Las razones de la cancelación de Jupiter’s Legacy

No ha pasado un mes desde que la serie de superhéroes aterrizase en Netflix y la popular plataforma de streaming ya ha decidido dar carpetazo a la que se suponía que iba a ser una de sus producciones más destacadas del año.

Jupiter’s Legacy, adaptación para la pequeña pantalla de la obra de Mark Millar, no ha conseguido convencer ni a la crítica ni al público, acusando en demasía algunos de sus principales defectos como el ritmo lento de sus tramas, la ausencia de giros argumentales estimulantes o un plantel de personajes anodino.

La serie gira en torno a la primera generación de superhéroes que, tras casi un siglo protegiendo a la humanidad de múltiples peligros, se prepara para pasar el testigo a sus hijos. Serán ellos los que deberán probar su valía y perpetuar un legado construido en base a un código de valores que muchos sienten obsoleto.

Dejando a un lado la calidad del material original y por mucho que sus responsables hayan prometido seguir explotando la licencia con un spin-off centrado en sus villanos, el fracaso televisivo de la ficción es más que evidente. A continuación vamos a repasar los principales motivos por los que este grupo de héroes con alergia al tinte no contarán con una segunda temporada que cierre su historia y dé respuesta a las incógnitas que nos dejó.

Las consabidas divergencias creativas

La producción de Jupiter’s Legacy no estuvo exenta de problemas. Steven S. DeKnight, productor ejecutivo y director del primer episodio de la temporada, no consiguió imponer su visión a la hora de adaptar el material de Millar. Sus diferencias con el afamado guionista le empujaron a abandonar el barco a mitad del rodaje, cediendo su puesto de showrunner a Sang Kyu Kim.

Tal y como confirmó el actor Chase Tang, que da vida al supervillano Baryon, este imprevisto ocasionó múltiples retrasos en el set. Se tuvo que revisar todo cuanto se había grabado, se rehicieron importantes escenas y se alteró el montaje previsto de varios episodios. Un cambio de rumbo que se deja notar en aspectos como el tono de la serie, mucho más sombrío en la segunda mitad de la temporada, o en la duración de los episodios, que oscila entre los 35 y los 56 minutos de metraje.

Unos valores de producción por debajo de lo esperado

Vivimos tiempos en los que los proyectos más ambiciosos de las principales cadenas hacen gala de un espectáculo visual que poco o nada tiene que envidiar a los grandes estrenos de cine. Por esta razón extraña que una serie con el potencial de Jupiter’s Legacy luzca tan pobre, empezando unos efectos especiales muy poco cuidados y que no logran dar la talla en las escenas más exigentes. Buena prueba de ello es la batalla que tiene lugar en el episodio piloto y en la que el croma se impone como el principal protagonista.

El diseño de producción también acostumbra a hacer aguas, casi tanto como el de vestuario que tiene a bien regalarnos un repertorio de pelucas que consiguen acaparar por méritos propios toda la atención del respetable. Un verdadero despropósito al que también contribuye el departamento de maquillaje, demasiado negligente teniendo en cuenta que la serie salta continuamente entre dos líneas temporales.

Una serie que llegó tarde, muy tarde

Tal vez el principal problema de Jupiter’s Legacy a la hora de llamar la atención de la audiencia haya sido el agotamiento de sus principales planteamientos incluso antes de pasar a formar parte del catálogo de Netflix. Al fin y al cabo, son muchas las series que desde hace varios años se han dedicado a explorar muchos de los conceptos inherentes a su propuesta. Y lo han hecho, dicho sea de paso, con más ingenio y descaro.

Escenas como la discoteca, en la que los jóvenes héroes se pavonean entre los simples mortales mientras consumen generosas cantidades de alcohol y drogas, pretende ser atrevida y sin embargo palidece ante el perverso retrato que The Boys realiza de Los Siete. Tampoco consigue cautivarnos con la representación de un nuevo orden social en el que sujetos con habilidades especiales ejercen su actividad bajo el amparo gubernamental, un terreno que ya fue hollado por Watchmen con mucha más contundencia y afán reflexivo. Incluso algunos recién llegados como Falcon y el Soldado de Invierno han sopesado cuestiones tan espinosas como la legitimidad de los superhéroes a la hora de quitar una vida siempre y cuando suponga una amenaza contra el bien común.

Super-saturación

Pero más allá de que muchas de estas ficciones se hayan detenido en aspectos clave de la premisa de Jupiter’s Legacy, no podemos pasar por alto que el elevado número de producciones que se enmarcan en este género hayan causado cierta saturación entre un público que por muy entusiasta que sea cada vez tiene que escoger con más cuidado las series que degusta.

The Umbrella Academy, The Boys, Watchmen o Doom Patrol han aportado frescura a la parrilla con proyectos tan dispares como desenfadados, y que han sido muy bien recibidos por los espectadores. Otras como Titanes o Superman & Lois, ambas con el sello de DC, parece que tienen recorrido por delante. Y para rematar la faena, Disney+ se ha comprometido a enriquecer su exitoso universo cinematográfico de Marvel con un aluvión de series de las cuales ya hemos podido disfrutar de la aplaudida Bruja Escarlata y Visión y de Falcon y el Soldado de Invierno, a las que pronto se unirá la delirante Loki

En busca de una identidad propia

Ni siquiera Josh Duhamel, el rostro más reconocible del reparto, ha sido capaz de convertir a Utopian en esa figura icónica capaz de sostener por sí sola el universo de Jupiter’s Legacy. No será porque el relato no preste la debida atención al patriarca de la familia Sampson, siempre presente en los momentos álgidos de una temporada centrada en sus orígenes, por lo que todo se reduce a que el héroe no resulta tan carismático ni despierta la misma fascinación de otros de sus coetáneos como Patriota o Wanda Maximoff.

Sin interpretaciones de peso y sin personajes verdaderamente memorables, a la serie le cuesta demasiado dejar su huella. Se trata de un problema de identidad, de la ausencia de atributos que la audiencia pueda relacionar con un producto que se siente demasiado convencional y al que le resulta imposible sobresalir en un mar de capas y mentones de acero.

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