Crítica de La LEGO Ninjago película: Todo sobre mi padre

Tras el brillante debut de la popular marca juguetera en la gran pantalla con La LEGO película, una cinta que procuró romper moldes dentro del cine de animación contemporáneo a base de originalidad y no poco descaro, no sólo era de esperar que la productora empezase a preparar una secuela de semejante éxito de crítica y taquilla, sino también una serie de spin offs que aprovechasen el tirón de otras de las franquicias más reconocidas de la compañía.

Este año han llegado a la cartelera nada menos que dos de estas producciones. La primera en aterrizar fue Batman: La LEGO Película, un sensacional ejercicio autoparódico centrado en la figura del Caballero Oscuro de Gotham, a la que ha seguido La LEGO Ninjago película, basada en la línea de figuritas del mismo nombre que lleva años haciendo disfrutar a los más pequeños de la casa.

Teniendo en cuenta este referente, bien cabría esperar que este nuevo filme hubiera adquirido un tono más infantil que sus predecesores, acercándolo a su principal público objetivo y máximo conocedor de la marca. En parte así es, pues esta nueva entrega contempla toda una sucesión de batallas de ritmo vertiginoso y una trama salpicada de personajes irreverentes cuidadosamente colocados para satisfacer a la audiencia juvenil.

Sin embargo, más allá de su pirotecnia y de esa premisa aparentemente trivial se encuentra aquello que mejor define a la saga, que no es otra cosa que la inteligencia que destilan la mayor parte de sus diálogos y que se refleja en un buen surtido de réplicas mordaces y frases lapidarias de esas que hacen saltar de la butaca al espectador más agudo.

La LEGO Ninjago película nos traslada a una gran ciudad edificada pieza a pieza hasta confeccionar un curioso pastiche cultural, donde el estilo de vida occidental se fusiona con la iconografía oriental con inocente desenfado. Es en esta gran urbe donde vive el joven Lloyd, un adolescente que junto a otros cinco compañeros de instituto lleva una doble vida como miembro de un grupo de letales ninjas consagrados a luchar contra el mal. O lo que es lo mismo, contra un malvado Señor de la Guerra llamado Garmadon obsesionado con hacerse con el control de Ninjago. Claro que todo resulta más complicado a sabiendas de que este némesis es en realidad el padre del muchacho.

Si en la película de Batman se hacía hincapié en el concepto de familia como contrapunto a esa soledad que apesadumbra al justiciero en todos los ámbitos de su existencia, esta cinta estrecha el cerco sobre la relación paterno-filial de los protagonistas, tratando temas como el abandono, la vulnerabilidad emocional y las carencias en el proceso de madurez derivadas de la ausencia de la figura del progenitor.

Pese a que el desarrollo de esta trama resulta inevitablemente previsible, la hilaridad de los careos entre padre e hijo hacen que premie la diversión opacando la sensiblería que a menudo invade este tipo de producciones. Los reproches de la madre de Lloyd a Garmadon una vez vuelven a verse las caras, las burlas del villano al comprobar la poca pericia de su retoño a la hora de lanzar con el brazo o la actitud pasivo-agresiva del protagonista ante la evidente falta de empatía de aquel son buenos ejemplos de la tónica dominante.

No es el única distracción que reporta la película. La animación está realizada con irreprochable esmero y resulta muy vistosa logrando coreografiar en pantalla muchos más elementos que en anteriores ocasiones, sólo hay que ver la batalla inicial con múltiples edificios despiezándose, aeronaves disparando por doquier y enormes robots plantando cara al enemigo por tierra, mar y aire. Además, las referencias al séptimo arte son continuas, dejando guiños a Pacific Rim, Godzilla, Rocky y el cine made in Hong Kong, fenómenos televisivos como Sharknado e incluso series como Power Rangers.

Por supuesto existen algunos puntos un tanto criticables y que quizás penalizan a la película en su conjunto, principalmente la alarmante falta de carisma del resto del reparto y que en ningún momento hacen valer su personalidad siendo meras comparsas de aquellos héroes que sostienen el eje central del argumento. También lo es el conformismo de sus responsables a la hora de seguir a rajatabla el esquema de las anteriores cintas de LEGO, algo que sin ser reprensible en exceso dado que la fórmula sigue resultando muy atractiva les impide innovar en ciertos aspectos donde hubiese sido de agradecer algo más de frescura.

Dicho esto, La LEGO Ninjago película no debería agachar la cabeza frente a ninguna de sus análogas. Sí, tal vez con este sello sea más difícil replicar hitos del pasado, como es ahondar en la mitología de un personaje tan reverenciado como es el hombre-murciélago y explotar la nostalgia que atesora el espectador, pero se las arregla para cuajar una propuesta desvergonzada, frenética y con un sentido humor al que no le falta mordiente. En definitiva, una cinta que es más de lo que aparenta ser, de una imaginación desbordante y sin duda disfrutable de principio a fin.

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