Las 25 mejores curiosidades de la película Street Fighter: La última batalla

Dicen que el tiempo todo lo cura, un refrán que también podemos extrapolar a la industria del cine. Fue en 1994 cuando se estrenó en todo el mundo Street Fighter: La última batalla, la adaptación para la pantalla grande de uno de los videojuegos de lucha con más seguidores de todo el mundo. Pese a que en ese momento la cinta fue duramente vilipendiada por la crítica, con el paso de los años los aficionados del blockbuster palomitero no han dudado en reivindicarla una y otra vez como cinta de culto, un placer culpable que todavía hoy sigue haciendo disfrutar a toda una generación en la que logró dejar su poso y que la sigue recordando con especial cariño.

En una época en la que las películas de artes marciales estaban en plena efervescencia gracias a estrellas como Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal, Street Fighter: La última batalla se alzó como un producto que oscilaba entre el burdo espectáculo y el divertimento más inocente y desinhibido. Un filme, en definitiva, tan imperfecto como disfrutable y cuyo rodaje nos dejó no pocas curiosidades y anécdotas que a continuación os iremos contando en nuestra galería. Los problemas de su protagonista con las drogas, un romance de lo más sonado, un sinfín de licencias creativas… ¡No os lo perdáis!

Múltiples licencias creativas

La película coge diversos elementos del videojuego Super Street Fighter II, una revisión del Street Fighter II original de 1991 en el que se introducían varias mejoras además de nuevos personajes como Cammy, T. Hawk o Fei Long, quedándose este último fuera del guión en el último momento por ser demasiado genérico. Hay que decir que el filme adapta libremente este material, planteando una trama centrada en el enfrentamiento entre las fuerzas militares de Guile y Bison y que dejaba a un lado todo lo relacionado con el torneo de lucha que daba sentido al juego. También cambió la nacionalidad de varios personajes así como sus historias, restando gran parte del dramatismo implícito con el fin de confeccionar un producto en el que también hubiese hueco para la comedia.

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Problemas con Van Damme y su adicción a la cocaína

“Por aquel entonces no podía hablar de ello, pero ahora sí lo haré: a Jean-Claude se le fue la cabeza”. Así de tajante se mostró Steven da Souza, director de la cinta, al ser preguntado sobre las dificultades del rodaje de Street Fighter: La última batalla. Según el realizador, el musculoso actor llegó a consumir hasta 10 gramos de cocaína al día, lo que se traducía en 10.000 dólares a la semana. A veces se encontraba en tan mal estado que él y su equipo debían revisar el guión y buscar algunas escenas que rodar que no precisasen de la participación de su estrella. Aunque el estudio quiso paliar la situación contratando a una persona a modo de asistente personal que velara por su salud, lo cierto es que Da Souza le llegó a calificar de “mala influencia” para el actor, que nunca aparecía por el rodaje los lunes y que en un par de ocasiones, tras obtener permiso para viajar a Hong Kong a pasar el fin de semana, demoró en demasía su regreso.

Son varias las personas que estuvieron implicadas en el filme que han corroborado las declaraciones del director, tales como su ayudante Keith Heygate o el actor Roshan Seth, quien interpretó a Dhalsim. El propio Van Damme ha reconocido en varias ocasiones que a mediados de los noventa tuvo serios problemas con las drogas, según él debidos al estrés por su apretada agenda, repleta de rodajes y de giras promocionales.

Kylie Minogue, fichaje de última hora y sonado romance

Pese a su creciente popularidad en su país de origen, lo cierto es que a mediados de los noventa la australiana no era ni mucho menos la estrella internacional que es hoy. De hecho, su participación en la película se produjo de manera casual, ya que Steven da Souza la conoció durante un vuelo a Tailandia a pocos días de comenzar el rodaje gracias a un artículo en la revista Who, donde aparecía en la lista de “Las 30 personas más atractivas del mundo”. Dada su espectacular figura y su melena rubia, al realizador no le fue difícil imaginarla encarnando a Cammy, la mano derecha de Guile. Años después, se desveló que la conexión entre Minogue y Van Damme había ido mucho más allá del guión, ya que ambos mantuvieron una relación extramatrimonial confirmada por el actor de origen belga en una entrevista en la que dejó frases tan surrealistas como “yo conocía Tailandia muy bien, así que le enseñé mi Tailandia”.

Un rodaje infernal en Tailandia

¿Por dónde empezar? En primer lugar, varios miembros del reparto enfermaron durante el rodaje al no estar debidamente acostumbrados a la comida local, lo que les hizo perder mucho peso en muy poco tiempo, mientras que otros advirtieron problemas de piel tras entrar en contacto con el agua sucia del río Chao Phraya. Las altas temperaturas del país asiático también provocaron varios desvanecimientos.

Por si esto fuera poco, la alta demanda de electricidad del equipo de filmación provocó la sobretensión de la central energética de la localidad, un apagón que provocó un retraso de quince días en el plan de rodaje. Para salvar la película a sus responsables no les quedó más remedio que trasladarlo todo a Australia, una lástima puesto que Tailandia no sólo les había ofrecido un paisaje de lo más exótico, sino también importantes incentivos monetarios.

Un ataque aéreo resulta imposible

Con esta frase justificaba Guile su plan de asaltar la base de Bison utilizando embarcaciones, aunque en realidad todo se debió a un cambio de planes durante la producción del filme. La idea original giraba en torno a un ataque con helicópteros, si bien el gobierno tailandés prohibió tajantemente el uso de semejante número de aeronaves en su espacio aéreo. De ahí que finalmente se optara por una incursión en una lancha con un dispositivo de camuflaje y el consiguiente desembarco de tropas.

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La última película del genial Raúl Juliá

El intérprete puertorriqueño fue sin duda la incorporación más talentosa al elenco. Juliá aceptó participar en el blockbuster por petición expresa de sus dos hijos, ambos entusiastas del popular juego de lucha. Sin embargo las largas sesiones de rodaje no fueron ni mucho menos un camino de rosas para él, pues por aquel entonces ya se le había diagnosticado un cáncer de estómago que acabaría con su vida dos meses antes del estreno de Street Fighter: La última batalla, película que cierra con una bonita dedicatoria en su memoria. A pesar de los dolores que padecía, el actor hizo su trabajo con gran profesionalidad, tal y como indicaron todos y cada uno de sus compañeros, logrando trasladar toda su fuerza y carisma al villano de la función, el General M. Bison.

Sueldos de actores pagados del bolsillo del director

Street Fighter: La última batalla contó con un presupuesto de 35 millones de dólares, gran parte de los cuales fueron puestos por Capcom, la compañía tras los derechos del videojuego. Dado que los cuatro mil millones de yenes invertidos por los nipones era una cantidad muy a tener en cuenta, los responsables de la cinta tuvieron que hacerles partícipes de todas las decisiones que repercutían en la producción. De hecho, el fichaje de Van Damme como Guile fue una petición expresa que no pudieron rechazar, aunque hubo algunas voces en contra debido al peculiar acento del belga que debía interpretar a un soldado estadounidense de pura cepa.

El problema vino cuando el actor exigió un salario de 8 millones de dólares, un mordisco en el presupuesto que obligó a completar el reparto con rostros más o menos desconocidos. Como pese a todo los números seguían sin salir, el director Steven da Souza tuvo que pagar a algunos de sus intérpretes de su propio bolsillo.

Chun Li en la película de Street Fighter

Ming-Na Wen y su trayectoria televisiva

Esta actriz de origen chino fue la encargada de dar vida a Chun-Li, una oportunidad de oro para mostrar esas dotes atléticas a las que tanto partido ha sacado en otros de sus proyectos. Si bien por aquel entonces Wen pertenecía a ese grupo de rostros desconocidos del que hablábamos, en la actualidad es mundialmente conocida por su papel de la agente Melinda May en la serie de Marvel Agentes de S.H.I.E.L.D.

La intérprete ha confesado en ocasiones que, cuando la cinta llegó a las salas de cine, se encontraba bastante preocupada con el resultado final de la misma al ser muy consciente de los múltiples problemas a los que el equipo se había enfrentado durante la producción. Según sus propias palabras: “Estudié en la Universidad Carnegie Mellon, me preparé muy en serio para ser actriz, de hecho hice Shakespeare en teatro. Ver Street Fighter a día de hoy me trae buenos recuerdos, aunque he de admitir que hubo momentos ciertamente lamentables”.

Aún hoy sigue generando importantes ingresos

Más de dos décadas después de su estreno en cines la película ha demostrado que Capcom hizo una excelente inversión. Según declaraciones de Kenzo Tsujimoto, CEO de la compañía, Street Fighter: La última batalla sigue acumulando 50 millones de yenes al año, o lo que es lo mismo, casi medio millón de dólares. Al parecer, dicha cantidad vendría de los derechos de emisión para la televisión y por las ventas del filme en formato doméstico, tanto en DVD como en Blu-ray.

Coreografías improvisadas y guiños al videojuego

Coreografías improvisadas y guiños al videojuego

Capcom insistió en que algunas de las técnicas más emblemáticas de los personajes del videojuego quedasen reflejadas en la película, de ahí que algunas escenas tuviesen que ser retocadas -e incluso rodadas de nuevo como ocurrió con la pelea de Ryu y Vega– para insertar estos movimientos. Es el caso del mítico Hadoken, aunque debido a la edición tardía de la cinta no se pudieron agregar los efectos especiales en forma de llamas azules. Ken, Cammy, Guile e incluso Bison, con esa arremetida en horizontal contra su contrincante, también tienen su momento de gloria con guiños a la recreativa incluidos.

Lo cierto es que aunque las coreografías son uno de los aspectos mejor valorados del filme, su preparación dejó mucho que desear. Aunque la mayoría de las batallas debían haberse planificado con semanas de antelación para asegurarse de que nadie salía lastimado, los continuos retrasos a la hora de dejar listos los escenarios obligaron a los especialistas a improvisar muchas de ellas mientras daban a los actores algunas nociones de artes marciales. Incluso Jean-Claude Van Damme, experto en estas lides, tuvo que echar una mano con la pelea de Ken y Ryu pese a que su personaje no aparecía en ella.

La taquilla, el mejor bálsamo para la crítica

Es bien sabido que las adaptaciones al cine de videojuegos suelen estar muy poco valoradas. De hecho, un año antes de estrenarse Street Fighter, llegó a las salas Super Mario Bros. con catastróficos resultados. Bien es cierto que Street Fighter: La última batalla no convenció ni a los fans, a los que no les gustaron los cambios en las historias de los personajes, ni a la crítica. Buena prueba de ello es el 3/10 que ostenta en Rotten Tomatoes o el hecho de que el filme quedase en el puesto 27 de la lista de Empire de “Las 50 peores películas de todos los tiempos”.

Sin embargo, si nos fijamos únicamente en las cifras que la película dejó en taquilla, podemos hablar de un rotundo éxito comercial. Con un presupuesto de apenas 35 millones Street Fighter: La última batalla recaudó 100, por lo que sus beneficios casi triplicaron lo que había costado. «A día de hoy ninguna otra compañía japonesa ha podido financiar un film en Hollywood y obtener un retorno de 136 millones de dólares», aseguraba en una entrevista Kenzo Tsujimoto, CEO de Capcom.

Presentándoles como es debido

La película dota de nombres y apellidos a los personajes principales independientemente de si estos habían sido mencionados en los videojuegos. De ahí que por primera vez luchadores como Ryu Hoshi, Chun-Li Xiang o Viktor Sagat hicieran gala de su denominación completa. Curiosamente dos de estos apellidos sí lograron formar parte del canon y aparecer en las sucesivas entregas de Street Fighter, hablamos de Ken Masters y Cammy White.

Street Fighter The Movie el videojuego

La película de Street Fighter propició el lanzamiento de dos videojuegos, uno de ellos para salones recreativos y otro para las consolas PlayStation y Sega Saturn. Aunque sendos títulos fueron realizados por estudios diferentes, ambos compartían ciertas semejanzas a nivel visual ya que los actores fueron digitalizados con el fin de representar a sus personajes de manera fidedigna. Esta técnica ya había sido usada en videojuegos de lucha tan conocidos como Mortal Kombat. Cabe decir que ninguno de estos juegos destacaba por su calidad y no tardaron en ser olvidados por la comunidad.

La licencia de Street Fighter: The Movie no sólo se ciñó a la industria del videojuego. También tuvo una colección de figuras dentro de la línea de juguetes de GI Joe y un cómic editado por DC basado en el filme y titulado Street Fighter: The Battle for Shadaloo.

En busca de la calificación perfecta

Capcom y el estudio coincidieron en que para que la película alcanzase a su público objetivo debían ceñirse a la calificación PG-13. Tras un primer visionado en el que obtuvieron una clasificación algo más restrictiva volvieron a la sala de montaje y eliminaron algunos planos en los que se mostraban narices ensangrentadas o labios reventados. Una vez realizaron estas modificaciones la MPAA les concedió la calificación G, propia del cine infantil, por lo que al director no se le ocurrió nada mejor que añadir una escena en la que Guile exclama “Estoy demasiado viejo para esta mierda” mientras avanza por un conducto de ventilación, una palabrota que por fin les granjeó el deseado PG-13.

Street Fighter: La última batalla

Hacer el mal, un juego de niños

En una de las escenas dentro de la base secreta de Bison vemos cómo los controles de la plataforma flotante en la que el villano dirige sus operaciones se corresponden a los mandos de la recreativa de Street Fighter, con sus sticks y las hileras de botones.

Street Fighter: La última batalla

Suya es la victoria

Street Fighter: La última batalla cierra con un plano en el que todos y cada uno de los luchadores ejecutan su pose de victoria, que se corresponde a aquella que ponen individualmente en el juego cuando ganan un combate. Ryu con los brazos cruzados, Chun-Li saltando eufórica e incluso Honda con su postura de sumo… seguro que los jugadores habituales las reconocerán al instante.

Una secuela que no llegó jamás

El éxito de la cinta resultó ser un caramelo que sus productores quisieron degustar un poco más, de ahí que en 2003 comenzasen a planificar una segunda parte de Street Fighter. Con Van Damme a bordo, de nuevo como protagonista principal, se necesitaba otro fichaje de renombre, de ahí que sus responsables se pusiesen en contacto con Dolph Lundgren (Masters del Universo, Rocky IV).

Un reboot odiado por… todos

Dado que el proyecto nunca llegó a concretarse, Universal acabó dando luz verde a un reboot centrado en una joven Chun Li a la que daba vida Kristin Kreuk, por aquel entonces muy popular gracias a la serie de Smallville. Street Fighter: The Legend of Chun-Li se estrenó en 2009 resultando un fracaso colosal y siendo rápidamente olvidada dada su paupérrima calidad.

Street Fighter: La última batalla

En ningún sitio como en casa

En la escena en la que Ryu y Ken se reúnen con Sagat, al fondo del local hay un mural con una representación de Buda reclinado, muy común en Tailandia. Sin embargo su presencia no es casual, ya que en videojuegos como Street Fighter II el escenario del propio Sagat incluye una estatua idéntica de fondo.

La buena estrella de Van Damme

Más allá de todos los problemas presentes a lo largo de la producción o a la mala recepción de la cinta en términos de crítica, lo cierto es que Street Fighter: La última batalla dejó su huella en la filmografía de Van Damme, siendo su segunda película más taquillera sólo por detrás de Time Cop.

Street Fighter: La última batalla

Traicionando su herencia nipona

Tanto Honda como Ryu siempre han sido los iconos del país de Sol Naciente en el juego de luchas callejeras. Sin embargo, en la película el supuesto luchador de sumo, al que daba vida Peter “Navy” Tuiasosopo, no era de origen japonés sino samoano. Por su parte, Byron Mann era de ascendencia china, por lo que tuvo que someterse a varias pruebas de casting hasta que por fin se hizo con el papel gracias a la excelente química que compartía con su compañero Damian Chapa.

Good Morning, Shadaloo

En una de las escenas en el cuartel general de las tropas del coronel Guile suena la voz de un locutor de radio diciendo “Good Morning, Shadaloo”, nombre de la ciudad en la que se ambienta gran parte de la película. Se trata de una referencia más que obvia a la película de 1987 Good Morning, Vietman, aunque lo que muchos no sabrán es que dicha voz era la del mismísimo Adrian Cronauer, a quien Robin Williams interpretaba en la cinta de Barry Levinson.

Mortal Kombat

Street Fighter gana a Mortal Kombat

Para interpretar a Guile en Street Fighter: La última batalla, Jean-Claude Van Damme tuvo que rechazar el papel de Johnny Cage en la adaptación al cine de Mortal Kombat, otra de las franquicias de lucha más exitosas de todos los tiempos. La cinta dirigida por Paul W. S. Anderson se estrenó en 1995 y a día de hoy sigue estando mejor valorada que la mayoría de los filmes basados en licencias del mundo de los videojuegos. El papel de Cage, por cierto, finalmente fue para Linden Ashby.

Street Fighter: La última batalla

Cuando Bison obliga a Dhalsim a lavar el cerebro a Carlos Blanka, el científico le somete a un tratamiento que implica la reproducción de un vídeo con múltiples escenas de violencia encadenadas y que no eran ni mucho menos ficción. Las imágenes de los estragos causados por una explosión nuclear o del hombre siendo ejecutado de un tiro en la cabeza fueron extraídos de documentales reales.

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