Análisis de Chimparty: cuando hacer el mono es mejor en compañía

Hace un año los chicos de NapNok Games nos traían un título a todas luces muy necesario para enriquecer el catálogo inicial de PlayLink: Frantics. Su descarada apuesta por fomentar la competitividad entre varios jugadores a través de un amplio surtido de minijuegos al más puro estilo Mario Party resultó ser una grata sorpresa gracias a su particular estilo visual, su jugabilidad frenética y su sentido del humor. Además, supo desmarcarse de otros juegos como Saber es Poder o ¡Has sido tú!, más pausados e inspirados en los típicos concursos de preguntas y respuestas.

Pese a ser muy entretenido contaba con algunos apartados que fueron bastante discutidos, como un sistema de control que no acababa de ser todo lo accesible que nos hubiera gustado. En todo caso parece que el estudio danés tomó buena nota de todas y cada una de las críticas recibidas, algo que se nota nada más ponerle la mano encima a su nueva obra, el delirante Chimparty.

El título comparte muchas similitudes con su antecesor, como es ese afán por someter a un máximo de cuatro jugadores a toda una sucesión de desafíos donde sólo los más hábiles obtendrán la victoria. Tampoco han querido renunciar ni al tono desinhibido de sus pruebas y de sus personajes ni a esas mecánicas basadas en el uso de nuestro Smartphone o Tablet a modo de mando y que nos permite controlar todo lo que sucede en la pantalla de nuestro televisor pulsando en su pantalla táctil. Los únicos requisitos, al igual que ocurre con el resto de juegos de PlayLink, es instalar una aplicación gratuita con la que unirnos a la partida y conectarnos al WiFi local.

Entonces, ¿qué es lo que se ha visto alterado de este concepto que cada vez nos resulta más familiar? Pues principalmente que para demostrar nuestra valía en cada uno de los minijuegos de los que consta Chimparty sólo deberemos pulsar un botón, lo cual simplifica en grado sumo nuestra experiencia con Frantics. Y es que si en aquel debíamos atender a varias flechas de dirección o a acciones concretas para conseguir que nuestro avatar se impusiera en cualquiera de los retos a los que nos enfrentábamos, en esta ocasión sólo deberemos preocuparnos de pulsar la pantalla en el momento justo y siempre que las circunstancias sean propicias.

Lo cierto es que la mayoría de las pruebas son de lo más imaginativas teniendo en cuenta que han de adaptarse a esta fórmula que se antoja invariable de principio a fin. Las hay, por ejemplo, que nos invitan a encestar monos en una canasta, por lo que deberemos esperar a que una flecha de dirección móvil trace el ángulo deseado antes de lanzar al simio por los aires con un solo toque. Otros sin embargo nos obligarán a arrojar a nuestro personaje lo más lejos posible esquivando los obstáculos del recorrido a base de pedorretas, que propiciarán que nos elevemos por unos instantes.

Hay un total de 18 minijuegos diferentes, un número que nos parece correcto dado que las partidas avanzan a un ritmo bastante rápido, y aunque en general son muy divertidos sí que es cierto que habrá algunos que nos resulten menos satisfactorios que el resto. Normalmente se trata de desafíos en los que la acumulación de chimpancés en espacios relativamente pequeños y la precisión que requiere conseguir los ansiados puntos puede resultar un tanto caótica, como es el caso de esa prueba en la que tenemos que caer sobre toneles rodantes aplastándolos con nuestro peso y en la que es fácil perder a nuestro avatar entre tantos elementos saltando a nuestro alrededor.

Son casos aislados que de ninguna manera oscurecen un conjunto en el que también encontramos algunas ideas interesantes como es el emparejamiento de jugadores de forma ocasional, obligándoles a cooperar para salir victoriosos. Uno de los retos que mejor lo ilustran es en el que dos chimpancés compiten contra los otros dos en una especie de partido de tenis en el que deberán empujar de un extremo a otro de la pista una barrera en la que haremos rebotar la pelota hacia el campo contrario impidiendo que los rivales marquen el punto. Una versión del mítico Pong en la que la coordinación será esencial y que a menudo provoca piques entre los compañeros.

Es necesario señalar que el juego dispone de varios escenarios distintos y que van desde una jungla a un fantasmagórico castillo, lo cual da como resultado un total de 90 niveles diferentes. Más allá de lo puramente visual, estos decorados añaden a cada minijuego efectos y elementos interactivos propios y también influyen en la jugabilidad de los mismos. Como es comprensible, la fuerza de la gravedad no será la misma si nos encontramos en la cubierta de un barco pirata o en el espacio exterior, algo que deberemos tener muy en cuenta a la hora brincar de un lado para otro.

Si bien dispondremos de tutoriales en los que se nos referirán las reglas de cada desafío, lo cierto es que tras jugar un rato a Chimparty todo acaba siendo tan intuitivo que no necesitaremos perder demasiado tiempo asegurándonos de que una vez comience la acción sabremos desenvolvernos. Para los más cautos o los menos hábiles existe un modo de prueba gracias al cual podremos familiarizarnos con las mecánicas antes de que de comienzo la gran batalla, esa en la que sí habrá puntos en juego.

Siempre que el número de jugadores conectados sea menor de cuatro, el título rellenará las vacantes con simios controlados por la computadora. Ya avisamos que al igual que ocurría en Frantics jugar contra la máquina puede llegar a ser un tanto frustrante, ya que mientras que nuestros contrincantes humanos deberán aprender sobre la marcha los entresijos del juego y harán gala de nuestras mismas torpezas, los NPCs cometerán muchos menos errores tomando a manudo la delantera. Este desequilibrio no es ni de lejos tan acusado como en el anterior trabajo del estudio, aunque no podemos negar que cuanta más gente logremos congregar en nuestro salón más nivelada estará la contienda.

Aquellos jugadores que acumulen más bonificaciones serán recompensados con un mayor número de estrellas, las cuales se traducirán en un mayor avance de nuestro chimpancé en la carrera por llegar el primero a la meta. Progresar en la partida es una verdadera locura, pues el tablero también tiene sus propias particularidades. El mono que vaya en última posición será el encargado de tirar el dado en cada ronda, y si cae en la misma casilla que alguno de sus rivales no dudará en saltar sobre su cabeza para adelantarlo adquiriendo una ventaja extra. Por otro lado, hay baldosas especiales que pueden darnos un pequeño impulso o hacernos retroceder varias posiciones de un plumazo, de ahí que exista una gran imprevisibilidad en todo momento que garantiza la máxima igualdad hasta llegar a las etapas finales.

Conseguir la máxima puntuación en las pruebas también reportará elementos de personalización para nuestro simio como sombreros, gafas y otras prendas con las que distinguirlo del resto. Como curiosidad, estos accesorios se guardarán en la aplicación de nuestro teléfono de modo que si en algún momento jugamos en casa de un amigo podremos conservar su aspecto.

Además de la modalidad principal, la de Juego de mesa, existen otras variantes como Supervivencia, indicada para jugar en solitario contra la máquina superando un minijuego tras otro; o Bombardeo, en el que nos someteremos junto al resto del grupo a 10 pruebas aleatorias. También se nos da la opción de crear una sesión de juego en función de nuestras preferencias, seleccionando aquellos niveles que más nos gusten.

En lo que respecta al apartado técnico, Chimparty es todo un festival de color y dinamismo. Los entornos escogidos son variados y muy atrayentes, mientras que los primates hacen gala de una gran expresividad. No estamos hablando de un juego con unos gráficos portentosos, sin embargo su acertado diseño y su estupenda optimización impiden cualquier reproche en este aspecto, lo que no está nada mal teniendo en cuenta su delirante puesta en escena. Algo similar podemos decir a nivel sonoro, ya que sin destacar en nada en particular todo cumple a la perfección con su cometido.

Chimparty, al igual que lo fue Frantics, es un party game muy a tener en cuenta si lo que queremos es pasar un rato distendido con los nuestros. Su accesibilidad está fuera de toda duda, siendo muy disfrutable tanto si somos jugadores habituales como casuales. Es cierto que para salir airosos de cada uno de sus retos se nos exigirá tener reflejos y sincronizar bien nuestros movimientos, pero parece mentira que todo quede reducido a pulsar un solo botón. ¿Te atreves a hacer el mono?

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