Mythic Quest: Banquete de Cuervos – Cuando The Office se hizo gamer

No sabemos qué tal le iría a la papelera Dunder Mifflin en pleno 2020, pero sí estamos bastante seguros de lo bien que marcharían las cosas para la compañía de videojuegos fundada por Ian Grimm. El personaje interpretado por Rob McElhenney es el protagonista de Mythic Quest, una serie que gira en torno a las vicisitudes del equipo responsable del desarrollo y comercialización de un popular multijugador masivo en línea al estilo de World of Warcraft.

No es de extrañar que la premisa de la serie de Apple TV+ no seduzca a aquellos que no estén familiarizados con esta parcela de la cultura digital. De hecho, basta con echar un vistazo al artificioso diseño del póster para desconfiar de una producción que insta al espectador a dar un pequeño salto al vacío. A mirar un poco más allá de su marco narrativo para sumergirnos en las extravagancias de una industria en alza y en la realidad laboral que impera en las grandes empresas tecnológicas.

Cuando se estrenó The Office allá por 2005 a muchos les pilló por sorpresa la mordacidad con la que la serie parodiaba el día a día en un entorno tan ordinario como puede ser una oficina llena de mesas de despacho y chupatintas. En el icónico edificio de Scranton podíamos identificar al instante a ese jefe propenso a gastar bromas que sólo él encuentra divertidas, a esa pareja que intercambia miraditas mientras las personas de alrededor elucubran sobre un más que probable romance, al tipo que se limita a hacer su trabajo y que empieza a recoger sus cosas cinco minutos antes de que el reloj marque la hora de salida, a ese compañero que se desvive por hacer la pelota a sus superiores o al que lleva toda la vida allí y nadie sabe muy bien qué es lo que hace.

Fue la absurda sinceridad con la que Greg Daniels -en la versión estadounidense- plasmó en la pequeña pantalla todas esas pequeñas historias que tenían lugar en este falso documental lo que mantuvo enganchada a la audiencia durante nada menos que nueve temporadas y convirtió a la serie en una de las comedias más fructíferas de todos los tiempos.

Pero la televisión cambia, se actualiza. Al igual que sitcoms como Cómo conocí a vuestra madre vinieron a sustituir a éxitos como Friends, una genialidad que con el paso de los años vio cómo muchos de sus códigos quedaban irremediablemente desfasados, The Office también está condenada a ceder su sitio a nuevas producciones que quieran ir un paso más allá de donde lo dejaron Michael Scott y su equipo. Con esto no estamos diciendo que Mythic Quest posea el ingenio y la divina absurdez de la serie de NBC, o que su impacto cultural vaya a ser equivalente. Simplemente que la comedia de McElhenney es hija de su tiempo y ha sabido adaptar su formato a la coyuntura de un nuevo público al que tal vez le resulte más natural enviar un mensaje por Whatsapp que pegar un pósit en la pantalla del ordenador de su socio.  

En el estudio donde se gesta esta fantasía épica del ocio electrónico también encontramos figuras perfectamente reconocibles, tales como Ian, un director creativo impulsivo y narcisista que no duda en movilizar a su equipo con cada idea descabellada que le pasa por la cabeza; o Poppy, esa jefa de ingeniería siempre de mal humor porque la dirección no toma en cuenta sus iniciativas pero que a la vez parece ser incapaz de abstraerse de la toxicidad del ambiente de trabajo. También podríamos hablar de David, un productor ejecutivo que no logra conectar con sus subordinados y ganarse su respeto o Brad, el responsable de monetizar el producto que antepone los intereses financieros de la empresa a la libertad creativa del equipo y a la satisfacción de los usuarios.

Con todo su humor y disparate, Mythic Quest: Banquete de Cuervos acostumbra a tocar fibras sensibles en su representación de la industria del entretenimiento -sin olvidarse de sus orígenes gracias al capítulo Muerte oscura y silenciosa, que es una joyita que merece ser reivindicada- y sus muchas vertientes como la emergencia del fenómeno youtuber, tan fascinante para algunos como irritante para otros tantos.

El episodio especial adherido a los nueve que conforman su primera temporada es un perfecto ejemplo de cómo esta simpática serie trata por todos los medios de adecuarse a las últimas tendencias y compartir algo más que el mero entretenimiento con su público. Mythic Quest: Quarantine tiene algo de pionero. Emitido a finales del pasado mes de mayo, nos mostraba cómo los empleados del estudio debían lidiar con los efectos de la consabida pandemia, teletrabajando desde sus hogares y relacionándose los unos con los otros en la distancia. Resultaba imposible no sonreír viendo cómo el entrañable carcamal del grupo -larga vida a F. Murray Abraham– no era capaz de configurar su videollamada pese a los esfuerzos de su jovencísima interlocutora, o soltar una lagrimita con ese abrazo entre dos amigos irreconciliables tras semanas de soledad y confinamiento. Porque la comedia, y eso nunca cambia, funciona mejor cuando también alberga algo de corazón.

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