10 manías que definen a los verdaderos gamers

A los jugones no sólo les une su pasión por el maravilloso mundo de los videojuegos, también toda una serie de comportamientos y manías de los que muy pocos se libran una vez encienden su videoconsola o posan sus dedos en el teclado. A veces este tipo de obsesiones obedecen a lo aprendido tras acumular cientos de partidas a sus espaldas, otras veces se trata de conductas un tanto irracionales que hacen que aquellos que pululan a su alrededor levanten una ceja y les miren con extrañeza.

Hoy queremos romper una lanza por los videoadictos de la vieja escuela, los que juegan simplemente para divertirse, que no sueñan con convertirse en jugadores profesionales ni se obsesionan con ganar prestigio obteniendo el mayor número de logros y trofeos posible. Aquellos que en algún momento han querido vender su alma por un botiquín, por un punto de guardado o por una de esas dichosas piezas alargadas del Tetris. Los que jamás se han molestado en aprender los combos de Mortal Kombat o Virtua Fighter y se conforman con machacar botones a ver qué sale. A todos ellos va dedicado este artículo, seguro que se reconocerán en muchas de las particularidades que a continuación listamos.

No sin esa última monedita

Super Mario Bros. es uno de esos juegos de plataformas en los que según avanzaban los niveles aumentaba exponencialmente el número y la dificultad de los obstáculos que debíamos salvar antes de vislumbrar esa banderita verde junto al castillo que era sinónimo de victoria. Sin embargo, cuántas veces hemos retrasado ese momento de gloria con tal de recoger una última moneda que ha quedado suspendida en una montaña de bloques o flotando en mitad de un precipicio. No importa lo que nos haya costado llegar hasta ese punto, ni cuántas vidas hayamos perdido por el camino, ni el mero hecho de que jugarnos el pellejo por tan poca cosa carezca de toda lógica. ¡Hemos de conseguir ese premio que nos mira con ojos lujuriosos! Y no sólo lo induce el bueno de Mario, mejor no hablar de Crash Bandicoot y las dichosas manzanas.

Rincones que guardan secretos

La duración de los juegos es uno de los factores que más se tienen en cuenta en los análisis. No todos los juegos de acción son de mundo abierto ni tienen que durar 80 horas para hacer que nos lo pasemos en grande, sin embargo hay muchas formas de alargar la vida de estos títulos y que no implican apretar el gatillo. Juegos como Tomb Raider o Uncharted nos han acostumbrado a dedicar tiempo en recorrer los escenarios aunque hayamos resuelto todos los rompecabezas o eliminado hasta el último enemigo en busca de artefactos ocultos. Y es que aunque pueda parecer extraño ver a Lara o a Nathan Drake dando vueltas y vueltas sin un rumbo fijo, hay que tener en cuenta cualquier arbusto o montoncito de escombros puede esconder tesoros legendarios. Meros coleccionables que solo sirven para admirarlos desde el menú pero… ¡hay que hacerse con todos!

 

¿Pero tú de qué vas?

Echar la bronca a aquel que no puede defenderse es de cobardes, pero también una práctica muy habitual cuando te encuentras frente a la consola y con un mando entre las manos. Fallar un gol cantado nunca es culpa nuestra, sino de ese futbolista con la pata de palo que no hace caso de nuestras indicaciones. Quedarnos cortos en un salto y caer irremediablemente al vacío tampoco es cosa nuestra, sino de ese torpe batracio con gafas de sol al que no le dio la gana saltar en el momento preciso en el que pulsamos el botón. De los insultos que ha tenido que soportar el protagonista de Contra por no disparar a los enemigos que tienden a acumularse en su retaguardia con la suficiente rapidez ya ni hablamos, porque si en vez de un personaje digital fuese un tiarrón de carne y hueso seguro que muchos se lo pensarían dos veces antes de acordarse de su madre de manera tan vulgar.

Ahorrar no es sólo guardar, sino saber gastar

No hay muchos jugadores que conozcan este refrán popular. Afrontémoslo, somos muchos los que hemos llegado al final de juegos como Doom sin haber disparado algunas de las armas más potentes, esas que hacían papilla a los demonios de un sólo fogonazo. Nada nos da más rabia que llegar a los créditos finales con la munición de estas maravillas a tope, celosamente reservada durante todo el viaje por si aparecía un jefe final casi imposible de batir. Algo parecido ocurre con esos jugadores de rol que pese a haber ganado una fortuna a base de saquear cofres en oscuras mazmorras se niegan a gastar un céntimo en la herrería del pueblo para conseguir una espada o una armadura mejor por si en algún momento aparece un cachivache formidable en el que por fin desembolsar sus ganancias. Y luego dicen que son los diseñadores los que ponen las cosas difíciles.

 

No le busques sentido porque estás en una aventura gráfica

La diversión que nos reportaron algunas de las aventuras gráficas más punteras de la edad dorada del género sólo es comparable a la frustración de quedarse atascado en algún punto. Y es que si no tenías una guía a mano o te negabas a hacer trampas más te valía estrujarte los sesos porque el asunto podía alargarse semanas o incluso meses. Por eso, cuando estabas al límite de la desesperación, no dudabas en probar las combinaciones más absurdas con los objetos de tu inventario. ¿Utilizar pollo de goma con lata de puré de lentejas? ¿Y por qué no? Hay que reconocer que en títulos como Indiana Jones and the Fate of Atlantis o Monkey Island, que hacían gala de un sentido del humor que rozaba lo absurdo, algunos de los puzzles atentaban contra la lógica y el sentido común, por lo que no podíamos dar nada por sentado.

Elige tu arma

Aunque en la actualidad la mayoría de los juegos son multiplataforma eso no quita que algunos géneros estén más vinculados a las consolas o a los compatibles. Por ejemplo, los puristas de la estrategia en tiempo real no se ven jugando a Age of Empires o a Warcraft sin un ratón, ya que es la herramienta más eficaz a la hora de mandar aldeanos a talar árboles mientras empiezas a reclutar soldados y a edificar torres de vigilancia, todo esto a una velocidad de vértigo. De igual modo, aquellos acostumbrados a sumar cientos de horas de vuelo en el Microsoft Flight Simulator no posan sus manos en otra cosa que no sea un joystick de última generación, lo mismo que les ocurre a los amantes de la conducción con el volante y los pedales o a los apasionados de la lucha con el Arcade Stick.

Sólo una partida más

La trampa más vieja del mundo electrónico, la treta definitiva con la que el Diablo se burla de todos nosotros. Si tras una generosa sesión de juego alguien dice eso de “una partida más” que se prepare, porque está a punto de entrar en un perverso trance que puede durar varias horas y del que sólo un bocinazo de su madre o de su novia le podrán sacar. Hay muchas variantes, como “un partidito más y lo corto” o “sigo hasta acabar este nivel”, pero es prácticamente lo mismo. Al final las ganas de salir victorioso de un último lance o la imposibilidad de encontrar un punto de guardado arruinarán tus planes para el resto del día.

¿Quién dijo miedo? ¡Banzai!

Los sucesivos intentos de superar esa fase que se nos resiste pueden minar nuestra paciencia con rapidez. Una cadena de saltos que no logramos ejecutar a la perfección o un enemigo que nos tiene cogida la medida a veces consiguen que acabemos detestando el juego y a la vez que nos piquemos irremediablemente y no cesemos de intentar lo imposible. Lo curioso es que en un momento dado el jugador es susceptible de convertirse en un verdadero kamikaze, lanzándose a la carrera y dejando a un lado toda estrategia como si fuese a obtener mejores resultados que en la docena de veces en la que trató de evitar el peligro con paciencia y habilidad. Lo curioso es que a veces toda esta imprudencia acaba por funcionar.

El maldito síndrome de Diógenes

Un trastorno que afecta principalmente a los jugadores de rol. Ellos recorren el mundo encontrando una gran variedad de objetos, algunos tan penosos como espadas oxidadas y otros tan gloriosos como rodelas de madera o yelmos dorados, y en cuanto los ven tienen que guardarlos en su inventario sin apenas reparar en su verdadera utilidad. De ahí que en varios momentos de la aventura el fatigado personaje les advierta que apenas puede dar un paso al haber superado el límite máximo de carga, y que o se deshacen de parte de sus posesiones o se acabó lo de luchar contra orcos y demás criaturas. Los más avispados suelen aprovechar para vender lo que no les hace falta en alguna tienda cercana, ganándose de paso un puñado de monedas, aunque otros no tendrán más remedio que abandonar un montón de chatarra en mitad del bosque. Será entonces cuando se den cuenta de que todavía conservaban esa coraza de nivel 2 cuando ya se encuentran en el 60.

No hay tiempo para leer, sólo para actuar

Algunos universos no sólo gozan de una gran riqueza visual y conceptual, también recogen multitud de mitos, leyendas y pequeñas historias que acompañan al argumento principal. Se trata de títulos en los que más allá de las cinemáticas y los numerosos diálogos podemos obtener valiosa información sobre el mundo que nos rodea consultando libros y otros documentos que los guionistas han preparado para deleite de los más entusiastas. Sin embargo son muy pocos los aficionados que se detienen a leer cada fragmento de lo que poco a poco se convertirá en una apabullante base de datos. Mass Effect, Dishonored o Tomb Raider son algunas de las sagas en la que la recolección de este tipo de escritos es continua pero que, más allá de su interés, puede resultar molesta dado que en ocasiones rompe el ritmo de la acción. ¡Que están a punto de acabar con la galaxia, hombre!

Bonus: Salta, salta, salta sin parar

Está comprobado científicamente que cuando juegas a Super Mario Bros. o a cualquier título similar es casi imposible avanzar sin ir saltando como una pulga. Y no nos referimos a cuando nos topamos con un precipicio o cuando una bala de cañón gigantesca está a punto de colisionar con nosotros. No, también lo hacemos al principio de cada nivel, cuando el escenario es llano y podríamos avanzar perfectamente a la carrera y con los pies en el suelo.

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