Coitus, la comedia – Cuando el humor no necesita de manual

Con el tiempo las relaciones de pareja acaban madurando, algo que también se aplica a aquellas que discurren sobre las tablas. Si con Orgasmos, la comedia el público fue testigo del candor y la efervescencia de los primeros compases del noviazgo, Coitus nos invita a explorar la solidificación del vínculo y todo lo que conlleva la siguiente etapa de la vida en común. De esta manera y sin perder un ápice de humor, la guerra de sexos más frívola y tópica cede el testigo a las implicaciones de cuestiones tan sofocantes como el matrimonio o la concepción.

La dirección de Óscar Contreras vuelve apostar por encadenar múltiples sketches aferrados con firmeza a lo cotidiano en los que los dos actores protagonistas representarán sin comedimiento algunas de las etapas ineludibles de este viaje en el que no faltan las curvas peligrosas.

El gran acierto de la fórmula radica sin duda en su pericia para conectar con el público ofreciéndoles una sucesión de escenas que arañan sin cesar sus propias experiencias y les remiten a eventos que ya quedaron atrás pero que siguen anclados en la memoria. Y es que más allá de su envoltorio juvenil y desenfrenado Coitus sabe muy bien cómo seducir al público más adulto y en cierto modo más sensible a su propuesta.El ritmo de la obra se percibe mucho más equilibrado que el de su antecesora y esto no sólo repercute en la fluidez de la función sino también en la paridad de las intervenciones y la buena sintonía de los actores, cuya excelente complicidad es el verdadero motor del espectáculo y hace que nos olvidemos de una escenografía muy contenida.

Joan Pico se siente cómodo en el terreno más paródico y provocador mientras que Dulcinea Juárez saca a relucir toda su gracia y desparpajo en unos diálogos en los que la réplica rauda y mordaz está a la orden del día.

También hay espacio para la improvisación y para la interacción con el público, instantes salpicados de simpatía y que procuran implicar a los asistentes en todo cuanto sucede sobre el escenario pero sin llegar a resultar embarazosos. Porque en Coitus los únicos que están ahí para lidiar con la tensión del momento son los protagonistas, ya sea urdiendo la pedida de mano perfecta, preparando una ceremonia nupcial “súper original”, abriendo su primera cuenta conjunta o tratando de mantener viva la llama con una criatura durmiendo en la habitación de al lado. El resto sólo tendrá que dejarse llevar por un divertimento sincero, alegre, desacomplejado y a veces deliciosamente absurdo.

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