Crítica de Viuda Negra – Esto no se acaba hasta que se acaba

Han pasado once años desde que Natasha Romanoff se colase en la fiesta de Tony Stark en la segunda entrega del Hombre de Hierro. Más de una década repleta de exitosas producciones con el sello Marvel en la que la espía rusa no ha cejado en su empeño de convencer al estudio de que tenía el mismo derecho que cualquier otro vengador a disfrutar de su propio rodeo.

Que Viuda Negra se perciba como una entrega tardía no significa que sea una película menor. Ni siquiera su contención a la hora de trufar el metraje con rostros conocidos de este colosal universo cinematográfico logra hacer mella en un espectáculo de gran magnitud, con un reparto bien escogido y cuya puesta en escena nos recuerda por momentos a Capitán América: El Soldado de Invierno, precisamente uno de los films mejor valorados de la franquicia.

Scarlett Johansson vuelve a dar vida a la heroína con renovada convicción, haciendo valer no sólo su vínculo con un personaje que ha interpretado hasta en ocho ocasiones, sino también su experiencia en cintas de acción tan destacadas como Lucy o Ghost in the Shell. Un capítulo final en el que se rodea de nombres tan interesantes como Florence Pugh, estrella en ciernes que si nada lo impide recogerá el testigo de la acrobática agente, Rachel Weisz y David Harbour.

Tras un prólogo que parece inspirado en la serie The Americans, la película arranca con Romanoff huyendo de las autoridades a raíz de los acontecimientos de Capitán América: Civil War. Sin el respaldo de sus antiguos compañeros de armas, la ex vengadora deberá arreglárselas por su cuenta y lidiar con un pasado que creía haber dejado atrás hace mucho tiempo. Será su reencuentro con aquellos que marcaron sus primeros años de vida lo que introduzca una nueva dimensión emocional a un personaje que siempre aspiró a ser algo más que una melena pelirroja y un traje ajustado.

Viuda Negra recoge los elementos clásicos del thriller de espías y los potencia hasta alcanzar la escala óptima que exige un género acostumbrado a obsequiar a los aficionados con fastuosos festivales de pirotecnia. El resultado es una sucesión de estimulantes set pieces que se engarzan en una trama ágil y solvente, más intimista que de costumbre pero que no puede evitar sugerir otras historias que se antojaban más interesantes que la que finalmente nos ha llegado a la gran pantalla.

En todo caso, el relato desprende cierto aroma a tributo marvelita. No sólo en lo que respecta al personaje, sino también al arco argumental que se ha ido desarrollando durante una vertiginosa década. No suele ocurrir que una producción del estudio mire más al pasado que al futuro, que intente llenar los huecos que dejaron sus antecesoras en vez de sentar las bases para futuros proyectos. Otra cosa es que la cinta de Cate Shortland trate con excesivo denuedo de servir como nexo entre las anteriores cintas y salvaguardar la maltrecha línea temporal del MCU. La misma que sus responsables se disponen a hacer saltar por los aires con la próxima fase.

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