‘Elite’: una cuarta temporada con mucha chicha y poco de todo lo demás

No es que Élite se haya caracterizado nunca por ser una serie profunda en la que la trama y el desarrollo de personajes fueran lo principal. Pero, como mínimo, se apreciaba un intento de mantener una cierta coherencia narrativa. Más allá de las drogas, la belleza de los protagonistas y los torsos desnudos. Era un culebrón con asesinatos, pero al menos era un buen culebrón.

Esta afirmación no puede aplicarse a una cuarta temporada que ya ha abandonado cualquier excusa de argumento. Cualquier excusa es buena para que los protagonistas se desnuden, se froten y se refroten. Nada tiene ningún sentido, da lo mismo porque aquí hemos venido a que quede muy claro que nuestro reparto está de rechupete. Y si para eso tenemos que sacarnos escenas de ducha hasta de debajo de los azulejos, pues se hace, que total, son ricos y pueden permitirse dar solo clases de educación física.

Se echa de menos los personajes anteriores, en especial a Lu. Posiblemente no pasarán a los anales de la historia televisiva como los más complejos y redondos. Eran entretenidos y tenían estilo. Tampoco les pedíamos más. La nueva remesa de eso, de estilo, anda un poco más escasa. Que no todo es llevar vestidazos de diseño. Hay que ponerle algo de gracia al asunto.

¿Las dos gracias salvadoras de la temporada? Pues tienen nombre propio y son de la generación anterior, claro. Por un lado, Rebeka (con k, que con una c de toda la vida no es lo mismo), que ya supuso un soplo de aire fresco en la tercera y que en esta cuarta con su historia con Mencía vuelve a demostrar que es de los personajes que no están quemados. La otra, Cayetana, que parece ser la única con la que los guionistas se han preocupado un poco de desarrollar una trama argumental con su planteamiento, su nudo y su desenlace.

Llegados a este punto la serie más parece algo a medio camino entre un catálogo de ropa de en ocho episodios y una película de soft porn con ínfulas que una serie de televisión. Lo único que no se le puede perdonar a una ficción de las características de Elite es que aburra. Y eso es justo lo que ocurre.

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