Análisis de A Tale of Paper – Sueños de papel

Corren buenos tiempos para la iniciativa de PlayStation Talents, que en los últimos meses ha engrosado su catálogo con títulos que, además de poner en evidencia el salto de calidad tan significativo que han experimentado los estudios independientes, nos han llamado poderosamente la atención invitándonos a sumergirnos en propuestas de lo más diversas. La ópera prima de Open House Games, A Tale of Paper, es uno de esos juegos con los que basta un simple vistazo para querer degustarlo de buen grado, ya sea por su sugerente apartado artístico o por su apuesta por el siempre entretenido formato de desplazamiento lateral en 3D.

Se trata de una aventura de plataformas en la que controlamos a Line, un muñeco de papel que tras cobrar vida deberá emprender un viaje incierto espoleado por los deseos de su creador. Gracias a sus poderes de origami, que le permiten adquirir diversas formas, el diminuto personaje deberá atravesar edificios abandonados, sórdidas cloacas y arboledas nocturnas hasta alcanzar su destino, completando así una historia con un fuerte componente emocional y que se desarrolla a través de las imágenes y no de las palabras.

La obra del estudio afincado en Barcelona tiene dos ilustres referentes que no dejan lugar a dudas. Tanto la estética del protagonista como su narrativa evocadora apuntan directamente al genial Unravel, mientras que el uso de la cámara y la atmósfera lúgubre e inquietante de algunos de sus escenarios nos recuerdan al no menos notable Little Nightmares. Y no hay nada de malo en ello, y más teniendo en cuenta que el equipo se esfuerza por incorporar ideas propias a una fórmula que resultará familiar al jugador.

Una vez nos pongamos a los mandos del personaje sólo tendremos que preocuparnos de los movimientos más elementales como correr, brincar y esprintar, a lo que hay que sumar la interacción con algunos elementos de los escenarios tales como interruptores o rejillas que podremos desatornillar. A pesar de que el tutorial de inicio nos ha resultado en ocasiones confuso dada la simpleza de estas acciones, lo cierto es que desenvolvernos con Line es bastante intuitivo y funcional. Eso sí, el control es algo tosco y a menudo nos ha jugado malas pasadas cuando hemos requerido ejecutar movimientos precisos en los que lo idóneo hubiese sido maniobrar con una mayor lentitud, como atravesar una pasarela estrecha o acercarnos con cuidado al borde de una estructura elevada antes de dar un salto.

En todo caso, no siempre mantendremos nuestra forma original, ya que es imperativo aprender nuevas transformaciones con las que superar los obstáculos que nos aguardan. Es más, no tardaremos en convertirnos en una rana saltarina que nos permitirá alcanzar los puntos más altos de los niveles, una pelota con la que deslizarnos por estrechos tubos o un avioncito de papel para salvar grandes distancias planeando con suavidad. Ir cambiando de una habilidad a otra es la tónica de una aventura que ofrece la suficiente variedad como para no caer en el tedio, si bien su corta duración -apenas un par de horas- hace que sintamos que ninguna de sus mecánicas llega a explotarse al máximo. Es más, al juego le hubiese venido estupendamente potenciar los puzles en los que es necesario hacer uso no de una, sino de varias de estas transformaciones exigiendo al jugador una mayor capacidad de deducción y habilidad. Citar como ejemplo aquel en el que tras salir disparados en forma de pelota por un tubo debemos asumir con rapidez la forma del avión para no caer al vacío. Pinceladas de ingenio que no pasan desapercibidas y que añaden algo de dificultad a un juego por lo general demasiado benévolo.

Los niveles de A Tale of Paper están divididos por zonas que deberemos explorar hasta dar con la manera de pasar a la siguiente. Estas áreas suelen componerse de varias estancias en las que se hallan los libros de origami con los que aprender nuevas técnicas y rompecabezas que implican combinar formas o dar con la secuencia correcta para activar un mecanismo. También múltiples peligros como charcos que amenazan con disolvernos si caemos en ellos o enemigos muy persistentes, como esos robots aspiradores que nos perseguirán hasta hacernos trizas. Cabe decir que estamos ante un título que no contempla el combate de modo que sólo nos quedará zafarnos de ellos con un poco de pericia, lo cual es un acierto.

Aunque en algunos de los capítulos del juego deberemos recorrer una y otra vez los mismos escenarios hasta dar con la salida, no es fácil perderse ya que el camino a seguir suele estar bastante claro y algunas rutas se encuentran bloqueadas de manera un tanto artificial limitando la exploración, un aspecto que no ha de tenerse en demasiada consideración dado el presupuesto del que parten este tipo de propuestas. Sí deberemos estar atentos para encontrar toda una serie de palomas de papel escondidas por los escenarios, unos coleccionables que desbloquearán los dibujos de un bloc con los que nos será más sencillo entender la historia que hay detrás del viaje de Line.

Como curiosidad señalar que el juego no acaba tras ver los títulos de crédito, ya que se ha dispuesto un epílogo en el que comenzaremos de cero, adquiriendo nuevas transformaciones que sustituyen a las anteriores. No queremos entrar en detalles para no desvelar nada de la trama, pues aunque se trata de una decisión que llega a sorprender en cierto modo queda justificada desde un punto de vista narrativo.

En lo visual A Tale of Paper es un juego que compagina entornos cálidos y afables con otros más oscuros e inquietantes, como ese nido de araña que nos regala uno de los sucesos más tensos del viaje. En todo caso, a medida que avanza el relato hallaremos lugares cada vez más cautivadores, con un excelente uso de la iluminación y un buen nivel de detalle. Respecto al sonido, destacar una banda sonora simplemente maravillosa cuya conmovedora partitura encaja a la perfección con el tono de la aventura.

En conclusión, Open House Games se ha estrenado en la industria con un título que rebosa ilusión y buen hacer, y aunque algunos aspectos disponen de un amplio margen de mejora estamos seguros de que dada la complejidad del desarrollo sus responsables habrán adquirido una experiencia muy valiosa que les posibilitará alcanzar nuevas cotas en sus próximos proyectos. Los aguardamos con interés.

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