Análisis de Itadaki Smash – Kung Fu Sion en la cocina

Mucho antes del nacimiento de los eSports y de que títulos como Overwatch o Fortnite se convirtiesen en referentes de la escena competitiva los grandes torneos se libraban en los salones recreativos. Hablamos de finales de los ochenta, cuando el género de moda era el Beat’em up y los jóvenes hacían cola para probar su destreza en máquinas inolvidables como Double Dragon. Un juego noble para tiempos más civilizados, como diría el bueno de Obi-Wan Kenobi, y que no sólo dejó un importante poso en la industria sino que además quedó grabado a fuego en la memoria de toda una generación de jugadores que invirtieron muchas horas (y monedas) limpiando las calles de indeseables a base de machacar botones y mirar por el rabillo del ojo las acciones de su compañero.

En un dulce arrebato de nostalgia el estudio bilbaíno Main Loop ha querido rendir homenaje a la edad dorada del Yo contra el barrio con Itadaki Smash, un brawler de corte clásico y diseño cartoon que ha sido desarrollado bajo el paraguas de la iniciativa PlayStation Talents y con el apoyo de Relevo.

Lo nuevo de los responsables de Submersed es un juego desenfadado, de una acusada estética oriental con algunos toques cyberpunk y mucho sentido del humor. La acción nos traslada a la ciudad de San Daigo, una ciudad en la que la mafia de los Tengogo se ha hecho con el control de todos los restaurantes del lugar. ¿Todos? ¡No! Los regentes del Pan Pan resisten todavía y siempre a esta organización criminal. A fin de terminar con este pequeño negocio, sus adversarios lanzan una poderosa maldición a las recetas milenarias de su dueño y convierten cada plato en demonios enfurecidos. Los cuatro protagonistas, a su vez transformados en diferentes Yokai, deberán hacer frente a la amenaza haciendo uso de sus nuevas habilidades.

La fórmula de Itadaki Smash es tan simple como efectiva. Se trata de avanzar lateralmente por entornos urbanos acabando con todos los enemigos que nos salgan al paso golpeándolos mientras nos zafamos de sus ataques. En ocasiones serán los propios gangsters los que intenten pararnos los pies, aunque las verdaderas estrellas de la función serán las distintas criaturas que se lancen contra nosotros en forma de piezas de sushi –armadas hasta los dientes, eso sí- u otras lindezas de la gastronomía nipona.

La comicidad de la que hacen gala nuestros oponentes otorgan cierta personalidad a un título siempre dispuesto a arrancarnos una sonrisa a través de numerosos guiños a la cultura popular e incluso bromeando con los principales tópicos del género al que pertenece. Su carácter burlón guarda una estrecha vinculación con su puesta en escena, concebida a modo de tributo a los años en los que los Beat’em up dominaban la industria. El nivel que se desarrolla en un salón arcade es un buen ejemplo de ello, aunque tampoco podemos olvidarnos de ese bonus stage en el que destrozamos un coche al más puro estilo Final Fight o Street Fighter. Por si esto fuera poco, varias fases introducen algunas de las mecánicas más recurrentes de la época, empezando por ese elevador que asciende lentamente mientras resistimos múltiples oleadas de enemigos.

Itadaki Smash apuesta descaradamente por la simplicidad. Su sistema de combate se limita a un ataque veloz y a un golpe más poderoso, posibilitándonos lanzar por los aires a nuestros adversarios para romper su bloqueo o devolver los proyectiles que nos lancen. Olvidaros de realizar complejos combos o de recoger las armas que suelten los oponentes, Main Loop ha optado por hacer un juego accesible y eso se nota desde el momento en el que comenzamos nuestra partida.

Más allá de los movimientos básicos de la lucha cuerpo a cuerpo los Yokai podrán ejecutar técnicas especiales capaces de dañar a varios enemigos a la vez, lo cual consumirá nuestra barra de ki. Además, cuando derrotemos a los jefes finales nos haremos con las recetas de Katsu, que nos proporcionarán poderosas magias. La primera de ellas genera una enorme onda de energía que barre todo el escenario, lo que nos ha recordado inevitablemente a Golden Axe. La segunda nos permitirá movernos a gran velocidad y golpear más fuerte, mientras que la tercera hará que recuperemos la salud.

Existen cuatro personajes seleccionables: Katsu, Naru, Tako y Mayo. Cada uno de ellos cuenta con sus propios marcadores de fuerza, velocidad y alcance, lo cual nos permitirá elegir en función de nuestro estilo de juego. Lo cierto es que no encontraréis muchas diferencias entre ellos más allá de lo estrictamente estético, pero sí poseen algunas características que merece la pena tener en cuenta. Katsu porta un enorme cuchillo con el que causa estragos en el campo de batalla, mientras que Naru utiliza un disco que además dispara bolas de energía. Tako y Mayo, por su parte, prefieren usar un bate y un mazo respectivamente.

Por otro lado, sus ataques especiales también contemplan variaciones interesantes. En el caso de Katsu, el personaje lanza una ráfaga que puede dirigir hacia la izquierda o hacia la derecha, nada que ver con Tako y su capacidad de crear una burbuja de una magnitud menor pero que afecta a todo el que esté a su alrededor. Tampoco podemos olvidarnos de Mayo, que puede congelar a sus adversarios para golpearlos a su antojo.

Su contienda se extenderá a lo largo de 16 niveles, no demasiado extensos pero bastante variados a excepción de aquellos que se desarrollan en las calles y que pueden resultar bastante similares entre sí. En todo caso combatiremos en azoteas, dojos e incluso sobre una hilera de coches que circulan por la autopista, uno de los más dinámicos y vistosos. Algunos de estos escenarios se tornan plataformeros, obligándonos a calcular con cuidado nuestros saltos para no caer al vacío o esquivar trampas láser capaces de hacernos morder el polvo en un santiamén. También podremos destrozar diversos elementos del entorno no sólo para adquirir consumibles con los que recobrar algo de vida o de ki, también para lastimar a nuestros enemigos con descargas eléctricas o liberando vapor.

Ha sido precisamente al utilizar estos recursos cuando las carencias en la inteligencia artificial se han hecho más evidentes. A menudo ha ocurrido que al situarnos detrás de una de estas trampas los enemigos se han lanzado hacia nosotros como polillas a la luz, siendo víctimas una y otra vez del mismo truco. Además, hemos notado que en ocasiones con varios oponentes en pantalla algunos de ellos se han quedado estáticos, aguardando su turno como si estuviésemos en una película made in Hong Kong en vez de rodearnos junto a sus camaradas y sacudirnos sin piedad.

Es sin duda uno de los aspectos más flojos del título unido a su corta duración, ya que el juego principal se puede superar en unas pocas horas y sin sudar demasiado. Eso sí, sus responsables han querido insuflarle algo más de vida a través de otras modalidades que son muy bienvenidas, empezando por un modo Arcade que nos ofrece una experiencia más purista al contar con una sola vida y límite de tiempo. Le acompañan la Arena, en la que tendremos que sobrevivir a sucesivas oleadas de maleantes; y el Versus, concebido para reñir con nuestros amigos.

Dos años después de Submersed el equipo de Main Loop nos ha sorprendido con algo muy diferente. Tal vez no sea tan ambicioso como su anterior trabajo, pero el resultado final nos ha parecido mucho mejor cocinado y satisfactorio. El equipo indie ha seguido la receta tradicional pero presentando un emplatado desvergonzado que se presta a la degustación con un par de cucharillas. Sobre todo si eres de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor.

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