Temporada 2 de Big Little Lies: cuando un elenco magnífico no es suficiente

Quede claro que por las cinco de Monterrey en esta web empujamos a quien sea por las escaleras . Y que estábamos más que emocionados por ver a Meryl Streep haciendo de las suyas. Lo cierto es que todas ellas han estado magníficas, no creo que sea posible ponerle ninguna pega en el apartado interpretativo a Big Little Lies.  Pero lo cierto es que la nueva temporada te deja con la sensación de que falta algo, que se ha perdido un nosequé en el camino que ha dejado la ficción a medio gas. Aunque el medio gas de nuestras chicas les permita ir a toda velocidad por la carretera de la costa cuando a otros solo les hubiera dado para un corto paseo.

Puede que sea porque la segunda temporada de Big Little Lies ha estado dominada por dos  historias: una se desarrollaba delante de las cámaras y la otra sucedía detrás. La primera seguía hablando de amistad femenina, sororidad, complicidad y supervivencia en un mundo dominado por los hombres. La otra es un melodrama mucho menos inspirador sobre cómo la maquinaria televisiva arrasará cualquier ápice de creatividad y originalidad en aras de estirar la fórmula de un éxito hasta sus límites. Al parecer, según reveló Variety, dos de los productores de la serie – el  showrunner David E. Kelley y el director de la primera temporada, Jean-Marc Vallée – rehicieron el trabajo de Andrea Arnold, la directora encargada de unificar esta temporada. Además lo hicieron de mala manera, después de haberle dado libertad creativa se la quitaron de un plumazo sin dejar siquiera que enviara su propuesta de edición. Una serie cuyo mensaje es la superación femenina, no puede permitirse vivir tras las cámaras una historia cuya moraleja es que a una mujer se le negó cualquier agencia.

Eso se nota en el uso y abuso de escenas de la temporada anterior. Además, pese a sus esfuerzos por encajar las piezas igual uno no puede evitar la sensación de que hay algo en el ambiente que no cuadra. Siempre quedan  cualidades redentoras en una ficción que ha perdido un poco el norte esta temporada. Y esas son ellas. Renata viendo como la vida por la que ha trabajado tan duro amenaza colapso por el egoísmo y la incompetencia de su pareja.  Celeste creciendo ante la adversidad, Jane lamiendo sus heridas, Madeline intentando no huir hacia delante de nuevo. Y Bonnie, por fin se acordaron de Bonnie, enfrentándose con su propio pasado, su madre abusiva y su padre que no supo estar a la altura. Y Meryl Streep como  Mary Louise Wright, la madre de Perry, la reina de la pasivo agresividad en su cruzada para demostrar que su hijo no murió por casualidad. 

Las grandes interpretaciones pueden compensar mucho – seamos sinceros ¿quién no disfruta viendo perder los papeles a Laura Dern o un cara a cara entre Nicole Kidman y Meryl Streep?- pero no pueden ocultar el hecho de que esta temporada en cuanto al argumento estaba luchando por no ahogarse en el Pacífico.

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