Las señas de identidad de Ridley Scott en Raised by Wolves

La serie de HBO Max es una de las producciones pertenecientes al género de la ciencia ficción más genuinas de cuantas hemos podido disfrutar esta temporada. Compleja y visualmente impactante, Raised by Wolves ha cerrado su primera tanda de episodios dejando al espectador en un mar de dudas bajo la promesa de una segunda temporada que explorará más a fondo la mitología de este universo creado por Aaron Guzikowski. Si bien el guionista de Prisioneros está considerado como el artífice del que ya es uno de los títulos destacados del catálogo de la plataforma, resulta imposible obviar la contribución de Ridley Scott en el resultado final.

El cineasta, acreditado como productor ejecutivo y director de los dos primeros capítulos, ha participado activamente en la confección de una ficción en la que ha volcado muchas de sus obsesiones narrativas y estéticas, claramente perceptibles para aquellos que conozcan bien su obra. A continuación vamos a repasar aquellos aspectos de Raised by Wolves en los que hemos sentido la influencia del responsable de cintas de culto como Alien, el octavo pasajero o Blade Runner.

Androides que no han dejado de soñar

“Yo prefiero el término persona artificial”, espetaba Bishop a Burke después de que el ejecutivo se refiriera a él utilizando la palabra “sintético” en Aliens, el regreso. Ya sea con los androides de la franquicia de 20th Century Fox o con los replicantes de Blade Runner, Scott siempre se ha servido de la figura de estos seres para ahondar en aquellos aspectos de la psique humana que han condicionado sus películas. En Raised by Wolves, el personaje de Madre acaba dejando a un lado la frialdad inherente a su propia naturaleza para evolucionar hacia una conciencia más completa, de sí misma y de aquellos que la rodean. Al igual que el David de Prometheus y Alien: Covenant, el personaje interpretado por Amanda Collin anhela saber más de su creador y del sentido de su existencia. Su propósito, tan claro para ella durante los primeros capítulos, se torna mucho más impredecible según avanza el metraje. Al ir recordando los días previos al despegue, los gestos fingidos que la Nigromante ejecutaba con precisión cada vez que se encontraba en presencia de sus niños se tornan en reacciones muchos más viscerales y que hacen que nos preguntemos si la ira o el pavor de sus ojos son tan sinceros como los de aquellos en cuyas venas corre la sangre y no ese líquido blanquecino que se ha convertido en la firma del autor.

Cuando Madre se queda embarazada se desarrolla en ella un instinto de conservación que podríamos atribuir a cualquier ser viviente llamado a perpetuar su especie y fortalecido por la creencia de que en su vientre se encuentra la clave de los secretos de Kepler-22b. Se trata de un punto de inflexión en la trayectoria de un personaje que por primera vez antepone su subsistencia a la de aquellos que debía proteger a costa de su propia seguridad, situándolo en un terreno equiparable al de Roy Batty y los suyos en Blade Runner.

La divinidad en la nueva era tecnológica

No es la primera vez que la obra de Ridley Scott se presta a la reflexión teológica. Cuando Weyland y David conversan al inicio de Alien: Covenant el director introduce algunas cuestiones ciertamente fascinantes y que generan un gran desconcierto en el androide. ¿Es su creador merecedor de su incondicional servilismo cuando el hijo le supera incluso en los cometidos más ordinarios? ¿Cómo aceptar su carácter divino cuando él mismo ansía desentrañar el misterio de sus orígenes? Tecnología y dogma forman un binomio sin el cual el universo de Raised by Wolves no habría tomado forma, una distopía con tintes apocalípticos en la que la humanidad se encuentra al borde de la autodestrucción como resultado de la guerra entre los ateos y los Mitraicos, fieles creyentes del dios Sol.

Un conflicto de carácter religioso que surgió en la Tierra y acabó propagándose hasta el lejano Kepler-22b, un planeta que iba a suponer un nuevo comienzo para la humanidad y que acaba sucumbiendo ante los mismos males. Scott ya ahondó en los estragos de la Guerra Santa en El Reino de los Cielos, la cinta de 2005 que relataba la toma de Jerusalén por parte de las tropas sarracenas al mando de Saladino. No es casualidad que el uniforme de los soldados Mitraicos guarde ciertas semejanzas con la indumentaria de los Cruzados. Tampoco que los principales protagonistas acaben siendo devorados por el fanatismo, pues cada uno de ellos interpreta las antiguas profecías y los extraños sucesos que tienen lugar en aquel mundo remoto de diferente manera. El horror que desencadena Madre o la locura que se apodera de Marcus marcarán el futuro de una serie que nos advierte del carácter cíclico de la historia.

El nacimiento del mal primigenio

La conclusión de la primera temporada nos dejó importantes revelaciones, siendo la más pasmosa el alumbramiento de la feroz criatura gestada en el cuerpo sintético de Madre. Lejos de ser ese híbrido entre lo biológico y lo artificial llamado a guiar a los supervivientes hacia una nueva era de prosperidad, el vástago de la androide contaba con un aspecto reptiliano que iría asemejándose cada vez más al de los gigantescos seres cuyos huesos adornan la superficie del planeta. La eyección de la criatura a través del vientre de su progenitora y la sorpresa producida por su repulsiva fisionomía son remotamente comparables a la primera aparición del icónico xenomorfo en Alien, el octavo pasajero. La analogía es aún mayor si nos remitimos a una de las secuencias más desgarradoras de Prometheus, esa cesárea que se realiza a sí misma la doctora Elizabeth Shaw al darse cuenta del monstruo que alberga en sus entrañas y que una vez sale al exterior no duda en intentar acabar con ella.

Al igual que estos alienígenas, la criatura de Raised by Wolves es extremadamente violenta y no atiende a razones. La encarnación de un mal primigenio que entra dentro de los cánones de la filmografía de Ridley Scott y que desde un punto de vista conceptual no es tan innovador como algunos presuponen. Nos remitimos una vez más a Prometheus y a la escena en la que el grupo de investigadores descubre una sala llena de recipientes y en la que dos de sus integrantes son atacados por un animal con forma de serpiente. Su diseño guarda cierta similitud con el de la criatura que alumbra Madre en primera instancia, antes de que aumente su tamaño y escape de la cápsula.

Un planeta yermo y desolado

Resulta sencillo distinguir las películas con las que Ridley Scott ha explorado el género de la ciencia ficción si atendemos a esa paleta de colores monocromática que utiliza para construir cada uno de sus mundos. Un mero fotograma de Marte o de Prometheus sirve para que los conocedores de su filmografía identifiquen el filme en un abrir y cerrar de ojos. En Raised by Wolves el realizador se ha servido de tonos muy similares a los de la cinta de 2012 para representar ese lugar inhóspito en el que tienen lugar los acontecimientos de la serie.

El planeta Kepler-22b no se diferencia tanto de LV-223, el lugar en el que los Ingenieros realizaban sus experimentos; o de LV-426, el satélite en el que aterriza la Nostromo en Alien, el octavo pasajero y al que la teniente Ripley regresaba con los Marines Coloniales en Aliens, el regreso. Localizaciones desérticas, de orografía accidentada y con fenómenos meteorológicos extremos que dificultan la existencia de vida. Entornos siniestros, que albergan estructuras de origen desconocido y en los que la sensación de amenaza y de soledad es constante.

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