Fear the Walking Dead completa su metamorfosis en la temporada 5

La trayectoria de Fear the Walking Dead siempre ha sido cuanto menos sinuosa. La serie nació como una aproximación más cruda y directa al universo creado por Robert Kirkman, retrocediendo a los orígenes de la crisis que cambiaría el mundo irremediablemente y planteando una serie de personajes que eran fiel reflejo de algunas de las problemáticas sociales más acuciantes en Estados Unidos.

Pese al atractivo de su propuesta este spin-off no acabó de funcionar. Muchos de sus protagonistas se antojaban irritantes y no lograban conectar con una audiencia que por aquel entonces estaba mucho más interesada en las correrías de Rick, Carol, Daryl y compañía. Sólo los esfuerzos de sus responsables por abordar situaciones nunca antes vistas -llevar la acción al mar fue una de ellas- y el carisma de algunos de sus intérpretes -añoramos a Madison y sus incisivas conversaciones con Victor Strand– sostuvieron un show que vio cómo un reparto problemático aceleró la despedida de algunas de sus figuras más destacadas.

La cuarta temporada supuso una importante transición en una serie que no sólo varió de rumbo, sino también de plantel. Sólo Alicia, Luciana y el propio Victor se mantuvieron irreductibles mientras los fans daban la bienvenida a John, Althea, June o Charlie, supervivientes que contribuyeron a que se desprendiesen de sus peores demonios y pudiesen formar esa familia con la que aspirar a empresas mucho más loables. A pesar de lo irregular de su bagaje ha sido la quinta tanda de episodios la que por fin ha confirmado el resurgir de Fear the Walking Dead como algo totalmente nuevo.

No se trata de la misma serie que debutó allá por 2015. Su trama oscura y brutal ha sido dulcificada haciendo hincapié en conceptos como la esperanza y la fraternidad, y aunque los fans más acérrimos tal vez opinen que se ha perdido gran parte de la esencia de la franquicia -no les faltaría razón- también es cierto que por fin han logrado reunir a una tropa tan diversa como cohesionada, personajes variopintos que no sólo dan juego sino que además son capaces de hacer que el público simpatice con ellos. O lo que es lo mismo, que les importe si viven o si mueren.

Ante el monumental proceso de reconstrucción al que se enfrentaron sus responsables se decidió tomar algunos atajos a fin de enriquecer la producción con elementos que aportasen cierta familiaridad a sus seguidores. Morgan, que ya fue traspasado desde la serie original para alzarse como uno de los primeros espadas, se ha reencontrado con el desdichado Dwight que no sólo sigue buscando a su esposa sino también algo de redención tras los pecados cometidos como miembro de los Salvadores. También vuelve el viejo Daniel, que a estas alturas no tiene ninguna intención de morir ni a manos de los caminantes ni de ningún asaltante. Sobra decir que ambos personajes se han desprendido de su faceta más violenta para encajar con el tono general de esta producción, fijar la mirada en nuevos horizontes y sellar su compromiso con el grupo.

La primera mitad de la temporada ofreció ideas interesantes en torno a la evolución lógica de un mundo que ya hace años que se desmoronó y que siempre habíamos querido explorar. Esa central nuclear cuya falta de mantenimiento amenazaba con provocar un nuevo Chernóbil -nada que ver con la maravillosa miniserie de HBO más allá de lo divertido del guiño- es un buen ejemplo del hundimiento de la vieja civilización y los peligros que aguardan a aquellos que pretenden seguir viviendo entre sus ruinas.

También hubo momentos de cierto ingenio -ese alpinista zombie colgado de la pared de roca- y buen sentido del entretenimiento, a lo que hay que sumar el cada vez menos disimulado afán por parte de los guionistas de establecer vínculos entre las diferentes ficciones. La aventura de Althea y su captora vuelve a poner de manifiesto que existen facciones de las que apenas sabemos nada y que a buen seguro guardan una estrecha relación con algunos de los acontecimientos de los que fuimos testigos en The Walking Dead. ¿Cuál fue el destino de Rick Grimes? ¿De dónde viene ese misterioso helicóptero al que llamó Jadis desde el Basurero?

Estas preguntas han seguido latentes incluso en una recta final menos novedosa y con algunas tramas un tanto anodinas pero en la que los supervivientes han tenido la oportunidad de contemplar el rostro del verdadero enemigo. La sonriente Ginny, una déspota que se autoproclama salvadora, reúne diversos rasgos de los grandes villanos que han pasado por The Walking Dead, si bien no consigue imponerse ni en inteligencia ni en brutalidad. Esto no significa que no sea una amenaza a tener en cuenta y que haya sido la responsable de una conclusión descorazonadora. Con Morgan herido de gravedad y rodeado de caminantes y sus compañeros separados y enviados a distintas ubicaciones podemos esperar una sexta temporada de lo más excitante. O al menos más coherente ahora que se ha apostado por un determinado formato en el que ya no son admisibles ni los ensayos ni las sangrías carentes de fundamento. Al fin y al cabo, la cuadrilla vive para luchar otro día.

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