Análisis de Flying Soldiers – Ningún pájaro se queda atrás

Flying Soldiers PS4

Está siendo un 2020 de lo más excitante para WildSphere, el estudio valenciano que vuelve a presentarnos su nuevo proyecto de la mano de la iniciativa PlayStation Talents Alianzas. Si hace unas semanas os traíamos nuestro análisis del notable Naught, en esta ocasión sus responsables apuestan por un divertido juego de puzles en 3D en el que deberemos asegurarnos de que todo un destacamento de aguerridos pajaritos atraviese el campo de batalla hasta llegar sanos y salvos a la línea de meta.

Al igual que ocurría con su anterior trabajo, Flying Soldiers es una revisión del título lanzado en 2012 para plataformas móviles y PC del que hereda buena parte de su fórmula y su desenfadado estilo visual. Su propuesta recuerda al de otros títulos del catálogo de PlayStation 4 como Melbits e incluso a clásicos como Lemmings, obras en las que el jugador no tiene el control directo sobre los personajes y en las que interactuar con el escenario se antoja vital para asegurar su avance y supervivencia.

Y es que una vez arrojemos a nuestros soldados al combate ninguno de ellos se detendrá hasta atravesar las líneas enemigas por muchos peligros que encuentren en su camino, de ahí que debamos anticipar cualquier eventualidad y planificar con cuidado cada uno de sus movimientos. Los múltiples obstáculos a los que se enfrentarán adoptarán la forma de fosos, paredes de pinchos, cuchillas giratorias o pantallas electrificadas, trampas mortales que podrán esquivar si hacemos buen uso de los elementos que iremos desbloqueando a medida que vayamos superando misiones y que podremos colocar cuidadosamente sobre el terreno.

Dispondremos de trampolines, cojines, puertas, ventiladores, camas elásticas, aceleradores e incluso barreras con las que cambiar la trayectoria de nuestros chicos. La finalidad y el modo de emplear de cada uno de estos objetos resulta bastante intuitiva, de ahí que el juego prescinda de molestas explicaciones e inste al jugador a probar sus adquisiciones y sacarles el máximo partido. Sólo al comenzar la partida saltará un breve tutorial con nociones tan básicas e indispensables como seleccionar elementos de nuestro inventario, rotarlos y colocarlos en las distintas áreas del escenario, pero una vez hayamos dominado la interfaz no quedará otra que echar a volar y confiar en nuestra capacidad de observación e ingenio.

Para que os hagáis una idea, en ningún momento se nos indicará que poner un cojín frente a un muro lleno de clavos evitará que nuestros chicos se conviertan en un amasijo de plumas en caso de pasarse de frenada, ni que al poner un acelerador frente a un trampolín los soldados saltarán más lejos pero cogerán menos altura de lo normal. Las reglas que imperan en Flying Soldiers no son complicadas, pero deberemos ir aprendiéndolas sobre la marcha, por el método del ensayo y error. Al fin y al cabo, reiniciar repetidamente la partida hasta dar con la manera idónea de llevar a las tropas a la zona segura será la tónica del título.

Son muchos los factores que tendremos que tener en cuenta antes de trazar nuestra estrategia, desde los recursos disponibles hasta nuestros efectivos. Existen tres tipos de combatientes: los soldados rasos, con los que empezaremos el juego; los comandos, más rápidos y capaces de atravesar charcos o pulsar interruptores; y las fuerzas especiales, tipos gigantescos que pueden atravesar muros de piedra pero incapaces de saltar con los trampolines o verse afectados por las ráfagas de viento de los ventiladores al ser demasiado pesados. Dependiendo de la misión que emprendamos, el destacamento estará compuesto por un número determinado de pájaros de distinta índole, de ahí que debamos aprovechar con inteligencia sus atributos. Que algunos corran más que otros o que puedan abrirse paso en condiciones adversas introduce un plus de táctica y complejidad en las partidas que es de agradecer.

Aunque por lo general una vez se desplieguen los soldados el jugador pasará a ser un espectador pasivo de cuanto ocurra, en ciertas situaciones nos veremos obligados a intervenir. Por ejemplo, si necesitamos ralentizar el avance de alguna de nuestras unidades podremos bloquearlo situando una puerta que sólo se abrirá en el momento que creamos conveniente con sólo pulsar un botón. De la misma manera, si queremos que alguno de nuestros reclutas gordinflones eche a rodar y rompa una pared, también deberemos seleccionarlo y ejecutar el movimiento en el momento preciso. Son acciones que le dan emoción a la partida aunque también un tanto limitadas, por lo que tal vez se trate de un aspecto que no se haya explotado lo suficiente.

Flying Soldiers consta de 45 misiones divididas en tres campañas, y para superarlas deberemos cumplir unos requerimientos básicos que implican llegar al final del nivel con un número mínimo de soldados en pie. Lograrlo no nos será muy difícil, ya que el verdadero reto será obtener una victoria plena en la que todos los pajaritos consigan llegar a su destino tras haber cogido las tres medallas diseminadas a lo largo del recorrido, lo que aporta rejugabilidad al título. Y es que al contrario de lo que ocurría con Naught, que se mostraba de lo más desafiante desde el primer minuto a riesgo de frustrar a los jugadores menos hábiles, el juego que hoy nos ocupa goza de una curva de dificultad muy gradual. Su inicio es amable –para muchos lo será demasiado- y no será hasta su último tercio cuando aquellos a los que les apasione estrujarse los sesos con intrincados rompecabezas se verán recompensados.

No cabe duda de que su accesibilidad supondrá una bendición o una pequeña decepción dependiendo del perfil de jugador que se acerque a su propuesta, aunque lo que sí os podemos decir es que lo nuevo de WildSphere es muy divertido y a nosotros nos ha enganchado sin remisión. Superarlo al cien por cien nos ha llevado entre 4 y 5 horas, y pese a que las hemos disfrutado mucho hay que señalar que el juego no cuenta con modos adicionales con los que alargar la experiencia.

A nivel técnico el título cumple sobradamente con lo que cabría esperar de una obra de estas características, si bien su mayor acierto se encuentra en el diseño artístico. Los personajes cuentan con una apariencia muy cómica y sus escenarios, una suerte de campo de obstáculos en miniatura montado en mitad de un parque, nos remiten a múltiples juegos como Little Big Planet o Army Men que optaron por la estética de playroom con excelentes resultados. Sólo se les puede reprochar cierta falta de variedad que provoca que los niveles sean algo repetitivos y que el salto de una campaña a otra pase desapercibido.

Flying Soldiers es uno de los juegos con el sello de PlayStation Talents que mejor sabor de boca nos ha dejado. Sus mecánicas son sencillas, pero a la vez muy sólidas y perfectamente adaptadas a los controles de PlayStation 4. Nunca nos sobran juegos en los que las balas y las flechas dejen paso a los puzles y a la estrategia, y si no esperad a experimentar el gustazo de finalizar un nivel con vuestro pelotón intacto y habiendo recogido todas las insignias. La partida perfecta está al alcance de vuestro pico.

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