Waiting for the barbarians: Mark Rylance brilla en esta bofetada al imperialismo de Ciro Guerra

Un magistrado en una zona fronteriza medio olvidada de un imperio sin nombre se encuentra cara a cara con la facción militar y sus intereses, con la otra cara del poder, en la primera película rodada en inglés del director colombiano Ciro Guerra.  Esperando a los bárbaros (Waiting for the barbarians) está basada en la novela del mismo nombre del escritor ganador de un Nobel J.M. Coetzee, quien también ha estado a cargo de esta adaptación. 

En una localización tan austera como inespecífica, Guerra nos cuenta la historia de un imperio que al final son todos los imperios. De dos caras de la moneda que aunque en tensión entre ellas son  indispensables para que un sistema de estas características sobreviva: la militar y la paternalista. El que quiere subyugar a base de sangre y dolor frente al que lo hace con palabras suaves y ojos curiosos, pero que nunca te verá como un igual.

Para ello ha puesto a la cabeza del relato al siempre eficiente Mark Rylance en el papel del bienintencionado Magistrado, a un sorprendentemente comedido Johnny Depp como el antagonista principal, el general Joll y Robert Pattinson como el segundo al mando de Joll. Aunque seamos sinceros, mientras que Depp y Pattinson sean probablemente los que atraigan más la atención de la prensa, los personaje más interesante de los tres protagonistas son el de Rylance y el de Gana Bayarsaikhan, una “bárbara” con la que establece una singular relación el magistrado.

Robert Pattinson es quien sale peor parado de esta esquematización de los villanos de la historia, con un papel tan en los márgenes que no le da tiempo casi ni a jugar sus cartas interpretativas. Al menos, se lleva una de las mejores frases de la película cuando da las gracias a los habitantes del fuerte, a los que ha aterrorizado durante meses, por su hospitalidad antes de poner los pies en polvorosa.

La crítica de la necesidad de aquellos en el poder de aplastar a otros – preferiblemente extranjeros- para mantenerse en lo alto de la cadena alimenticia sigue siendo, por desgracia, igual de relevante en nuestros días que en 1980 cuando la novela se publicó. Uno podría pensar que difuminar tanto el Imperio tras las atrocidades que cometen Joll y sus secuaces – que no olvidemos, tienen la ley de su parte- podría suponer que el mensaje de la película acabase disuelto entre tanta referencia cultural (en el largometraje se combinan influencias norteafricanas, de Oriente Medio y de Asia). Pero lo cierto es que lo que consigue es universalizar el relato.

En conclusión, si bien Esperando a los bárbaros (Waiting for the Barbarians) es una película imperfecta, sus aciertos compensan de sobra sus flaquezas en esta reflexión sobre el poder, sus mecanismos y su necesidad de culpar al de fuera. Porque al final ¿quién es el verdadero bárbaro? Ciro Guerra lo tiene muy claro.

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