que arrastran un pasado y que tienen que luchar para construir su propio futuro, como el bueno de Deacon, y por supuesto nos encanta verles relacionarse con aquellos que conforman su entorno. En un mundo postapocalíptico hay muchas historias que merecen contarse y que provienen de supervivientes que visto lo visto son tan capaces de ganarse nuestra simpatía como nuestra más profunda aversión.

Más y mejores hordas

Junto al papel que juega nuestra moto en la fórmula de Days Gone la aparición de las hordas es la principal seña de identidad del título, aquello que le distingue de otras propuestas y que le otorga personalidad. Las más complicadas, aquellas en las que se darán cita hasta 500 engendros deseando echarnos el guante, nos regalan los mejores momentos de la aventura ya que la tensión se dispara y la acción gana muchos enteros. Sin embargo son muy pocas las que se sirven de escenarios únicos para explotar aún más sus posibilidades, como por ejemplo ese aserradero que sirvió para presentar el juego y que nos invitaba a aprovechar al máximo su trazado para ir diezmando a nuestros enemigos poco a poco. Este componente estratégico nos ha entusiasmado y ojalá en el futuro se pleanteen otras ubicaciones similares y que aportarían un mayor sentido del espectáculo a la producción. Por otro lado, si Days Gone 2 se lanzase en la próxima generación de consolas quién sabe dónde estaría el límite y si estos enfrentamientos gozarían de una escala aún mayor. ¿Alguien dijo Guerra Mundial Z? Por soñar…

Misiones secundarias más elaboradas

No caer en la repetición no es sólo uno de los grandes desafíos de Days Gone, sino de los juegos de mundo abierto en general. Muchos de sus principales exponentes, algunos de los cuales dejaron el listón muy alto en términos generales, han pecado de saturar al jugador con encargos reiterativos que o bien buscan aumentar sensiblemente la duración del juego o simplemente animar a los jugadores a recorrer todos y cada uno de los rincones del mapa. La obra de Bend Studio no es una excepción y en el futuro harían bien en trabajar en un diseño de misiones más profundo para que las tareas secundarias sean equiparables a las principales. Porque está bien asaltar los escondites de los bandidos o quemar los nidos de los engendros, pero hacerlo hasta la saciedad puede provocar que caigamos en el tedio una vez vayamos acumulando horas de juego.

Orientar la experiencia a la supervivencia

Las dificultades que entraña vivir en un mundo como el de Days Gone no sólo implica zafarnos de salteadores, sectarios y engendros sedientos de sangre. La escasez de recursos es algo con lo que los supervivientes han de lidiar desde que se levantan hasta que se acuestan, por lo que su obtención debería tener un peso mayor en la aventura. Es cierto que es algo que el título tiene en cuenta, ya que deberemos preocuparnos de rellenar cada cierto tiempo el depósito de nuestra motocicleta y mantener nuestro equipo a punto, sin embargo hemos tenido la sensación de que apenas hemos pasado apuros por quedarnos sin munición o cualquier otro tipo de consumibles. Tal y como ocurre en muchas de las producciones del género que vemos en el cine y la televisión sería interesante que la recolección de items fuese más desafiante, debiendo saquear múltiples contenedores hasta dar con la suficiente cantidad de combustible para hacer uso de nuestro vehículo o preocupándonos más a menudo de alimentarnos o buscar un refugio para dormir y reponer fuerzas.

Un sistema de gestión de los asentamientos más profundo

Títulos como Assassin’s Creed III o Red Dead Redemption 2 no sólo nos exigen ocuparnos de nosotros mismos, también nos dan la oportunidad de cuidar de comunidades. Recabar recursos para desarrollar nuestro campamento, preocuparnos por el sustento de todos sus integrantes, ayudar a defender sus muros en caso de que sea atacado, comerciar con otros asentamientos… Aunque Deacon sea un cazarrecompensas que ha sabido salir adelante por sus propios medios al motero le importan sus amigos y es posible que con el tiempo vea con buenos ojos asumir otras responsabilidades. La gestión de nuestra base, que en este primer juego se antoja demasiado básica, aportaría variedad a la aventura y reforzaría otros aspectos del título como el planteamiento de nuevas misiones, el interés por el mundo abierto y los relatos asociados a las personas que iremos encontrando en nuestro camino.

Mayor solidez técnica

Vaya por delante que es muy poco lo que podemos reprocharle al apartado gráfico de Days Gone, que se encuentra entre los mejores. La calidad de los modelados de los personajes y sobre todo los efectos climatológicos y su incidencia en los escenarios es muy alta, sólo hay que observar el acabado de la nieve o del barro. Además, lograr mover a tantísimos enemigos simultáneamente no está al alcance de todos y requiere un considerable músculo técnico. Sin embargo, el coste se percibe en la deficiente estabilidad de las imágenes por segundo, por debajo de lo exigido a toda gran superproducción, en detalles un tanto molestos como los tiempos de carga cada vez que saltan las cinemáticas o ese lentísimo procesado de texturas que empobrece la factura visual. Por otro lado, y aunque a base de parches la situación mejora día a día, la aparición de glitches y bugs es frecuente y en ocasiones pueden provocar que debamos volver a cargar una determinada sección arruinando nuestro progreso. Seguramente al juego le habrían venido bien unos meses más de desarrollo para solucionar ciertos problemas, y en todo caso se trata de una asignatura pendiente para los chicos de Bend Studio.

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