El Lazarillo de Tormes más actual que nunca llega a la Cuesta Moyano

En los siglos de oro nos pusieron dos espejos ante los ojos: el primero nos lo puso Cervantes, con ese hombre enjuto y solitario que aún creía en la grandeza de conceptos como el honor y la caballerosidad, testarudo y cabezota. Las abuelas diría que a don Quijote le “faltaba un hervor”, generaciones de lectores del mundo comprendieron y admiraron la grandeza de levantarse una y otra vez para luchar contra ruedas de molino, de convertirse en el payaso de las bofetadas. Porque ¿Quién no se ha sentido así alguna vez?

El otro espejo es el objeto de la adaptación de Antonio Campos, junto a la ayuda musical del guitarrista y compositor José Luis Montón. Lázaro, el de “la ocasión hace al ladrón, el que con cada siervo caía del caldero para dar en las brasas, el que si tenía que mentir para comer mentía. Lázaro que comprende que de la honradez y del honor no se come, aquello de “más da el duro que el desnudo” y que la subsistencia es dura, muy dura, para los que nacen en el lado equivocado de la vida.

Antonio Campos prensa su voz y su cuerpo no solo a Lázaro, sino a todos los personajes que le moldean: madre, clérigo, hidalgo, ciego… en todo un tour de force corporal que salva con solvencia y desparpajo (y sospecho que con unas buenas sesiones de cardio todas las semanas). No se olvida de ligar las desventuras de Lázaro con la actualidad en los momentos justos porque siempre se ha dicho que en este país llevamos la picaresca en la sangre. Por eso a nosotros nos va como nos va y el libro es un clásico universal. Lázaro nos fascina pasen los siglos que pasen porque no hay nada más humano que el instinto de supervivencia. Así, todo el mundo conoce al hijo del Tormes… aunque no se haya leído el libro en su vida.

José Luis Montón se encarga de envolver las fortunas y adversidades con sus acordes de guitarra, mientras sirve a la perfección para dar apoyo al viaje de este Lazarillo desde ironía de los momentos iniciales pesimismo y conformismo del personaje al final de la obra. A ello contribuye la gran química entre Campos y J.L. Montón, perfectamente sincronizados.

Ambos, bajo la dirección de Lluís Elías, nos ofrecen una adaptación fresca, con un gran respeto por sus raíces originales, con una gran fluidez y sacando tiempo hasta para interaccionar con el público en los momentos justos. En resumen una propuesta muy disfrutable tanto para los amantes de los siglos de oro, como para aquellos que tengan tendencias más vanguardistas.

 

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